“Con los preadolescentes, la clave es más bicicleta y menos ‘smartphone”

Bárbara Tamborini y Alberto Pellai son autores de ‘La edad del tsunami’, un libro en el que se acercan a esta etapa vital poco estudiada y sumamente desconocida.

1531907187_479141_1531909167_noticia_normal_recorte1

El País, 23/07/2018

La psicopedagoga Bárbara Tamborini y el médico y psicoterapeuta Alberto Pellai son pareja, padres de cuatro hijos y autores de La edad del tsunami (Paídós), un libro en el que se acercan a la preadolescencia, una etapa vital poco estudiada y sumamente desconocida “con características muy específicas, que requieren una atención educativa muy diferente de la dirigida a niños o adolescentes”.

Se supone que la preadolescencia se da entre los 10 y los 14 años, aunque ambos expertos reconocen que “asistimos a una aceleración del crecimiento” a la que ya se aproximaron en su anterior libro que, no por azar, se titulaba Tutto troppo presto (Todo demasiado pronto). Y ese “demasiado pronto” es precisamente una característica de esta etapa, marcada por “una revolución que concierne al cuerpo y a la mente”, en la que los menores se asoman a un mundo por explorar y descubrir, deseosos de “vivir experiencias emocionantes y emocionales” sin haber desarrollado aún, sin embargo, las habilidades cognitivas “para manejar los riesgos asociados con ellas y predecir las consecuencias que se derivan”. De ahí, el papel “fundamental” que los padres adquieren en estas edades.

PREGUNTA. Generalmente los padres tememos a la adolescencia de nuestros hijos, pero no tanto a la preadolescencia. Sin embargo, vosotros la definís como “la edad del tsunami”. ¿Qué tiene esta etapa vital para ser eso, un tsunami?

RESPUESTA. Las transformaciones que ocurren a nivel neurológico en las mentes de nuestros niños los convierten en tsunámicos: tienen el mismo poder que un huracán y les cuesta regular la impulsividad que los invade y los mantiene a su merced. Los preadolescentes son “toda emoción y poca razón” y es por eso por lo que son tan exigentes: no consiguen regular su energía emocional, carecen de la capacidad de ponerse límites. Somos los adultos quienes tenemos que proporcionarlos.

P. En ese sentido, prestáis una gran atención en el libro al cerebro del preadolescente. ¿Qué pasa en la mente humana en esta etapa del desarrollo?

R. Gracias a los estudios de neurociencia llevados a cabo en los últimos 20 años, ahora sabemos que el cerebro de un preadolescente tiene dos partes con características específicas. Por un lado está la parte límbica, el cerebro emocional, aquella en la que se generan las reacciones de alegría, rabia, ira, que es hipersensible e hiperactiva en la preadolescencia. Los preadolescentes son tsunámicos porque su funcionamiento mental está dominado por la parte emocional de su cerebro, que provoca inestabilidad anímica y cambios repentinos: en cuestión de segundos pasan de una alegría infinita a una negatividad extrema. Por otro está la corteza frontal, el cerebro cognitivo, que en esta edad todavía es profundamente inmaduro y que se desarrolla completamente solo entre los 16 y los 20 años. Esta es la parte de la mente que evalúa los pros y los contras de las situaciones, que sabe cómo planificar los tiempos para alcanzar una meta, que puede renunciar a un placer o a una emoción, en vista de un trabajo o de un resultado con un peso y un sentido menos inmediato, pero más profundo para el desarrollo de la persona. De esta manera, el poder del cerebro emocional combinado con la inmadurez del cognitivo es lo que determina, durante la preadolescencia, la naturaleza tsunámica de nuestros hijos.

P. ¿Cuáles diríais que son los principales retos a los que nos enfrentamos los padres con un preadolescente en casa?

R. El desafío evolutivo para los padres es encontrar el equilibrio adecuado entre nuestra necesidad de proteger su crecimiento y su necesidad de explorar el mundo fuera del hogar. Tienen una gran prisa y un deseo infinito de sentirse inmediatamente adultos y de hacer cosas propias de los adultos. Nunca como en este período los psicoterapeutas nos enfrentamos a padres que piden ayuda, porque han descubierto que sus hijos han ingresado precozmente en el territorio de comportamientos de riesgo: tabaco, alcohol, sexualidad precoz y promiscua, además de los riesgos asociados con la vida online de los preadolescentes, que hoy es quizás la mayor emergencia educativa para quienes experimentan esta fase de crecimiento: la pornografía en línea, el sexting, los juegos de azar, la captación en línea, la sexualización temprana.

P. “A esta edad los mayores desempeñamos un papel fundamental y podemos marcar verdaderamente la diferencia”, escribís en la introducción.

R. Nuestro papel de adultos es fundamental. Son muchas las atenciones educativas que hemos de tener con nuestros hijos en esta etapa de su crecimiento, pero hay dos que son de crucial importancia:

Por un lado no caer en excesos de protección de la realidad, del mundo real. Podríamos llamarlo “Más bicicleta y menos smartphone“. ¿Habéis notado que los preadolescentes ya no montan en bicicleta, mientras que todos tienen un smartphone? La bicicleta ya no se usa porque los padres tememos que se lastimen, que tengan accidentes. Nos preocupamos excesivamente por su seguridad física. Al mismo tiempo, ellos, los preadolescentes, que ya no pueden explorar el mundo real, lo hacen de manera virtual. Y luego se lanzan a la vida online, donde no hay reglas, donde no hay supervisión adulta, y donde los riesgos para su vida emocional y su desarrollo social son infinitos. Pero nosotros, los adultos, no nos preocupamos, ya que el smartphone no pone en riesgo la seguridad física de los niños.

Por otro no cargar con los esfuerzos que les corresponden y educarlos para que se esfuercen: ¿Alguna vez habéis visto madres que cargan sobre sus hombros la mochila de sus niños, ya casi tan altos como ellas? Dejemos de hacerlo. Acostumbrémoslos a la fatiga, a cuidar y a hacerse cargo de sus propias cosas y de algunas responsabilidades, gradualmente pero con decisión, empezando por pequeñas tareas en la esfera doméstica.

P. ¿Y cuáles diríais que son los principales errores que cometemos, las principales falsas creencias en las que caemos?

R. Por un lado, tendemos a ser padres “quitanieves”, a eliminar cualquier dificultad y frustración del camino de crecimiento de nuestros hijos. De esta manera, sin embargo, nuestros hijos no están entrenados para la vida y es probable que sigan siendo dependientes e incapaces de construir una “musculatura emocional” que les permita funcionar bien en la vida real. Por otro lado, tendemos a subestimar el impacto que algunas experiencias tienen en sus vidas y para sus vidas. Hemos sido nosotros, los padres, los que hemos puesto en manos de los niños de 9-10 años herramientas poderosísimas, como Smartphones y tabletas, sin que ellos tengan las habilidades para manejar su complejidad. Es como dar a un niño de 13 años la licencia para conducir un Ferrari sin haber hecho siquiera una hora de autoescuela.

La neurociencia nos dice que nuestros hijos gritan porque todavía no saben cómo “mantener a raya” sus emociones

P. En ese sentido destacáis también la importancia de conocer el desarrollo cerebral que comentábamos antes para actuar en consecuencia. Y ponéis el ejemplo de palabras hirientes que los hijos pueden decir a sus padres en mitad de un estallido de ira. ¿Por qué es importante en estos casos conocer cómo funciona la mente de nuestros hijos?

