¿Cuándo hay que tener en cuenta la opinión de los niños?

El diálogo es una herramienta indispensable para establecer relaciones saludables

La adolescencia es el momento de hablar con ellos y tomar conjuntamente muchas decisiones.

Dialogar es un arte que se aprende en casa. Significa saber expresar las propias opiniones y poder escuchar las de los demás con el fin de alcanzar acuerdos y tomar decisiones que puedan convertirse en acciones y cambios. El diálogo es una herramienta indispensable para establecer relaciones saludables. Su ingrediente fundamental es la palabra, un instrumento poderoso, que nuestros hijos necesitan aprender a utilizar con nosotros, sus padres. Si tienes niños cerca ya sabrás que la naturaleza hace su parte y muy pronto comienzan a hacer preguntas, a pedir lo que quieren, a contar lo que ven y a esperar tus explicaciones. Es fundamental aprovechar esta capacidad de autoafirmación innata para enseñarles las reglas del juego del diálogo: expresar, escuchar, decidir y asumir las consecuencias.

La enseñanza del diálogo está muy condicionada por el modelo de familia. La tradicional-normativa se fundamenta en el respeto a las normas y valores de los padres como referencia para los hijos. La obediencia es el eje central de estas familias que suelen olvidar preguntar la opinión a los niños. El riesgo es siempre el autoritarismo. En el lado contrario, en la familia afectiva-relacional, prima la escucha y las relaciones entre los miembros del grupo familiar, pero faltan normas y límites. El riesgo es caer en las situaciones en las que los padres lo preguntan casi todo a los hijos y delegan en ellos su propia autoridad. “Es que el niño no quiere” es la frase más pronunciada por los progenitores, hasta el punto que los hijos los perciben débiles. En ambos casos pueden aparecer los niños-salvadores, cuidadores de los padres, sobrecargados de responsabilidades, que se olvidan de su propia infancia, lo que supone una forma de abuso emocional.

De qué pueden opinar y decidir según su edad

Este equilibrio entre normas y límites, opiniones y decisiones es un arte paternal que es importante saber manejar. En cuanto empiezan a tener el uso de la palabra podemos preguntarles sobre sus gustos y necesidades, pero no pueden tomar decisiones porque no tienen la madurez necesaria. La libertad de opinión tiene unos límites claros: la hora de acostarse, los hábitos de comidas, el uso de tecnología, la higiene personal, ir al colegio o las tareas de orden y apoyo en casa son innegociables.

A partir de los 4 o 5 años podemos tener en cuenta sus ideas en temas como la ropa, los juguetes o ciertas rutinas diarias, con una condición, que elija siempre entre dos opciones limitadas que hayan seleccionado los padres. Por ejemplo, ¿prefieres el pantalón vaquero o el vestido rojo?. No es adecuado a esta edad abrir el armario y dejar que elija lo primero que se le ocurra. Con las rutinas puedes darle voz a sabiendas que la decisión final será tuya ¿qué te gusta más el baño o la ducha? Le dejaremos expresar sus gustos por un juguete que sea acorde a su edad, pero nunca negociar sobre la duración del juego a costa del descanso. Es importante que hable, que participe, aunque no siempre decida.

A partir de los 7 años, cuando comienza a desarrollar el pensamiento lógico,puede opinar sobre actividades de ocio, ampliar su elección de ropa y enseñarle a elegir la comida para que priorice lo sano ¿prefieres ensalada o crema de verduras? Teniendo en cuenta que debe comer verduras y hortalizas. Es el momento, dada su mayor capacidad cognitiva, de las explicaciones, pero también de definir sus gustos. Puede opinar sobre asuntos relacionados con el ocio familiar con la idea de que ha de respetar otras posibilidades y manejar la frustración cuando no se elige la suya. ¿Hoy te apetece ir al parque o al cine? teniendo en cuenta que un día decide él y otro decidirá otro miembro de la familia.

La adolescencia es el momento de hablar con ellos y tomar conjuntamente muchas decisiones. Por ejemplo, la elección de colegio, los horarios de las salidas, las actividades de verano, la organización de sus estudios. En esta etapa hemos de estar presentes y la comunicación abierta y honesta es clave, recordando que somos sus padres no sus “colegas” o amigos. Hace unos días escuché como un padre animaba a su hijo adolescente a tener muchos ligues mientras el chico enfadado le recordaba “que sabía que tenía novia desde hace meses y él no hacía esas cosas”.

Los padres representamos los valores de referencia también en esta etapa, sobre todo, cuando van a tomar decisiones como si van a consumir alcohol, fumar o tener relaciones sexuales. Es muy importante el respeto a su necesidad de privacidad y que asuman las consecuencias, para ellos y los demás, de sus propias decisiones ya que las responsabilidades están implícitas en sus nuevos privilegios de adulto. Enseñar a dialogar a los hijos puede producir conflictos y enfados, pero son necesarios para definir quiénes somos y hasta donde podemos llegar, porque el desafío de dialogar es saber alcanzar acuerdos (frente a las peleas que no sirven para nada). El que no aprende a opinar y decidir, termina siendo quien no quiere ser, su vida se empobrece al no saber utilizar el enorme poder de la palabra.

Beneficios del diálogo con los niños

Escuchar las opiniones de los hijos favorece su autonomía porque aprenden a tener su criterio y alimenta su autoestima pues validamos su punto de vista. Ayuda a que le pierdan el miedo a expresarse y equivocarse, lo que incrementa el sentimiento de respeto hacia ellos mismos. Sirve para sentir que ocupan un lugar en la familia y crear sentimientos de grupo que favorecen la convivencia y el respeto. Enseña a solucionar problemas y tomar sus propias decisiones, sin influencia externa adquiriendo habilidades sociales fundamentales en su vida adulta. Finalmente, favorece asumir sus propias responsabilidades y no cambiar constantemente de opinión. Este proceso de decisión requiere entrenamiento. Los niños aprenden jugando y convirtiendo los momentos cotidianos en oportunidades educativas. 1. Pon las dos opciones encima de la mesa ¿vas a la excursión o te quedas a jugar con sus primos? 2. Luego le pides que razone cada propuesta para impulsarle a pensar 3. Después llega el momento de elegir preguntando cómo va a llevarlo a cabo y qué consecuencias tiene su elección 4. Pon en la ecuación que pueden equivocarse para que le pierdan el miedo al error porque éste enseña 5. Organiza reuniones familiares donde el protagonista sea el diálogo.