R. Ese es el mensaje más importante del libro, por el que nos escribieron cientos de padres para darnos las gracias después de leerlo. Los preadolescentes están naturalmente predispuestos y fisiológicamente creados para enojarnos. Les hablamos y ellos no nos escuchan. De hecho, cuando tratamos de explicarles algo, comienzan a alzar la voz y nos dicen que no entendemos nada, que somos trogloditas. En este punto, los padres también tendemos a levantar la voz, a gritar e incluso, en algunos casos, a recurrir a las bofetadas y a la fuerza física para “domarlos”. Pero la neurociencia nos dice que nuestros hijos gritan porque todavía no saben cómo “mantener a raya” sus emociones, cómo regularlas, cómo calmarlas una vez que se activan. Nuestra tarea como adultos es enseñarles cómo regular las emociones, controlar la ira y mantener el control en situaciones en las que es tan fácil perderlo.

P. ¿Algún consejo en ese sentido?

R. En una disputa con el hijo, proponemos que los padres se centren en la regulación del tono de voz y en el uso de la mirada. De hecho, mirarse a los ojos establece otro tipo de conexión, una conexión real, humana, sensorial y emocional, de la que los niños tienen una profunda necesidad. El contacto visual es la principal herramienta de relación entre los seres humanos. La mirada, desde el nacimiento de nuestros hijos, permite la empatía, el reconocimiento de las emociones del otro por analogía con experiencias vividas. La mirada, el mirarse a los ojos, es una herramienta educativa extraordinaria, ya que permite que los padres comuniquen al niño que la prohibición, el “no” pronunciado para protegerlo y hacerle vivir experiencias nuevas pero no destructivas, es un límite necesario y no la anulación de su voluntad, sino lo contrario: es una manera de decir que te pongo un límite justamente porque te quiero. Una mirada vale mucho más que palabras gritadas o que una bofetada.

P. La preadolescencia, por último, es una etapa en la que los padres dejamos de ser superhéroes para nuestros hijos. Aceptar eso, intuyo, también es un trabajo que tenemos que hacer los padres, ¿no?

R. Absolutamente sí. Ser auténticos, completos, capaces incluso de disculparnos con un hijo cuando nos equivocamos, es la base para construir una relación leal y real con aquellos que están creciendo. Y luego, como invitamos a hacer en el libro, también es muy importante revisar nuestra propia historia: ¿qué tipo de niños hemos sido? ¿Qué padres tuvimos? Solo al volver a elaborar nuestra historia existencial, al aprender a corregir los errores de los que venimos y al no repetirlos, podremos convertirnos y ser los padres que nuestros hijos necesitan para su crecimiento y su éxito evolutivo.

Descubren que la música combate la dislexia y los problemas de lenguaje de los niños

134403023-d30f75ac-5880-47cf-b761-c6f487a420b5

La Vanguardia, 17 de Julio del 2018

Las lecciones de piano, a la edad de 4 o 5 años, podrían ayudar al pequeño a reconocer no solo los sonidos musicales, sino también a las palabras mal pronunciadas. Es un nuevo método contra la dislexia y los problemas de lenguaje.

Música y lenguaje están relacionados: Tocar desde pequeños el piano podría ayudar también a distinguir las palabras pronunciadas a voz alta, una habilidad en la base de la lectura de comprensión de un texto escrito.

Identificar esta relación es un estudio guiado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), que muestra que niños de 4 o 5 años que tomen lecciones de piano podrían tener ventajas en la elaboración del lenguaje.

Estos beneficios, entre otros, serían mejores que aquellos obtenidos con ejercicios de lectura. Los resultados con un muestreo de niños chinos se publicó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias.

Algunos estudios previos habían mostrado cómo los músicos podían comprender mejor un texto escrito, distinguir las palabras del zumbido de fondo y desarrollar rápidamente el lenguaje verbal. Después de todo, la música y el lenguaje comparten diferentes aspectos relacionados con el reconocimiento y procesamiento de los sonidos. En general, explican los autores, quien distingue mejor las palabras también tiene una mejor conciencia fonológica, o mejor reconoce la estructura sonora de las palabras: esta capacidad es un elemento clave para aprender a leer.

A partir de este conocimiento, los autores de Mit quisieron cuantificar la conexión entre la música y el lenguaje. Para ello, estudiaron los beneficios de las clases de piano simples en un grupo de 75 niños de Pekín de 4 y 5 años de edad, a través de la colaboración con investigadores de la Universidad Normal de Beijing. Los pequeños participantes se dividieron en 3 grupos, de los cuales el primero recibió 3 lecciones de piano por semana con una duración de 45 minutos, el segundo grupo participó en un entrenamiento de lectura y el tercero no siguió ningún curso. En las lecciones de música, se presentaron nociones básicas sobre las notas, el ritmo y el sistema de símbolos que representan una melodía y los niños escucharon y aprendieron a reconocer las notas.

Sobre la base de los resultados, sorprendentemente, los niños que habían seguido lecciones de piano mostraron una ventaja significativa, incluso en comparación con el grupo que había practicado la lectura, al distinguir palabras escuchadas que diferían solo para una consonante (en italiano, un ejemplo es “Relativo” y “permiso de conducir”, donde “r” se convierte en “t”). Mientras que en el reconocimiento de palabras que cambiaban solo por una vocal (como “color” y “calor”), ambos grupos de niños que habían asistido a un curso (piano o lectura) tenían más habilidades que aquellos que no habían participado en ninguna programa.

Los investigadores también usaron electroencefalografía, un examen no invasivo que mide la actividad cerebral. Esta medición reveló que los niños que habían tomado lecciones de música también mostraron una respuesta cerebral superior cuando escucharon sonidos en diferentes tonos. Esta activación aumentada sugiere la presencia de una mayor sensibilidad para comprender las diferencias en el tono, como explica Robert Desimone., director del MIT Institute McGovern Institute for Brain Research y coautor del trabajo, por lo que los participantes que tomaron lecciones de piano también pudieron distinguir mejor las palabras. Mientras que con respecto a otras habilidades cognitivas y coeficiente de inteligencia no hubo diferencias significativas entre los tres grupos involucrados en el estudio. En resumen, la música ayudó principalmente en el desarrollo del lenguaje.

• DE LA MÚSICA AL JUEGO

En la base de todo está la capacidad de captar las diferencias. “Ciertamente – subraya Marilena Mazzolini, terapeuta de Psicólogos de Lacio – El aumento de la capacidad de diferenciar los elementos, que pueden ser los sonidos de la nota, las palabras de la lengua, los detalles de una imagen, aumenta el conocimiento y lo hace más complejo y el universo cognitivo, pero también el emocional y el afectivo “.

En este sentido, explica el experto, es posible anticipar algunas experiencias cognitivas, como la música, sobre todo teniendo en cuenta que incluso el desarrollo de los niños se anticipa en comparación con el pasado. “Esto se ve en la neurología neonatal – enfatiza Mazzolini – tan pequeño al nacer son más neurológicamente desarrollado: por ejemplo, nacen con los ojos abiertos y no con los puños cerrados, con una mejora de algunas conexiones nerviosas.