Cómo estimular a los niños según su edad

Isabel Carril detalla cuáles son los estímulos que la lectura y la música consiguen entre los niños y niñas de 0 a 12 años

Cómo estimular a los niños según su edad

Ana Camareno, D M&P, El País, 26/12/2018

Me aproximo al conocimiento de saber cómo influyen las canciones en el desarrollo de las personas durante su etapa infantil de la mano, la sabiduría, la humildad y la erudición de Montse Sanuy Simón (83 años), una de las pioneras de los conciertos pedagógicos dirigidos a la juventud y autora de varios cancioneros, de abundantes materiales didácticos, de libros, discos y grabaciones llenos de canciones y músicas idóneas para la enseñanza. Sanuy Simón importó la idea pedagógica del alemán Orff-Schulwerk, uno de los grandes renovadores de la pedagogía musical. La idea central de este método era poner la música y la danza al alcance de todos, fomentado la parte creativa y artística del ser humano a través de la expresión vocal, instrumental, corporal y artes plásticas. Este programa, según afirmó la propia Sanuy Simón, “trataba la música como medio más que como fin. La finalidad no es hacer músicos, sino educar con la música y para la música”.

La directora de uno de los programas infantiles más recordados de Radio 2, “En clave de Sol”, emitido a mediados de los años 80, manifiesta que “la música ha sido fundamental en la evolución del hombre a lo largo de la historia y es necesario acercarse a ella desde tres puntos básicos: la palabra-el ritmo de la palabra-; la música –el mundo de la música- y el movimiento- la música en el espacio. Cantar es respirar, compartir y jugar, además de un pilar importantísimo para fomentar la creatividad”.

Son muchos los estudios dedicados a valorar y analizar la importancia de las canciones durante los primeros años de los más pequeños de la casa. Y prácticamente todos admiten que la música es el estímulo que más partes del cerebro activa: aumenta la memoria, la atención y la concentración, mejora la fluidez de expresión, favorece la facilidad para la resolución de problemas, estimula la imaginación y la creatividad, refuerza el lenguaje e incrementa la sociabilidad.

La directora titular del Grupo Concertante Talia (GCT), Silvia Sanz Torre, cree imprescindible que tanto niños como jóvenes tengan contacto con la música. Esta disciplina, manifiesta Silvia Sanz, “aporta importantes beneficios a nivel académico y, en edades tempranas, la música mejora su rendimiento en matemáticas, en idiomas o en expresión corporal. Además de la superación de dificultades que supone participar en agrupaciones musicales como coros, bandas, grupos de cámara y orquestas”.

Sanz Torre lleva varias décadas trabajando con niños y jóvenes. Una experiencia que le lleva a afirmar que “los niños que se “enganchan” a la música son más comunicativos, tienen menos miedo escénico al hablar en público, poseen escucha activa, aumentan la capacidad de memoria y concentración. Un sinfín de ventajas entre las que me gustaría destacar el desarrollo de la inteligencia emocional, algo a lo que se está prestando especial atención en la actualidad en puestos de trabajo y entrevistas de empleo en los adultos”.

El gusto por la música varía según las diferentes etapas que atraviesa una persona y, además, está íntimamente relacionado, no solo con su edad, sino también con su origen, cultura, tradición, etc. Sin embargo, lo que parece claro es que, en especial, la música de canciones populares, asociadas con tonos relacionados con el lenguaje, puede favorecer el aprendizaje posterior. Entre otras cosas, por el ritmo, tono, variedad auditiva estimular, capacidad de repetición y diversidad en la intensidad y frecuencias tonales. Elementos importantes en los procesos de aprendizaje y consolidación de la memoria. Para los primeros años, como explica Sanuy, “las canciones populares de nana y la música suave como la de Mozart, pueden resultar las más adecuadas”.

Dada la importancia que tiene la música en nuestras vidas, Sanz Torre anima a las familias a que compartan momentos musicales, cantando en el coche de camino al colegio o en un viaje, escuchando alguna pieza tranquila al final del día, recordando momentos con canciones emblemáticas o dialogando sobre la música que escuchan analizando los textos, las sensaciones y emociones que les producen. Porque, como afirma la única mujer directora titular de una temporada estable en el Auditorio Nacional de Música, “los padres son el ejemplo diario para que los niños se aficionen a un mundo en el que todo son beneficios y del que disfrutarán toda la vida en soledad o en compañía, y que les reportará momentos especiales y emociones sin nombre”.

Y si importante es la música para niños y jóvenes, no debemos olvidarnos de incluir la lectura de cuentos para el futuro desarrollo de los niños. Angélica Sátiro, pedagoga y directora de los programas Casa Creativa y Proyecto Noria, enumera algunas razones por las que es importante: “Porque los cuentos son grandes espejos para el desarrollo de la infancia, presentan modelos de actitud, de valores, de relaciones, de interacciones, de formas de estar en el mundo. Y tanto presentan personajes y situaciones que son modelos a seguir como también algunos que son contraejemplos. Es decir, son grandes aliados en la educación ética de las criaturas. Porque permiten catarsis y ayudan al desarrollo emocional de los infantes. Y, por último, porque ofrecen una entrada importante al mundo del lenguaje. Escuchar y narrar cuentos son grandes ejercicios de pensamiento y de expresión”.