Por un lado, proporcionar estos estímulos cognitivos puede ser un elemento positivo, como explica el experto, pero no debemos olvidar que el juego debe seguir siendo un elemento central. “El juego es pura diversión y representa una de las principales palancas de la salud psicofísica del niño, promoviendo el bienestar corporal, emocional, afectivo y cognitivo”. En este sentido, incluso la propuesta de piano debe mantener el aspecto de nutrición juguetona. “A esta edad, la música debe ser experimentada como una experiencia de juego y un descubrimiento de nuevas formas de expresión – concluye el psicólogo – y no dirigida a la actuación o el rendimiento escolar, sino a la diversión”.

 

 

Viaje al cerebro de un bilingüe: así te cambia hablar dos idiomas

1366_2000

Marina Such, mayo 2018

El cerebro humano es, todavía hoy, uno de los grandes enigmas de la ciencia. Su funcionamiento es el objetivo de multitud de estudios que no sólo quieren saber qué regiones cerebrales dominan determinados actos, sino que también intentan adelantarse a la aparición de enfermedades como el Alzheimer. En los últimos años, no obstante uno de los campos que ha ido atrayendo más interés es el de la adquisición y dominio del lenguaje y, en concreto, de cómo funciona un cerebro bilingüe, capaz de manejarse con la misma efectividad en dos idiomas distintos.

En la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona existe, por ejemplo, el grupo de investigación Brainglot cuyo objetivo es, precisamente, comprender no sólo los procesos de aprendizaje de dos lenguas, sino cómo el bilingüismo puede afectar a otras capacidades cognitivas del sujeto. Es decir, ¿son más inteligentes las personas bilingües? ¿Están mejor preparados para la multitarea? ¿Sus cerebros se mantienen “en forma”, como quien dice, durante más tiempo?

El aprendizaje del lenguaje

El modo en el que nuestros cerebros adquieren un lenguaje (y aprendemos a hablar) ha sido muy estudiado por la comunidad científica, pero no hay una única teoría que explique el proceso por el que se consigue. Entre el innatismo de Noam Chomsky (que sostiene que los niños ya nacen con unas aptitudes lingüisticas innatas que se activan dependiendo del entorno), el constructivismo o las teorías que apuntan que es a través de la comunicación e interacción con el entorno como un niño aprende a hablar, hay varias explicaciones sobre el modo en el que nuestros cerebros adquieren un lenguaje, muchas de ellas derivadas de los trabajos de Jean Piaget.

Los niños desarrollan sus capacidades para adquirir un lenguaje en sus primeros cinco años de vida

La vieja discusión entre lo innato y lo aprendido se traslada al campo lingüístico, y parece que lo único que sí está claro es que hay que desarrollar esa habilidad para aprender la primera lengua, la materna, en los primeros cinco años de vida. En los años 70, científicos estadounidenses quisieron comprobar esto con Genie, una niña de 13 años que había pasado gran parte de su vida encerrada en su casa, sin contacto con el mundo exterior y con un vocabulario consistente en apenas cinco palabras. Su caso, recogido en el documental ‘La niña salvaje’, mostraba los intentos por conseguir que Genie pudiera aprender un lenguaje siendo, tal vez, demasiado mayor para ello, pues su cerebro ya había superado la etapa de formación lingüstica.

Con el bilingüismo sucede lo mismo. Estudios como los del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington apuntan que a los niños hasta siete años les resulta mucho más sencillo aprender dos idiomas, y manejarse al mismo nivel con los dos. Uno de sus investigadores, Andrew N. Meltzoff, explicaba al diario El País que, a partir de los ocho y hasta los 18 años, el aprendizaje pasa a ser “más académico y lento” y resulta más difícil hablar un segundo idioma con la misma naturalidad que nuestra lengua materna.

Cómo funciona un cerebro bilingüe

En España hay cuatro lenguas oficiales (castellano, euskera, catalán y gallego) y una parte destacable de la población es bilingüe, capaz de manejarse de igual modo tanto en castellano como en otra de esas lenguas. En Estados Unidos, por poner otro ejemplo, el 18% de sus habitantes en 2007 eran bilingües en inglés y otro idioma, y ese porcentaje aumenta cada año. La composición cada vez más diversa de las sociedades lleva a que se hagan más estudios sobre el funcionamiento del cerebro de una persona que, desde su infancia, puede conversar, pensar y desarrollar tareas complejas en dos idiomas distintos, aunque el que primero aprende, el materno, siempre tendrá cierta prioridad.

En el modo en el que una persona aprende dos lenguas intervienen tres factores: la edad de adquisición del lenguaje, lo bien que se habla ese lenguaje y el control cognitivo del lenguaje, es decir, el proceso de selección de un idioma sobre otro en el caso de los bilingües. En el primer factor, está ya demostrado que el periodo de aprendizaje de nuestra lengua materna está en los primeros años de vida, entre cinco y siete. ¿Pero hay diferencias entre el modo en el que los niños en ese periodo temprano de sus vidas adquieren además una segunda lengua?

Los bilingües tienen mayor capacidad de concentración en una tarea, ignorando las interferencias a su alrededor.

El departamento de Psicología de la Universidad de California en Los Ángeles realizó varios experimentos con bebés de varios meses de vida inmersos en ambientes bilingües. Lo que se pretendía era averiguar si sus cerebros procesaban de manera diferente su entorno, estudiando el modo en el que los niños respondían ante estímulos visuales. Los resultados fueron negativos, por lo que los científicos concluyeron que las diferencias cognitivas entre bilingües y monolingües proceden de la adquisición y uso de vocabulario, más que de un tema de percepción. En ese aspecto, los cerebros de ambos grupos funcionan del mismo modo.

Por otro lado, investigadores de la Universidad Northwestern y de Houston se sirvieron de jóvenes texanos de entre 18 y 27 años, de los que 17 eran bilingües en español e inglés y 18 sólo hablaban inglés, para continuar ampliando los conocimientos sobre el funcionamiento de un cerebro acostumbrado a manejar dos idiomas. Se estudiaba qué partes de su cerebro se activaban cuando escuchaban varias palabras con pronunciaciones similares en inglés, y otras más diferenciadas, y determinaron que los bilingües tienen mayor capacidad para concentrarse en una tarea y aislarse del ruido o las interferencias a su alrededor. Viorica Marian, una de las involucradas en el estudio, explicaba los resultados de esta manera:

“Es como un semáforo. Los bilingües siempre están dando luz verde a un idioma y la roja al otro. Cuando tienes que hacer eso todo el tiempo, te vuelves muy bueno reprimiendo las palabras que no necesitas”.

Monolingües y bilingües

Entonces, viendo todo esto, ¿cuál es la diferencia entre los cerebros de las personas que sólo hablan un idioma y los de quienes se manejan con el mismo nivel de eficiencia en dos? Los científicos adquieren sus datos estudiando el flujo de sangre y oxígeno a determinadas regiones del cerebro durante la realización de ciertas tareas, y se sirven de resonancias magnéticas para ello. De este modo, pueden ver que los hablantes de un solo idioma utilizaban más las regiones del cerebro que se dedican al lenguaje, mientras las bilingües emplean más las centradas en el control del lenguaje, en la toma de decisiones referidas a él.

Es decir, que la principal diferencia entre un cerebro monolingüe y otro bilingüe está en su capacidad para tomar decisiones. No es que unos sean más inteligentes que otros, sino que desarrollan otro conjunto de habilidades. Por ejemplo, los bilingües desarrollan capacidades cognitivas que les permiten adaptarse a los cambios en las tareas que están desarrollando. Este se debe a que su cerebro está constantemente eligiendo la lengua en la que se expresa, lo que le da mucha más flexibilidad. También les permite concentrarse y memorizar mejor.