Para Angélica Sátiro, “cuando narramos un cuento a un infante y dialogamos sobre él y/o pedimos que dibujen o se expresen a través de otros lenguajes expresivos, podremos observar la criatura en su totalidad. Es decir, podremos conocer su nivel de lenguaje, de estructura de pensamiento, de desarrollo emocional y de entendimiento de la realidad. Los cuentos son buenas puertas de entrada para el mundo interior de las criaturas, pueden hablar a través de los personajes y de sus aventuras”.

Para Isabel Carril, directora editorial de Bruño, uno de los factores que más influyen en los niños para inicien su gusto por la lectura, es cuando empiezan a leer. “A estas edades a todos los niños les gusta que les lean cuentos, especialmente los padres, por lo que se establece un vínculo afectivo con el libro que será la semilla que cree futuros lectores”. Y sostiene que “el libro debería ser un elemento más en la vida familiar y escolar, como son los alimentos y los juguetes”

Isabel Carril detalla cuáles son los estímulos que la lectura de cuentos consigue entre 0 a 12 años:

De 0 a 1 años. Libro sensoriales que desarrollen los sentidos y la atención. Tienen éxito dibujos o fotos grandes en colores vivos. Los temas están relacionado con el mundo del bebé: el cuerpo, la familia, el parque…

De 1 a 3 años. Libros visuales que permitan al niño una lectura de imagen acompañada de un breve texto leído por un adulto. Los temas favoritos son: Los cuentos clásicos, animales: salvajes y granja, la escuela infantil, los amigos…

De 3 a 6 años. Libros para los que empiezan a leer. El texto debe ir en el mismo tipo de letra que están utilizando en la escuela para el aprender a leer. Deben tener un vocabulario y unas frases muy adecuadas al desarrollo lingüístico del niño para que les resulte muy fácil comprender el texto. Edad ideal para los álbumes ilustrados, que pueden comenzar a ser escuchados antes y a ser leídos en estas edades. Los temas que tienen éxito son parecidos a los de la etapa anterior pero con más contenido. También, últimamente, tienen éxito los contenidos que suelen dar en la escuela infantil: el espacio, Egipto, La prehistoria, los dinosaurios…

De 6 a 8 años. Primeros lectores. El texto va ganando a la ilustración. Los temas favoritos son: vida cotidiana de niños y niñas que se puedan identificar, amigos, escuela, fantasía…

De 8 a 12 años. El texto va creciendo de acuerdo con el desarrollo lector del niño. Los temas favoritos son: pandillas, fútbol, fantasía…

A través de la lectura de cuentos también se pueden prevenir y detectar problemas de manera temprana. “Desde los primeros meses nos podemos dar cuenta si un niño percibe bien las imágenes y los sonidos. La detección temprana de cualquier problema lector es la principal ventaja para que se ponga remedio y se solucione”, agrega Isabel Carril.

 

Cómo ayudar a nuestros hijos a deshacerse de los juguetes sin lágrimas

Cómo ayudar a nuestros hijos a deshacerse de los juguetes sin lágrimas

Sapos y Princesas, El Mundo, 08/01/2019

Nuestros hijos suelen tener su cuarto repleto de objetos. A lo largo del añoreciben numerosos regalos en Navidad, cumpleaños u otras fiestas. Llega un momento en el que no se pueden mover con facilidad por su habitación o no los encuentran si no quitamos algunos. Los padres intentamos que se deshagan de algunos con los que ya no juegan o no son adecuados para su edad. Pero solamente comentárselo suele convertirse en un momento tenso con berrinches y enfados. Por ello, tenemos que buscar estrategias para que nuestros hijos aprendan a deshacerse de los juguetes sin lágrimas.

La Navidad es uno de los momentos más críticos ya que suelen recibir muchos regalos. Según el estudio Tendencias de consumo en Navidad, los españoles se gastan de media 285 euros en regalos durante las fiestas. Y, por supuesto, la mayoría de esta cantidad está destinada a los más pequeños. Su habitación se vuelve a llenar de muñecos y tenemos que planificar la forma de buscar espacio para los nuevos.

La donación a otros niños como solución

Una solución para que nuestros hijos sepan deshacerse de los juguetes sin lágrimas es enseñarles el concepto de donación desde que son pequeños. Tienen que comprender que aquellos que ya no utilizan pueden beneficiar a otros niños que no los tienenDeben aprender a compartir con los que más lo necesitan.

Les tenemos que explicar con calma que esta acción dará una segunda vida a aquellos muñecos que ya no utilizan. Con su gesto darán alegría e ilusión a esos niños cuyos padres no pueden permitirse comprar. Además seremos un buen ejemplo si ven que somos solidarios y nos preocupamos por los demás.

Los juguetes que se donen deberán estar siempre en perfecto estado

La solidaridad es un valor importante para nuestros hijos porque es la forma de que tomen conciencia de las necesidades de los demás así como del deseo de contribuir y colaborar para su satisfacción. Un valor que hay que fomentar tanto en la familia como en el colegio. Además, implica afecto: el apoyo al amigo, la proacción hacia los más desposeídos, a los que no ven reconocida su categoría de ciudadano o de persona, la empatía hacia las personas que sufren situaciones injustas.

Además, deberemos enseñarles a cuidar bien sus pertenencias desde la infancia, ya que aquellos que donen deberán estar siempre en perfecto estado. En ningún caso deberemos donar aquellos que no funcionen o estén rotos. 

Cómo deshacerse de los juguetes de los niños

Aprender a deshacerse de los juguetes con la donación

Si queremos que nuestros hijos se deshagan de objetos que ya no usan sin berrinches ni lágrimas, tenemos que hablar con ellos. Debemos dedicar una o dos horas de un día del fin de semana a organizar su habitación y a decidir cuáles se pueden donar, cuáles se deben desechar y cuáles se quedarán al final de su cuarto un año más. Os vamos a dar varios consejos prácticos para que esta tarea no se convierta en una tragedia.