Sin embargo, las investigaciones sobre los beneficios que el bilingüismo tiene para el cerebro también tienen sus escépticos, que no terminan de ver claro que exista lo que se ha denominado “la ventaja bilingüe”. O, siendo más concretos, que no encuentran estudiosque determinen de un modo claro que dicha ventaja existe a escala global. En lo que sí parece haber más consenso es en que aprender más de un idioma es beneficioso para el cerebro porque le permite ejercitarse y mantenerse en forma, lo que puede ayudar a retrasar la aparición de enfermedades que van minando poco a poco sus capacidades.

 

Cuando la escuela es mi casa

Los 46 colegios rurales valencianos compensan la escasez de alumnos con la atención individualizada y la cercanía al docente

1524762170_763261_1524895842_noticia_normal_recorte1

El País, 2018

En las escuelas rurales, el número marca la diferencia y activa toda una maquinaria educativa con la que estas bases de aprendizaje mínimas –por tamaño- rebaten prejuicios y equilibran distancias, incluidas las digitales, con sus homólogas urbanas. Cuarenta y seis Colegios Rurales Agrupados (CRA) con 900 docentes al frente (de los más de 63.200 este curso) salpican la geografía de la Comunidad Valenciana. Sus 141 aularios se abren a diario a 5.470 escolares: 1.586 en Infantil y 3.884 en Primaria. El 62% en Valencia, el 28% en Castellón y el 10% en Alicante.

Suponen el 1,5% del alumnado valenciano en esta etapa educativa. Porcentajes de mínimos con los que, sin embargo, la escuela rural aspira a resultados de máximos. Como si de la famosa aldea gala de Astérix se tratase, la escuela rural resiste. Le planta cara a los números y explota sus ventajas: las que se derivan de la atención individualizada y la cercanía al docente que permiten sus peculiares ratios, las posibilidades que abre el entorno rural que las envuelve y la sensación de sentirse como en casa.

Fanzara (Castellón). 280 habitantes. Su aulario pertenece al CRA Espadà-Millars –que integra a las localidades de Sueras, Tales y Ludiente- y acoge a doce escolares, distribuidos en las dos aulas multinivel del colegio. Una para Infantil, con Alba, Alexia y Júlia (5 años) y Laia, de 4. Y otra para Primaria, con ocho escolares de cuatro niveles distintos. Estos últimos se dividen en dos grupos, separados por medio metro de distancia. En uno, los mayores: Héctor y Míriam –de sexto- y Pablo, de quinto. Al lado, Rober, Dani, Izan y Rodrigo –de cuarto- y Marc, de tercero. “Sólo tenemos un alumno en tercero y otro en cuarto, pero se unen a los de un curso superior para que interactúen”, explica su tutora, Cristina Alcón, con nueve años de trayectoria en el centro.

“La escuela rural no es más ni menos. Simplemente diferente”, avanza por su parte Sonia Barriel, tutora de Infantil en Fanzara. Es su segundo año en el pueblo. Destaca el “ambiente familiar” que impera en un CRA, donde el docente “es una figura mucho más cercana, hay menos distancias”. Es el plus frente a la mayor desventaja que atisba: la dificultad de socialización, “pero no por falta de voluntad, simplemente por una cuestión de números”, indica.

“Quizás, de todo, destacaría la felicidad que da el colegio rural: los alumnos me dicen muchas veces que es estar como en casa, y eso es satisfactorio. Es una ventaja estar aquí. Puedes observar mucho y ayudarles individualmente”, asevera Alcón. Esa familiaridad se palpa en las conversaciones entre los escolares y la tutora. Como cuando Héctor tose mostrando un incipiente resfriado y ésta le recuerda que el día anterior “no se puso la chaqueta en el patio”. O como cuando, preguntados por su temor a que el colegio cierre si un día se queda sin niños, respondan de inmediato que no les gustaría porque “entonces Cristina se quedaría sin trabajo”.

Todo en este colegio está medido. Planificado. Es básico en la programación multinivel de cualquier CRA, apunta Alcón, que responde así a otro de los prejuicios que apuntan a una menor carga de trabajo del profesorado rural. “Todo lo contrario”. Los 50 minutos de explicación de cada clase se comparten entre los cuatro cursos, “sin perder de vista el nivel de cada uno y con exigencias diferentes de evaluar”. Exprimirlos es la clave. Mientras unos atienden, los otros trabajan. “Hay que medir el tiempo, saber lo que va a hacer cada uno en ese margen; implica mucha organización”, insiste.

Lo que puede parecer una desventaja para el aprendizaje, se encarga de rebatirlo de inmediato Míriam, de sexto: “No nos liamos para nada, al contrario, si Cristina explica a los de cuarto, nos sirve para repasar, y si es al revés ellos –los de cuarto- avanzan”. Para la docente, esta forma de enseñar estimula el aprendizaje. También contribuye el entorno, que acentúa un tipo de conocimiento que se puede palpar, respirar. Poder dar una clase de ciencias en el río Millars, en plena Serra d’Espadà –a pocos minutos caminando- no está al alcance de todos. Es algo que también permite la ratio, como la capacidad de atender la diversidad que tienen los CRA o la libertad a la hora de establecer pedagogías alternativas. En Fanzara los libros de texto se sustituyen por material específico, tertulias literarias ligadas a las comunidades de aprendizaje –que fomentan un proyecto educativo cooperativo- o talleres de la técnica Freinet, que empodera al estudiantado como constructor de su propio conocimiento.

En la dinámica formativa de los CRA, la implicación del alumnado gana peso. En esta clase de Fanzara se fomenta el trabajo en grupo y se asignan responsabilidades rotatorias a la hora de realizar las tareas académicas. “Uno hace de monitor y coordina la actividad; otro se encarga de la revisión ortográfica; y otro controla el tiempo”, explican los escolares.

Los informes oficiales sobre educación, aun con la disconformidad que genera en parte de la comunidad catalogar a los colegios “sin tener en cuenta que el rendimiento académico es multifactorial”, corroboran que la escuela rural no está en inferioridad de condiciones. Castilla y León, la comunidad con más centros en el medio rural (más de la mitad de escolares estudian en ellos) arrasó en el último informe PISA (2015). Ocupa el séptimo lugar en la clasificación mundial y se codea con Canadá o Finlandia.

En recursos, las diferencias entre escuela rural y urbana son casi inexistentes. El aula de Primaria de Fanzara tiene pizarra digital y casi un ordenador por alumno. “En el ámbito de la tecnología estamos súper bien, nos ha costado, pero lo hemos conseguido. Llevo aquí nueve años y hasta hace cuatro o cinco no teníamos internet”. La plantilla de profesorado es la misma que en la ciudad, con la salvedad de que en este caso los seis especialistas y docentes itinerantes de Educación Física, Inglés, Música, Religión, Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje no recorren pasillos para dar clase, sino carreteras. Las que transitan a diario entre las cuatro poblaciones de este CRA. También los servicios son los mismos: hay comedor, “con Loli, la monitora, que es una más”, gritan los pequeños; y clases extraescolares ligadas a la jornada continua que ha estrenado el centro este año.

En el ámbito rural la Consejería de Educación ha implantado este curso dos escuelas infantiles gratuitas para niños de 2 años en Benlloch (Castellón) y Bugarra (Valencia), junto a las que funcionan ya en las localidades castellonenses de Benassal, Llucena, Albocàsser y Vilafamés; y las tres de Valencia (Fortaleny, Riola y Barx).

En junio, Míriam y Héctor terminan el colegio y dejan Fanzara. El próximo curso lo iniciarán en el instituto de Onda, una localidad próxima de casi 25.000 habitantes. “No tengo muchas ganas, allí hay mucha gente”, sostiene Héctor. El salto de un colegio de 12 estudiantes a un centro de 1.500 no es fácil, reconoce la tutora. Pero es cuestión de tiempo. En lo académico, la dificultad de adaptación a un sistema nuevo no es mayor que la que tienen otros alumnos de sexto de un colegio urbano cuando pasan a Secundaria. “Salen preparados, y hasta la fecha nadie nos ha trasladado lo contrario. Tienen los mismos recursos y herramientas”, señala. El mejor aval es que, una vez en el instituto, “nadie hace distinciones entre el alumnado de una escuela rural del de una urbana, y eso muestra que el equilibrio existe”. Que la escuela rural no es ni más ni menos. Simplemente, diferente.

Intensivo Vuelta al Cole del 3 al 7 de Septiembre

Diapositiva8

La primera semana de septiembre te esperamos en Psicotaduy en horario intensivo de 9h a 14h. Escoge las actividades que mejor se adaptan a tu hijo y crea tu horario personalizado. ¡Te esperamos!

Diapositiva2

Por qué es importante el gateo para leer y escribir

gateolectoescritura-p

Guia Infantil.com 29/06/2018

El gateo supone un gran avance en el desarrollo del bebé, le permite mayor autonomía y, por supuesto, el poder descubrir, probar, tantear, explorar…

Los bebés suelen comenzar a gatear entre los 6 y los 9 meses, y aunque algunos se saltan esta etapa, son enormes los beneficios que les proporciona. Aunque parezca extraño, gatear ayudará al bebé a leer y escribir en un futuro porque estimula, entre otras cosas, la motricidad fina que se traducirá en un buen control de trazo de la escritura.

La importancia del gateo para la lectoescritura

La etapa del gateo y primeros pasos del bebé es una de las más agotadoras para los padres. Nuestro hijo ya tiene cierta autonomía y decide explorar todo lo que se encuentra a su alcance, ya sea la escobilla del váter o los cajones y puertas que están a su altura. Dejas de mirarle un segundo y está a punto de llevarse a la boca ese pequeño juguete de su hermano mayor.

Su curiosidad es insaciable y a veces tenemos la tentación de sentarles en su sillita para que estén quietos, sin embargo, lejos de hacer esto, debemos estimular el gateo ya que tiene múltiples beneficios, entre ellos, adquirir habilidaddes para la lectoescritura.

– Gatear ayuda al bebé a ejercitar y perfeccionar la vista, aprende a enfocar ambos ojos y hacerlo a distancia. Esto le servirá para colocar el libro a una distancia correcta cuando empiece a leer y escribir.

– Estimula la tactilidad de la palma de la mano, es decir, adquiere la sensibilidad necesaria para poder tener en el futuro un control del trazo de la escritura. La palma de la mano se masajea a medida que el bebé gatea y esto envía información al cerebro sobre texturas y sensaciones.

– Se desarrolla el patrón cruzado de movimiento que consiste en mover brazo derecho y pie izquierdo y viceversa. Los hemisferios del cerebro trabajan de forma coordinada y puede realizar movimientos simultáneos con ambos lados del cuerpo, como pasar un objeto de una mano a otra o escribir en una hoja de papel, en un futuro.

– El gateo desarrolla la coordinación ojo mano, de tal manera que al gatear el bebé establece una distancia similar entre el ojo y la mano de la que necesitará más adelante a la hora de leer y escribir.

– Al gater el bebé ha de sujetar su peso con ambas manos, así adquiere estabilidad en los hombros y las palmas de las manos. Ambos son puntos fuertes para la motricidad fina, que es la que ejercitará más adelante al dibujar o escribir.

– Cuando un bebé gatea está fomentando la conciencia espacial, aprende a conocer su tamaño y el de los objetos de su alrededor. Así va adquiriendo sentido de profundidad, cantidad o tamaño, algo importante para aprender a leer y escribir.

 

5 Consejos para proteger a nuestro bebé del calor en verano

bebes-calor-depositphotos_45671469_m-2015-700x450

Llega el primer verano de nuestro bebé y tenemos que procurar que esté siempre cómodo tanto en casa como cuando salimos a la playa o el campo. Los bebés son muy sensibles a los efectos del calor y se pueden poner nerviosos. Hay que evitarles siempre las quemaduras solares, los golpes de calor y la deshidratación.

Los bebés y el calor

En verano siempre hay que estar atentos a que el calor no esté afectando a los bebés. “Los bebés y los niños pequeños pueden no mostrar signos o síntomas tempranos de los efectos del calor. Por ello es importante observar alguno de estos signos para detectar si el pequeño está sufriendo una insolación”, nos explican desde el Hospital Sant Joan de Dèu. Por ejemplo, mal aspecto, carácter más irritable de lo normal, tener la piel más seca y negarse a beber, disminución de pañales mojados. Incluso podemos observar que el punto blando en la parte superior de la cabeza o fontanela del bebé puede ser inferior al habitual.

Ante cualquiera de estos síntomas lo mejor es acudir al pediatra lo antes posible. Los bebés son muy sensibles al calor y nos pueden dar un susto en las vacaciones. Os vamos a dar varios sencillos consejos para que vuestros bebés pasen un verano tranquilo y poco caluroso.

1. Evitar el sol

Los bebés no deben estar nunca expuestos al sol directamente. Ni siquiera de la luz solar directa. La piel de los bebés tiene muy poca melanina, que es el pigmento que otorga a la piel, cabello y ojos su color, y proporciona cierta protección contra el sol. Lo mejor es evitar el sol y así no sufrirá el riesgo de una quemadura.

Hay que cubrir siempre su cuerpo con ropa, su cabeza con un sombrero de ala o una gorra y el carro con una sombrilla. La ropa debe ser siempre ligera y les tiene que quedar suelta para que estén cómodo. Mejor ropa de algodón y evitar los tejidos sintéticos que retienen el calor. Si tiene mucho calor se le puede pasar por el cuerpo una esponja con agua tibia o darles un pequeño baño.

Lo mejor es evitar el contacto directo de su piel con los rayos solares durante todo el verano. Además, hasta los seis meses no se recomienda que los bebés usen cremas para el sol por el riesgo de desarrollar alguna alergia. A partir de esa edad es recomendable aplicar cremas solares con un factor de protección solar superior al 30 para la piel delicada del bebé de forma regular.

2. La misma temperatura ambiental

Como ya hemos comentado, los bebés sienten la misma temperatura que los adultos y por lo tanto estarán a gusto con una temperatura ambiental de 22º C. No pongas el aire acondicionado del coche o la casa a una temperatura inferior porque se puede enfriar. Lo mejor es mantenerlo a una temperatura uniforme y evitar tenerlo puesto mucho tiempo seguido. Es mejor refrescar con el aire acondicionado el lugar donde se encuentra el bebé y luego apagarlo.