1. Hablar de la donación

Lo mejor es iniciar una conversación sencilla y tranquila. Tenemos que explicarles que hay niños que no tienen juguetes y serían muy felices dando una nueva vida a los que ya no utilizan. Cuando veamos que lo han entendido y que están dispuestos a dar aquellos que ya no utilizan, podemos empezar a separar los elegidos.

2. Elegir los juguetes

Lo más práctico es elegir primero los que están al fondo de los cestos o cajas. Si no ha jugado con algunos desde hace más de un año se debe deshacer de él. También podemos convencer a nuestro hijo de que descarte aquellos que “ya son para bebés” y que no va a utilizar.

Cómo deshacerse de los juguetes de los niños

3. Objetos problemáticos

Si tu hijo tiene alguno con el que no juega pero no se quiere deshacer de él de ninguna manera, otra solución es guardarlo un tiempo en un armario o el trastero. Normalmente se olvidarán de él y cuando se lo enseñemos más adelante, decidirán que debe ir a la caja de donaciones.

4. Juguetes para descartar

Si a un muñeco le falta un brazo o un puzzle no tiene las piezas tenemos que tirarlo porque no se lo debemos regalar a otro niño. Esos deben ir a la basura porque no pueden valer para jugar. No debemos dar aquello que no nos gustaría que nos regalasen o que tiene alguna tara o defecto. Tenemos que quitar las pilas para que no contaminen.

5. Implicarles en la entrega

Una buena idea para deshacerse de los juguetes es implicar a los menores en la labor de entregarlos para su posterior donación.Puedes pedirle que escoja uno que ya no utiliza y que te acompañe a hacer la entrega a algún centro comercial o punto de recogida. De esta forma verán que no van a la basura y que otras personas se los darán a los que van a ser sus próximos dueños.

6. Limitar el espacio

Otra opción es limitar el espacio que tienen en su habitación este año para los muñecos. Podemos indicarle que solo pueden guardar los muñecos en determinados cestos o cajas. Deshacerse de los juguetes le obligará a ser más organizado. Si entra uno nuevo, tienen que saber que algo viejo tiene que irse. Si planteamos esa dinámica todos los años sabrán que antes de fechas claves de regalos como la Navidad o su cumpleaños debemos hacer espacio en su cuarto. Se acostumbrarán a ser más solidarios.

 

Cómo educar a un niño para que la única puerta que abra a las mujeres sea la de la igualdad

Preparar a un hijo para que se libre del machismo es tan importante como elegir un buen colegio

igualdad

Verónica Palomo, El País, 07/01/2019

Han nacido con el fin del silencio. Son niños que están creciendo en medio del despertar de una nueva conciencia feminista y, aunque la cifra de 49 mujeres muertas a manos de sus parejas en el 2018 revela que aún queda mucho por hacer, los pequeños están siendo testigos del desarme de la violencia patriarcal.  Si la era #MeToo trae algún cambio, será uno en la educación, que es el reto más importante. Como dice la activista Gloria Steinem, “el gran problema de todos, hombres y mujeres, no es aprender sino desaprender”… el machismo, en este caso.

No es tarea fácil. Primero hay que asimilar que enseñar al hermano mayor a que vigile a la pequeña cuando salga de noche quizá no sea lo más acertado. Luego necesitamos comprender qué quiere decir que la violencia de género es un problema de educación. ¿Es no levantar faldas en el patio del colegio? ¿Repartir equitativamente las tareas del hogar entre el niño y la niña? Esto es lo que los opinan los que más saben del asunto.

Predica con el ejemplo o “aquí fregamos todos”

A los padres les preocupan cosas como que sus hijos tengan conductas violentas o desafiantes con otros niños, por eso les corrigen cuando insultan o levantan la mano a un amiguito -aunque a veces pueden tomarse los castigos como una recompensa-. Pero muchos progenitores no se paran a analizar la forma en que ellos se relacionan con sus niños. “¿Qué aprenderá si le digo que no grite mientras le levanto la voz, que no pegue a su hermana mientras le zarandeo del brazo, que no insulte mientras le recuerdo lo tonto que es?”, se pregunta la psicóloga sanitaria experta en violencia de género Penélope Piñera. Con la igualdad pasa lo mismo.

“Antes de plantearse cómo educar a sus hijos e hijas en un contexto de igualdad, los padres deberían analizar desde qué parámetros fueron educados ellos, y qué papeles desempeñan dentro su propio sistema familiar. No es eficaz tratar de educar a un hijo en la corresponsabilidad de las tareas del hogar mientras observan cómo, en su día a día, es su madre quien renuncia a su tiempo para hacer las tareas domésticas”, reflexiona.

El nuevo padre no acepta un papel secundario en la crianza

Son muchos los hombres a los que desde hace ya tiempo no les compensa el machismo, que ya no se sienten cómodos ni identificados con el modelo de masculinidad patriarcal. A pesar de seguir teniendo más derechos y privilegios que las mujeres, se sienten explotados por un sistema en el que deben encontrar un nuevo modelo de ser propio, no impuesto.

HABLAR DE SEXO EN LA ERA DEL METOO

No se han dado su primer beso, pero ya consumen porno y Google es la escuela de sexo donde aclaran todas sus dudas. Sin embargo, los padres siguen siendo necesarios. La experta en sexología María del Mar Patrón aconseja cómo deben abordar el tema del sexo con ellos.

La sexualidad explica procesos tan importantes para el desarrollo personal como la identidad de género, los roles de género, las fantasías, los vínculos afectivos… Los hijos necesitan ayuda para aprender a conocerse, aceptarse y vivir su sexualidad plenamente.

Hay que promocionar los valores positivos implícitos en la sexualidad, aquellos que hacen referencia al placer, al respeto, a la confianza, a la libertad, al conocimiento, a la comunicación, a la igualdad y a la diversidad.

Cuando pregunten, responder con evasivas o gestos de reprobación no es lo más aconsejable. Tampoco lo es hacer chistes machistas o comentarios inadecuados, ni siquiera ante la escena de una película.

Lo que más valoran tanto las chicas y chicos es la honestidad. Está bien reconocer que hablar de estas cosas cuesta, y un padre puede admitir que desea que su hijo tenga información y que, si él no puede dársela, quizá haya que recurrir a otras personas.

“El género es una construcción social y cultural, por tanto el concepto de masculinidad y feminidad no es algo estático sino que se aprende, se impone, se desarrolla o se modifica en función de muchos condicionantes externos. No solo es posible encontrar nuevos modelos de masculinidad, es absolutamente necesario para lograr una sociedad más justa e igualitaria”, profundiza Piñera.

Un ejemplo es el decálogo de principios básicos para tomar conciencia sobre la necesidad de un cambio desde la responsabilidad masculina, que la Asociación de Hombres por la Igualdad (Ahige) ha elaborado. Entre ellos destaca “el proceso y replanteamiento de la relación con sus hijos e hijas. Un nuevo hombre y padre que ya no acepta continuar con un papel secundario e intenta que la relación sea más completa, aprendiendo a implicarse directamente con ellos y ellas”. El objetivo es claramente cuidar mejor a sus hijos.

El hombre caballeroso del siglo pasado, ese que era amable con la mujer colocándola en un pedestal porque la veía como un ser vulnerable y con necesidad de protección, está muriendo. Ahora vemos nacer a uno nuevo al que le han transmitido valores de cuidado y protección a las personas que quiere, independientemente del sexo al que pertenezcan.

Hay que erribar el mito (que tanto daño hace) del amor romántico

La psicóloga de la Universidad de Kentucky Christia Brown, aseguró en un reportaje publicado en el periódico estadounidense The New York Times que cuando las chicas terminan la escuela secundaria, la mayoría ha sido acosada sexualmente. El artículo se hizo viral en el país, pero no hace falta ir a los institutos americanos para detectarlo. El problema es global. En España, según datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, el número de menores de edad enjuiciados por violencia de género aumentó un 40% en 2017, con 226 chicos juzgados por malos tratos a sus parejas.

María del Mar Padrón, especialista en sexología, coeducación y violencia de género, señala como origen del maltrato el mito del amor romántico, ese que se basa en el sufrimiento, la renuncia, los celos y el control como muestras de amor. “El mejor antídoto para luchar contra él es que los padres aceptemos y tratemos por igual a hijos e hijas, dándoles a cada cual su propia identidad. Hay que fomentar la empatía y la ética del cuidado en los chicos, y el valor de la autonomía en las chicas”, indica la experta. Esta educación hará que sean capaces de relacionarse de una manera más sólida, sin machismo de por medio y tratándose como iguales.

Reformular unos roles de género muy desfasados

En una sociedad cada vez más unisex es casi obligatorio preguntarse para qué sirven los roles de género, esas manifestaciones del tipo “las niñas son más obedientes y maduras y los niños más brutos, pero más nobles”. Son coletillas que chirrían con solo leerlas, pero que no dejamos de repetir, y no tienen nada que ver con factores biológicos; se dan en los seres humanos independientemente de su género.

“Es cierto que los roles de género cumplen con un objetivo en función de lo que una sociedad considera adecuado para hombres y mujeres en cada momento histórico, el problema está en que en la mayoría de las sociedades actuales predomina un sistema patriarcal donde se ejerce la supremacía de lo masculino, donde se sitúa al varón como referente”, explica Piñera. Un ejemplo ilustrativo es utilizar el masculino como genérico universal, justificándolo con la idea de que incluye a las mujeres.

Hay que reformular los roles, y la tarea que comienza con los juguetes y sus imperfecciones, que se dejan de lado en los catálogos actuales, que además los distingue por sexos. “La pregunta que todo el mundo debería hacerse es: ¿se necesitan los genitales para jugar con ellos? No, pues entonces todos los juguetes son igualmente válidos para niños o niñas. Los únicos criterios que deberíamos tener en cuenta a la hora de elegir un juguete son la edad, las destrezas o capacidades que desarrollan, los gustos…”, matiza la experta.

Ojo con la música, las películas y la moda

Por muy bien que lo estemos haciendo en casa, hay aspectos externos que pueden disolver todo lo que hemos ido creando. Películas, series, música, que transmiten la idea de que hay parejas predestinadas, que los celos son una muestra de amor, que cualquier sacrificio es válido por la pareja… No hacen ningún bien en nuestra lucha por educar a nuestros hijos en un ambiente de igualdad de derechos y oportunidades.

“De poco sirve si en casa nos relacionamos de forma igualitaria y no violenta pero la música que escuchan nuestros hijos varones hace apología de la violencia y el abuso sexual, si sus películas les transmiten roles de género donde las mujeres son frágiles y sumisas, y están siempre a la espera a que un príncipe las rescate”, concluye la experta.

¿Cómo funcionan las emociones de los niños?

¿Cómo funcionan las emociones de los niños?

Nuria Llorente, Sapos y Princesas, El Mundo, 05/01/2019

Todos sabemos, y las investigaciones nos lo confirman, que el corazón tiene una especial relevancia frente a la cabeza cuando nos enfrentamos a situaciones especialmente importantes. Las emociones son las que nos permiten afrontar experiencias demasiado difíciles como la pérdida de un familiar o la relación difícil con nuestro jefe que no se pueden resolver exclusivamente con el intelecto. ¿Conocemos cómo funcionan las emociones de los niños?

Sabemos por propia experiencia que nuestras decisiones y nuestras acciones dependen tanto de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos, incluso a veces dependen más de los primeros. En la infancia, ocurre lo mismo, en ocasiones se ven arrastrados por la sensibilidad y pueden encontrarse en una situación desbordada que no saben cómo abordar.