Cuidado con poner al bebé debajo del chorro de aire acondicionado porque se puede constipar. Una buena idea para la sequedad del ambiente es poner un humificador en su habitación a ratos.

En el coche tampoco les debe dar directamente el chorro del aire acondicionado ni el aire de un ventilador. Cuando realicemos una parada nunca debemos dejar a un bebé o a un niño pequeño dentro del vehículo porque les puede dar un golpe de calor. Ni siquiera si lo dejamos a la sombre y por poco tiempo.

3. Siempre en la sombra

Lo mejor es que estén la mayor parte del día a la sombra sobre todo si vamos a la playa o la piscina. Y las mejores horas del día por la mañana temprano o al atardecer. Podemos también pasear un cuarto de hora al aire libre lo que le proporciona al bebé toda la vitamina D que su cuerpo necesita.

4. No abrigarle demasiado

Los bebés sienten la misma temperatura que los adultos. Si tenemos calor, el bebé sufre el calor por lo que es un error abrigarle en exceso. Si lo hacemos nos arriesgamos a que sufra sudamina, una erupción de la piel que se produce por la obstrucción de las glándulas sudoríparas o, en el peor de los casos, un golpe de calor. También pueden sufrir sarpullido que es una erupción de pequeños puntitos rojos como la cabeza de un alfiler, con pequeñas ampollas. Suele aparecer en las estaciones de calor en aquellas partes de la piel que se mantienen húmedas, como son el área del pañal o bajo la barbilla.

Si notamos que las manos y los pies del bebé están fríos, tampoco significa que esté destemplado. Eso sí si moja las sábanas o la ropa por el exceso de calor tenemos que cambiarle para que no se enfríe.

5. Siempre hidratado

En los calurosos meses de verano hay que ofrecerle al bebé agua entre las tomas. Cuando la rechaza no tenemos que insistir porque significa que no la necesita. Los lactantes suelen ingerir menos agua que los que se alimentan con biberón, pero cuando hace mucho calor pueden necesitarla para hidratarse.

Pagas infantiles: ¿comienza en casa la brecha salarial entre hombres y mujeres?

Diferentes estudios revelan la diferencia entre el dinero que reciben los niños y el que reciben las niñas.

j14l8006

Mikel Venys, La Voz de Galicia, 15/07/2018

Un reciente estudio llevado a cabo por el portal estadounidense BusyKid afirma que los niños reciben en casa prácticamente el doble de paga que las niñas por elaborar las mismas tareas domésticas. Ellos se llevan por semana 13.80 dólares (11.75 euros) frente a los 6,71 (5.74 €) que obtienen ellas. Para la investigación se han analizado 10.000 familias. Otro informe llevado a cabo por la agencia británica Childwise asegura que el 20 % de los niños reciben más paga que las niñas. Desgraciadamente, en muchos hogares españoles también existe esta costumbre según los expertos. Esto pone un interesante debate sobre la mesa sobre como hacer esta distinción entre sexos desde una temprana edad puede estar relacionado con posibles brechas salariales en el futuro.

«Es una consecuencia directa de las actitudes patriarcales. Es el reflejo de una sociedad en la que el varón cobra más que la mujer por el hecho de ser varón.Efectúa unos comportamientos que tenemos que erradicar», expone el psicólogo Aquilino Sousa. Cristina Otaduy, doctora en Educación, asegura que esto se debe a que «no acostumbramos a las niñas a pedir paga sino a comprarles aquello que nos piden. En la mayoría de los casos, se da porque ellos prefieren videojuegos y otro tipo de cosas más caras que las que quieren las niñas. Ellos se acostumbra a tener dinero y ellas no. No solo se crea una brecha económica, sino también de formación». Piensa que si el dinero se les administrara de la misma manera, se conseguiría evitar futuras compras compulsivas, que por lo general se dan más en mujeres.

¿Para qué sirve la paga?

Jordi Martínez, autor de Finanzas para frikis, también cree que los padres no deben utilizar el dinero para recompensar actividades domésticas ya que todos los miembros de la familia deberían desempeñarlas sin esperar nada a cambio. En su opinión, las pagas tendrían que aportarse para que los niños aprendan a ser responsables con el dinero y darle valor. «Debe ser la misma para niños que para niñas. Se les puede comenzar a dar entre 0,50 céntimos y un 1 euro cuando aprenden a hacer sus primeros cálculos, entre los 6 y 7 años. No debe ser demasiado grande, para que aprendan a priorizar, ni demasiado pequeña porque no serviría de nada», explica. Aconseja dar un dinero a la semana, y más tarde, mensualmente a los niños para que aprendan a controlar sus gastos y a obtener aquello que quieren ahorrando el dinero recibido.

Fatales consecuencias

Este tipo de distribución económica puede tener consecuencias muy negativas. «Genera un sentimiento en el niño de superioridad frente a la mujer. Por el contario, a la niña le genera desconfianza e inseguridad. Puede llegar a minar su autoestima», afirma Sousa. Como cuenta Jordi Martínez «cuando el entorno les enseña que algo es normal, tienden a asumirlo. Si desde pequeñas se les dice que van a cobrar menos que los hombres, piensan que es algo normal y eso esta muy mal». «Cada familia tiene que utilizar la libertad para dar a sus hijos el dinero que quiera, pero siempre dentro de la igualdad, y la igualdad supone no distribuir la paga dependiendo del sexo del niño», dice la doctora Otaduy.

 

Siete razones por las que no debes gritar a tu hijo

Educar a un hijo no implica imponerle a toda costa normas, como con los gritos, que causan miedo al niño y le generan un modelo incorrecto sobre cómo gestionar las emociones.

1531380854_250014_1531380952_noticia_normal_recorte1

El País, 12/07/2018

Seamos sinceros, ¿quién no ha perdido los estribos alguna vez con sus hijos y les ha gritado? El peso de la responsabilidad de ser padres, y el ritmo apresurado que nos impone la vida diaria, hace caer a los padres en el error de gritar. Pero si se convierte en una práctica habitual y no se corrige, puede desencadenar en el niño miedo y convertirle en un futuro gritón.

“Se grita cuando se canaliza de manera indebida las emociones. Todos los padres acabamos por gritar a nuestros hijos tarde o temprano y quien diga lo contrario, miente. Pero que sea casi inevitable, no significa que esté justificado. Por ello, cuando ocurre conviene pedir disculpas, explicar con calma las razones por las que hemos perdido los nervios y reconocer que no hemos sabido gestionar la situación, para así evitar que ocurra en más ocasiones”, comenta Iván Carabaño Aguado, médico adjunto del servicio de pediatría en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.Cuando los progenitores están más sobrepasados por el estrés, cansados y cargados emocionalmente surge la situación de descontrol con el tono de voz, lo que suele ocurrir de manera más habitual a última hora del día. “Es entonces, cuando los padres comentan que pierden la paciencia con más facilidad y les cuesta mantenerse calmados, por lo que llegan a gritar cuando quieren que sus hijos hagan determinada cosa. También influye la transmisión generacional. Si los padres recibieron gritos de sus progenitores, es posible que normalicen esa situación como la forma habitual de manejar los momentos de desencuentro o tensión con sus hijos”, explica Carla Valverde, psicóloga clínica infantojuvenil del Centro de Salud Mental de Majadahonda (Madrid), que apunta también las razones por las que hay que evitar gritar a los niños:

  1. Los gritos generan en el niño estrés y alarma que suele desencadenar el llanto. Es conveniente elegir las palabras, el tono y volumen de voz adecuados y que vayan acompañados de una comunicación no verbal (gestos, miradas) acorde al mensaje que se pretende transmitir.
  2. Los momentos de descontrol emocional, como cuando se pierden los nervios y se grita, dificultan el hecho de que el niño pueda reflexionarcon tranquilidad sobre lo que provoca el enfado de sus progenitores. Los gritos bloquean la capacidad del pequeño para discernir sobre la situación. Se sentirá desbordado y sus padres no resultarán un modelo para gestionar y expresar sus emociones de manera adecuada y ajustada en cuanto a forma e intensidad (tono y volumen adecuado de voz).
  3. De padres gritones, hijos que también gritan. Los niños aprenden sobre todo por imitación. Así que, si no queremos recibir lo mismo, es preferible controlar el volumen de voz que usamos con nuestros hijos. Los progenitores resultan un espejo para sus hijos en cuanto a la forma de expresar sus emociones, en este caso su enfado.
  4. El niño puede desarrollar un concepto negativo de sí mismo y tener baja autoestima. La autoestima del niño se desarrolla sobre todo en el seno de la relación con sus padres. Cuando los gritos son habituales (sobre todo si van acompañados de mensajes negativos), el niño sentirá que todo lo que hace es incorrecto y está justificado que le griten.
  5. Se generan sentimientos de angustia y ansiedad. Si el niño/a es muy sensible y tiende a no expresar sus emociones y defenderse por temor cuando sus progenitores le gritan, es posible que cuando se encuentre en situaciones similares con otras personas, sienta ansiedad y se bloquee.
  6. Sentirá enfado y frustración. Por lo que el niño se puede enfadar con más facilidad, ya que puede sacar la conclusión de que los gritos son un recurso habitual de sus progenitores porque resultan eficaces para conseguir objetivos.
  7. Los gritos crean sentimientos de indefensión. Si el tono de voz elevado ante las desavenencias es la norma, el niño/a puede llegar a la conclusión de que sus sentimientos o necesidades son desatendidos y tenderá a no expresarlos en el futuro.

Educar a un hijo no implica imponerle a toda costa las normas, como a través de los gritos, que provocan miedo y generan un modelo incorrecto sobre cómo gestionar las emociones. Cuando queremos conseguir que nuestros hijos se adapten a ciertas pautas se puede utilizar un tono firme, seguro y determinante (diferente de los gritos) para que comprendan que establecemos ciertos límites que son innegociables.

Entrenar el volumen adecuado de voz con los niños

Lo mejor es tratar de cortar la situación de los gritos con la mayor brevedad posible y tomarse un tiempo, pueden ser minutos o incluso días, hasta que el enfado desaparezca y regrese la calma. Es conveniente explicar al niño/a que se está enfadado y se necesita un tiempo hasta poder retomar una conversación de manera serena.

¿Hay alguna excepción en la que esté justificado gritar a los niños/as?

Salvo en circunstancias muy puntuales, no está justificado gritar a los niños. Solo en situaciones que puedan suponer un riesgo para su salud o integridad, como cuando se acerca a una carretera y puede ser atropellado.

Cuando hemos gritado a nuestros hijos, ¿qué podemos hacer para solventarlo?

Una vez que nos sintamos calmados, lo mejor es buscar un momento y lugar adecuado para hablar sobre lo que ha sucedido. Será necesario pedir disculpas por la reacción de gritar y evitar justificaciones como: Si no te portaras así no tendría que gritarte. Conviene que los adultos se hagan responsables de sus propias reacciones. Se puede explicar a los niños que no se está orgulloso de haber gritado, para demostrar que lo idóneo es buscar maneras alternativas de manejar el enfado.

Conviene evitar huir del modelo de perfección a la hora de educar a los hijos. A veces, a pesar de intentarlo se cae en el error de elevar el tono de voz. Pero resulta conveniente mantener el compromiso de diálogo con los hijos/as y buscar vías alternativas para comunicar el enfado desde la calma.

 

 

 

 

Un estudio asegura que los bebés que comen alimentos sólidos antes de los seis meses duermen mejor

La nueva investigación concluye que esta mejora afectaría al número de horas y a despertarse menos veces por la noche.1531220036_721941_1531231019_noticia_normal_recorte1

El País, 11/07/2018

Dos de las preocupaciones más recurrentes entre los padres, sobre todo entre los primerizos, son que sus recién nacidos se alimenten bien y que todos, progenitores y pequeño, consigan dormir las máximas horas posibles seguidas. Una situación que mejora de forma notable la calidad de vida familiar, el bienestar del pequeño y la salud de todos.

Un nuevo estudio elaborado por el Health Research Institute, de la Universidad de Londres, se ha planteado demostrar si existe alguna relación entre la introducción temprana de alimentos sólidos y la calidad de sueño del bebé. Y parece ser que la hay. “Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda alimentar a los bebés con leche materna en exclusiva hasta los seis meses, muchas madres británicas optan por introducir alimentos sólidos a sus pequeños a los pocos meses. Y un 26% de ellas alega que esto lo hace para que sus hijos se despierten menos veces durante la noche”, razonan los autores en la introducción de dicho estudio.

Para su investigación, publicada en JAMA Pediatrics, los autores dividieron a una muestra de 1.303 bebés en dos grupos: mientras unos siguieron la pauta de la OMS a rajatabla, es decir estos bebés solo fueron alimentados con leche materna, al otro grupo se les ofreció alimentos sólidos desde los tres meses. Además, los padres fueron completando cuestionarios on line todos los meses hasta que sus bebés cumplieron el año de vida y luego cada tres meses hasta los tres años. De los 1.303 niños de Inglaterra y Gales que participaron en el estudio, el 94% (1.225) completó el cuestionario el tiempo total del análisis: tres años.

Tras el experimento, los investigadores concluyeron que “a los bebés a los que se les introdujo alimentos sólidos antes de lo establecido consiguieron dormir más tiempo —unos 17 minutos más por día, unas dos horas por semana— y se despertaron por la noche con menos frecuencia. Y, además, durante el primer año de su vida, sus padres informaron de menos problemas de sueño graves que aquellos que habían tenido una dieta exclusiva de leche materna exclusiva”. Los autores consideran que el aumento en horas de sueño es “pequeño, pero significativo, dado que el sueño infantil afecta directamente a la calidad de vida de los padres, incluso una pequeña mejora puede tener beneficios importantes”, explican.

¿Es adecuado comer sólido antes de los seis meses?

Aunque son muchos los que están de acuerdo con la introducción de alimentos sólidos lo antes posible —sobre todo estudios relacionados con la prevención de alergias en niños, que proponen la introducción de alimentos sólidos como el huevo cocido o los cacahuetes antes de los seis meses, pero nunca antes de los cuatro— , estos resultados chocan con lo que opinan muchos otros expertos: que los recién nacidos deben ser alimentados de manera exclusiva con leche materna hasta los seis meses y esta debe ser complementaria hasta los dos años.

Una cuestión de tiempo que puede volver locos a los progenitores. Pero hay algo en lo que todos coinciden: que los bebés coman alimentos sólidos tiene beneficios, ya que estos prueban nuevos sabores, aprenden a saber cuánto y lo que quieren comer y la familia en su conjunto se relaciona más, entre otros.