Tipos de emociones de los niños

Las emociones son impulsos que nos llevan a actuar. Son la expresión de una reacción automática y si lo traducimos del latín, su significado es “movimiento hacia”, es decir, en cada una de ellas hay implícita una tendencia a actuar. Pero no todas nos predisponen a la misma acción. Cada una de ellas influye en el cuerpo con un tipo diferente de respuesta:

La ira

Una de las emociones de los niños más básicas. Aumentan el ritmo cardíaco y el flujo sanguíneo en los miembros superiores haciendo que sea más fácil golpear a un enemigo. También aumenta la tasa de hormonas, concretamente la adrenalina que genera la cantidad de energía necesaria para llevar a cabo acciones que requieran de fuerza física extra.

El miedo

La sangre disminuye en la cara, lo que explica ese color pálido y esa sensación de frío que se tiene en una situación que nos produce temor. La circulación sanguínea fluye hacia las piernas favoreciendo así la huida. En ocasiones, por el contrario, la circunstancia provoca la paralización del sistema nervioso por el bloqueo.

El amor

La ternura y la satisfacción sexual activan el sistema nervioso parasimpático provocando un estado de calma y satisfacción que favorece la convivencia.

La tristeza

Nos ayuda a asimilar una pérdida irreparable. Provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades diarias, especialmente las que disfrutamos y, cuanto más se profundiza en ella y se acerca a la depresión, más se desacelera el metabolismo corporal. Esta es la manera en la que el cuerpo nos ayuda a estar con nosotros mismos, a llorar, a sopesar las posibles consecuencias y planificar, cuando la fuerza vuelve, un nuevo comienzo. Otra de las emociones de los niños más básicas.

Tipos de emociones de los niños

La importancia de las emociones

Estas predisposiciones a la acción son biológicas, pero son modeladas posteriormente por nuestras experiencias y por el entorno sociocultural en el que nos ha tocado vivir. La pérdida de un ser querido por ejemplo provoca universalmente tristeza, pero la forma en que expresamos esa aflicción (el tipo de emociones que expresamos y las que guardamos para nuestra intimidad) es moldeada por nuestra cultura. Es ahí donde los padres aparecemos y tenemos el importante papel de guiar a nuestros hijos en este tipo de experiencias. 

Las emociones de los niños son importantes para el ejercicio de la razón. Guían nuestras decisiones a diario, trabajando conjuntamente con nuestra parte más racional y ayudando a veces e impidiendo otras a que el pensamiento funcione. Y a la vez desempeña un papel fundamental en nuestros sentimientos, pues nos ayuda a identificarlas, analizarlas y a mantenerlas “a raya” en la intensidad adecuada en distintas situaciones.

Por tanto, tenemos dos cerebros y dos clases diferentes de inteligencia: la racional y la emocional, y nuestro funcionamiento en la vida está determinado por ambas.

En estos últimos años por fin se le está dando a la inteligencia emocional el sitio que merece porque como hemos visto, es fundamental desarrollar “la habilidad para controlar los sentimientos de uno mismo y de otros, discriminar entre ellos y usar esta información para guiar las acciones y el pensamiento de uno” (Peter Salovey y John D. Mayer, 1990).

El objetivo de todo trabajo de educación de las emociones de los niños es que la cabeza llegue a trabajar codo con codo con el corazón. Los padres tenemos que apostar por ello.

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” Aristóteles, Ética a Nicómano.

El plan de unos profesores para que sus alumnos adolescentes estudien: conocer su cerebro

Mayte Amorós, El Mundo, 04/01/2019

El IES Antoni Maura implanta un método que incluye teatro, neurociencia y liderazgo para fomentar que los alumnos se saquen el título de ESO

El fracaso de nuestros niños

“Ahora me gusta ir a clase”

En el IES Antoni Maura más de la mitad de los estudiantes (60%) que empezaban la enseñanza secundaria obligatoria no conseguía finalizar sus estudios. El centro, ubicado en polígono de Levante, en el extrarradio de Palma, era una fábrica de chavales sin futuro... Hasta hace dos años cuando los profesores se pusieron manos a la obra para reducir la alta tasa de abandono educativo -especialmente alta en Baleares- e implantaron el proyecto de Erasmus + llamado Un título, un futuro. El plan ha revolucionado las aulas. Los docentes han viajado a países nórdicos para aprender cómo se enseña en los países con mejores resultados educativos y ahora aplican en clase mindfullnessneurociencia, hacen teatro y los jóvenes cerebros no se aburren.

En poco tiempo ya se notan los resultados entre los chavales, aseguran los profesores. Han dejado de calentar la silla y se han propuesto como prioridad sacarse el título de la ESO. «Han entendido que les hace falta esta titulación para tener un futuro mejor. Ahora tienen expectativas de futuro», celebra la coordinadora de este proyecto, Raquel María Orío, y profesora de Lengua y Literatura en este centro educativo.

El IES Antoni Maura presentó este proyecto de movilidad Erasmus + titulado Un título, un futuro. Europa y las estrategias para el éxito hace dos años con el objetivo de frenar el temprano abandono escolar. De entre más de 600 propuestas, 334 fueron subvencionadas por el Ministerio de Educación, entre ellas, la del IES Antoni Maura.

La beca ha permitido a los docentes viajar a Copenhague y ahora acaban de volver de Estocolmo. Allí han hecho cursos de narrative coaching, liderazgo, neuroeducación y neurociencia. Todo lo aprendido de las formaciones en el extranjero se ha adaptado en forma de actividades a la realidad del instituto porque «no se puede extrapolar tal cual».

«Así hemos aprendido nuevas metodologías para llegar al alumno, cómo funciona el cerebro y cómo aprender a través de las palabras. Así, el alumno es consciente de sus objetivos y creamos una expectativas de adquisición del título de la ESO seguros de que mejorará su vida personal y profesional», explica Orío.

El 26,5% de los alumnos de Baleares que empiezan la enseñanza secundaria obligatoria no consigue finalizar sus estudios. Baleares se sitúa a la cabeza del abandono escolar temprano en España, casi siete puntos por encima de la media nacional, que se sitúa en el 18,2%. En el IES Antoni Maura conviven con ello a diario. «Estamos hablando de alumnos que vienen porque la ley les obliga y que no tienen ninguna expectativa. Al final abandonan, se van sin título, se perpetúa la situación en la que viven y se quedan sin posibilidades de acceder a un buen trabajo», lamenta la coordinadora.

¿Cómo se les convence de que tienen que estudiar? Hablando con ex alumnos. «Muchas veces nosotros los profesores no somos capaces de llegar a los alumnos porque nos ven muy lejanos pero a un chico de su edad lo escuchan más y sienten más empatía», argumenta Orío, que ha organizado charlas con ex alumnos del IESAntoni Maura para que éstos les expliquen su experiencia propia y transmitan la importancia de tener el título. De este modo, dice, «les impacta más porque ven la realidad más cerca».

También funcionan los talleres de teatro donde los estudiantes crean un guion y representan su vida en un futuro. Verse en ese espejo les ayuda a tomar conciencia de que esa vida que les gustaría tener pasa por sacarse un título.

De este modo, en el IES Antoni Maura la Ode la ESO ya no quiere decir obligación sino opciones para no abandonar el instituto. Es futuro.

Ni notas en clase ni marcadores en baloncesto: el fin de la competitividad de los ‘niños burbuja’

Berta G. De Vega, El Mundo, 03/01/2019

Partidos sin resultados, colegios sin premios para alumnos sobresalientes… ¿Es la excelencia un problema para la educación? El exceso de protección en los colegios propicia una paradoja: que destacar se vea como algo negativo

Hipohijos: por qué los niños mimados se convierten en adultos ‘blanditos’

«Ya no es que no nos digan las notas en alto: es que nos han pedido que no se las preguntemos a nadie». Luis, un niño competitivo de 12 años, protestaba así por la nueva política de su colegio. El mismo centro que, paradójicamente, había reconocido la excelencia académica de su hermano mayor, de 16, en una ceremonia de fin de curso. Aunque eso fue hace unos años. Ahora los premios a las buenas notas se han convertido en galardones a la ciudadanía para los niños que mejor se portan.

Lo mismo sucede en los partidos de baloncesto de menores de ocho años que se juegan en Andalucía. La Federación Andaluza de Baloncesto lanzó el año pasado la iniciativa Valorcesto, que prescinde de los marcadores con las canastas de cada equipo para, en su lugar, contabilizar los puntos que consiguen los padres de los pequeños en función de su fair play durante el partido.

«El peor castigo que puede tener una persona es la rebaja de la autoestima», declaró la ministra de Educación, Isabel Celaa, para justificar que se pueda aprobar Bachillerato con un suspenso. Últimamente, la competitividad en la educación parece un problema… ¿Premiar a los alumnos más brillantes supone castigar a los que se esfuerzan pero no consiguen esas notas? La ausencia de competitividad, ¿cómo afecta a la motivación y, por tanto, a la excelencia? ¿Por qué la frustración que genera la derrota en el deporte no se tolera en el ámbito académico?

Francisco Castaño, psicólogo y autor de La Mejor Medalla: su educación (Grijalbo), es contundente: «La competición está muy bien como medio de aprendizaje, no como fin. Se aprende a gestionar la frustración, a felicitar a quien ha ganado. Lo malo es cuando se usa para comparar y como presión. Ahí es cuando sufre la autoestima, si los niños se han esforzado a tope. Yo no exigiría notas, pero sí que diera lo mejor de sí mismo. Pero si el resultado da igual, entonces para qué voy a meter canastas, para qué voy a intentar hacerlo bien en el examen».

Echemos la vista atrás unas décadas: San Estanislao de Kotska, colegio de los jesuitas de Málaga. Allí, cuenta el abogado Mariano Vergara, la máxima aspiración era ser proclamado Príncipe. «Todo el colegio se reunía en el salón de actos», recuerda. «El Padre Ministro empezaba a leer un texto que decía: ‘Como premio a su intachable conducta y excelente aprovechamiento, se proclaman las siguientes dignidades…’. Y cuando se nombraba a un escolar, recibía un fuerte aplauso, subía a un escenario, se le imponía un collar, se escuchaba la marcha de lo Infantes con todos en pie y saludaba a sus padres, que siempre lloraban. Luego se nombraba al Primer y Segundo Regulador. Para conseguirlo había que tener unas notas altísimas, con unas pruebas muy duras. Sólo se podía ser Príncipe en un curso, y así se estimulaba la excelencia».

Suena a puro anacronismo.

Marta Ferrero, psicopedagoga e investigadora en educación en la Universidad de Deusto, entiende que no se canten las notas: «Yo sólo hablaría en voz alta del rendimiento general del aula y compartiría los errores más frecuentes sin dar nombres. Y, a su vez, dejaría que cada niño decidiera si, a título personal, quiere o no compartir sus notas. No sé qué tiene de bueno hacerlas públicas». «Por el contrario», continúa esta experta, «me consta que sí puede acarrear consecuencias negativas, como que algunos compañeros se dediquen a encasillar a otros con peor rendimiento. En los alumnos avanzados puede ser motivador, pero en los que tienen cierta dificultad puede convertirse en un lastre».

Castaño explica que, detrás de iniciativas como eliminar los marcadores puede haber un exceso de protección a los niños, uno de los grandes defectos de la educación contemporánea. El psicólogo canadiense Jordan B. Peterson, autor superventas con sus 12 reglas para vivir (Planeta), ha alertado alguna vez de lo pernicioso de esta tendencia: «Si quitas la competitividad y prohíbes la agresividad, estallará. En el colegio de mi hijo no dejan que se tiren bolas de nieve. Si quitas los marcadores del deporte es patético, es una distorsión total de lo que es el juego que, además, es cooperativo, se tienen que ayudar unos a otros».