Entre las últimas recomendaciones publicadas por la Asociación de Pediatría Española se subraya que retrasar la introducción de comida sólida puede tener consecuencias negativas para el pequeño como: carencias nutricionales, aumento de riesgo de alergias o una peor aceptación de sabores y texturas. Aunque también advierten que hacerlo antes de los seis meses, “podría tener consecuencias perjudiciales para el menor, como atragantarse, padecer infecciones del tracto respiratorio o un aumento de las alergias alimentarias o de intolerancia al gluten, entre otras”, según sostienen los pediatras en el texto los expertos.

¿Cuándo está preparado para la comida sólida?

Fisiológicamente, y según la Asociación Americana de Pediatría, el momento de comenzar a comer sólido, generalmente, ocurre “cuando los bebés pesan el doble que al nacer (generalmente, sucede alrededor de los cuatro meses) o pesan seis kilogramos o más. Entonces, es posible que estos estén listos para ingerir alimentos sólidos”. Aunque estos expertos también inciden en: “Siempre que se pueda, es aconsejable dar leche materna al recién nacido de forma exclusiva seis meses y como complementaria por los menos un año”.

Además, para saber si está listo nuestro bebé puedes observar ciertas capacidades de tu pequeño, como su habilidad para morder y tragar; si pide o no comida distinta a la leche materna o si intenta agarrar las cosas, entre otras. Todos estos factores pueden ser indicativos de que tu hijo está preparado o no para empezar a comer sólido.

Eso sí, para tomar la decisión hay que ser consciente de los beneficios de la lactancia materna exclusiva. Aunque es cierto que hay que respetar también la decisión de los progenitores, siempre que no haya riesgo para el menor. Sin duda, la recomendación de la OMS es lo mejor para los bebés y está demostrado científicamente. Aún así, si tienes dudas pregunta a tu pediatra.

8 Ideas para hacer a tu hijo responsable de su primer móvil

phone6-copia

Sapos y Princesas, El Mundo

Hay una pregunta que nos hacemos muchos padres de niños preadolescentes cuando llega el momento de darles el primer móvil a nuestros hijos ¿cómo hago para disminuir los peligros del mismo?

La respuesta es complicada. Manejar un smartphone es algo que requiere mucha disciplina y si ya les resulta difícil a los adultos, está claro que la mayoría de los niños no están listos para esa responsabilidad antes de la E.S.O., si es que están listos entonces.

Como la corteza prefrontal no se desarrolla completamente hasta más o menos los 25 años, los preadolescentes tienen poco control sobre sus impulsos y esto les produce problemas a la hora de resistir las tentaciones de las redes sociales, el sexteo y los juegos adictivos. En estas condiciones, darles un teléfono que pueden usar constantemente supone abrirles las puertas a numerosos peligros digitales, como la adicción o la pornografía.

Para reducir los riesgos os proponemos varios pasos de comunicación y supervisión para hacer el camino más fácil:

1. No le des el teléfono demasiado pronto

Es conveniente que tu hijo se acostumbre a que el teléfono es una herramienta necesaria. Si tu hijo pasa el día bajo supervisión de un adulto de confianza, no lo necesita. Cuando empieza a ir solo al colegio o si pasa tiempo solo en casa es cuando lo necesita.

Además, cuanto más joven sea tu hijo, más difícil le será actuar de forma responsable y te será difícil tener confianza sobre las apps que se descarga. Además, si son muy jóvenes pueden ser propensos a perder cosas. Y siempre existe la alternativa de que si tu hijo necesita un teléfono, pero no es lo suficiente responsable para un smartphone, use uno que solo pueda hacer llamadas.

2. Establece unas reglas antes del primer móvil

Aunque parezca una exageración, un “contrato” por escrito hará que tu hijo interiorice que el teléfono es una responsabilidad y se enfoque más en usarlo de forma responsable. Para elaborarlo, pregúntale cuales creen que deberían ser las reglas y negocia con él hasta que estéis de acuerdo. Así considerará las reglas como suyas, porque ha ayudado a elaborarlas.

contrato de móvil

3. Utiliza controles parentales

Hay aplicaciones de control parental disponibles para todos los teléfonos y muchos teléfonos mismos vienen con su propio control parental que se puede activar. Infórmate para saber cómo hacerlo.

4. Supervisa y comparte

Tu trabajo es dar apoyo a tu hijo mientras aprende cada habilidad, como si fueras su andamio personal. Para poder ofrecerle este apoyo, debes plantearte darle un smartphone como un proyecto de un año. Planifica hablar con tu hijo cada noche sobre su uso del teléfono. Repasa sus mensajes y llamadas y las aplicaciones que ha usado. Pregúntale cómo se sintió al usar su teléfono. ¿Tuvo que cambiar algo en su vida para responder, como dejar de jugar, o perderse una actividad deportiva? ¿Responder a algún mensaje le puso incómodo o se sintió dolido? Aprovecha sus mensajes con sus amigos para hablar sobre dinámicas sociales y escuchar sus problemas.

5. Habla y escucha

Comenta noticias relacionadas con el mal uso de los teléfonos, como el sexting y pregúntale su opinión. Escucha su respuesta. A lo mejor piensa que no es para tanto o que las fotos se autodestruyen y no se le ha ocurrido que alguien puede hacer una captura de pantalla. Explícale que es ilegal tener fotografías de menores desnudos en el teléfono, no importa cual sea la edad del dueño del teléfono, y que no debe mandar ninguna foto suya que sea comprometida.

6. Plantea situaciones

Plantea escenarios y situaciones con tu hijo. Si es necesario, haz el papel de un amigo. Cuantas más situaciones imaginéis, más herramientas tendrá para responder él solo si se le presentan esas situaciones.

7. Conoce a tu hijo

Muchas veces, los niños que tienen problemas de adicción con las tecnologías tienen problemas fuera de las tecnologías. Así que si tu hijo es una persona alegre y confiada, es probable que sea responsable con su teléfono. No te asustes y desesperes. Es cuestión de límites y mucho diálogo.

Alaquàs pasa a ser nueva sección de la Escuela Oficial de Idiomas

En este primer curso la oferta formativa será de dos niveles de inglés y uno de italiano

V. S. L. Alaquàs 04.07.2018 | 10:12

La conselleria de Educación ha atendido las reivindicaciones hechas por el gobierno municipal de Alaquàs y ha creado una sección de la Escuela Oficial de Idiomas de Quart en el municipio.

Este primer año la oferta será de inglés (niveles B2-1 y B2-2) e italiano (nivel A2). Todas las clases serán impartidas en el Castell de Alaquàs. La alcaldesa de Alaquàs, Elvira Garcia, se ha mostrado muy satisfecha con el hecho de que el municipio cuente por fin, con una sección de la escuela oficial de idiomas; ha recordado que «se trata de una antigua reivindicación de los ciudadanos y de la comunidad educativa, que los socialistas traíamos varías años solicitando».

En este sentido, ha indicado que la incorporación de esta nueva oferta evitará a los vecinos desplazarse a municipios cercanos para recibir los cursos de idiomas.

El plazo para la preinscripción ya está abierto, un periodo que se hará extensivo hasta el jueves día 12 de julio.  Será a partir del día 16 y hasta el 20 de julio cuando se formalicen las matrículas.