«Tan absurdo es decir que hay que excluir todo elemento competitivo de la educación como decir que introducirlos constituye la panacea», tercia David Reyero, investigador del departamento de Filosofía de la Educación en la Universidad Complutense. «Quitar del todo el marcador en los partidos de baloncesto resulta absurdo y responde a un supuesto ideal inclusivo claramente equivocado. La inclusión no puede realizarse a costa de una política que oculte la excelencia y las categorías mejor/peor o bueno/malo. Forma parte de las finalidades educativas básicas aprender a reconocer el mejor desarrollo en ámbitos valiosos». A su juicio, además, «establecer espacios en los que se resalta y premia la excelencia y se hace públicamente supone un beneficio no sólo porque estimulamos a los estudiantes, sino porque realzamos lo que premiamos. No es lo mismo un premio al que sea capaz de comer más perritos calientes que al mejor en fotografía matemática».

María Calvo es una de las defensoras más conocidas de la educación diferenciada en España, con libros como La masculinidad robada (Almuzara). En él, explica que la competitividad es esencial en el aprendizaje masculino. «Los motivadores bioquímicos masculinos, las hormonas como la testosterona, hacen que la competición sea atractiva, divertida y les llena de energía», argumenta. «Los niños se pasan el tiempo compitiendo. Canalizan la agresividad proporcionada por su flujo hormonal en juegos de acción, competencia, dominio y liderazgo».

Calvo recuerda que los chicos varones tienen más fracaso escolar y presentan mayor déficit de atención e hiperactividad. «Les gusta competir y no se trata de ganar por ganar, es como superación personal», subraya. «Cuando te presentas a un examen vas a ganar, no a participar. La vida es intentar sacar adelante cosas, desde el trabajo a la familia. Si suprimes la competitividad, hay apatía hacia todo».

Profesora de Derecho Administrativo en la Carlos III de Madrid, cree que es indispensable saber manejar la frustración. Y también que destacar a quienes consiguen mejores resultados puede contribuir a crear líderes que ayuden al resto. «Pero para eso hay que saber quién es el mejor de la clase», remacha.

«Hablemos del asunto de la igualdad, de lo más interesante», expone el filósofo y pedagogo Gregorio Luri. «El vicio principal de toda sociedad igualitaria es la envidia: el gran vicio de la sociedad griega libre. Y la gran virtud de todas las aristocracias es, a mi juicio, que todos saben quiénes son y, por consiguiente, no se comparan con otros. Este compararse constantemente es la quintaesencia de la vulgaridad», escoge el filósofo una cita de Hannah Arendt para explicarlo.

Barbara de Aymerich es investigadora, profesora, madre y fundadora de Espiciencia. Se trata de una iniciativa puesta en marcha en Espinosa de los Monteros (Burgos) gracias a la cual los niños aprenden ciencia y, a veces, compiten en iniciativas internacionales con proyectos. Su mentora resume así el debate sobre el final de la competitividad: «A favor siempre de aplaudir el esfuerzo, de felicitar en público y reprobar en privado, de impulsar al que le cuesta con motivación y dando alas y recursos al que va por delante».

Alberto Royo es autor de varios libros sobre educación y también cree necesario que en clase haya ejemplos. «El estímulo más eficaz para un alumno ha de ser fijarse en los mejores. Para ello, es imprescindible que valoremos a los que mejor lo hacen. De ninguna manera significa esto que debamos despreciar a aquellos que no rinden a un buen nivel. Es imprescindible reconocer siempre el esfuerzo y, si se da la necesidad, reconducir los excesos de competitividad que supongan que un alumno olvide que el principal reto es superarse a sí mismo». Royo traza una línea roja: los profesores deben conocer a sus alumnos lo suficiente como para saber cuándo se está haciendo daño si se habla de las notas en público.

Y fuera del mundo académico, ¿qué se opina? Carmen López tiene mellizos. El chico saca muy buenas notas; la chica, pese al esfuerzo máximo, no tanto. «Yo creo que motivar no es leer notas en voz alta. La competitividad es buena, pero sólo hasta cierto punto, como todo. He visto niños hipercompetitivos que me han helado el corazón».

Hablamos ahora de lo que sucede en las competiciones académicas internacionales. A la entrega de premios de las Olimpiadas científicas, por ejemplo, hace tiempo que no acude un ministro de Educación. Este año, Alex Epelde volvió con medalla de oro de la Olimpiada de Física. Es el primer español que la consigue.

Cuando la selección de Matemáticas de EEUU recuperó la medalla de oro para su país, el presidente Obama les felicitó a través de Twitter. En España, la Real Sociedad Matemáticas Española y la de Física han tenido que batallar para que el Gobierno se haga cargo de los gastos de los viajes de alumnos como Epelde.

Todo lo contrario que sucedía en Singapur… hasta ahora. En octubre, el estado asiático que lleva la importancia de la educación impresa en sus billetes, anunciaba su intención de aflojar en el ambiente competitivo. A partir de ahora los boletines no reflejarán qué posición ocupan los estudiantes en clase según sus notas. Una medida insólita en el país que acabó arrasando en la última convocatoria del Informe PISA y que busca orientar a más alumnos a la Formación Profesional.

Mientras, en España, hay un déficit de estudiantes brillantes en esa misma prueba internacional. Si eso tiene que ver con un mayor o menor ambiente competitivo en las aulas, queda en el aire. «De todas maneras, nos vamos a enterar de las notas, mamá», decía Luis, el niño al que invitaban a no preguntar a sus compañeros si habían aprobado o suspendido. «En cuanto acaba un partido de baloncesto, los niños saben quién ha ganado, llevan la cuenta», decía Rosa, madre de Oliver, un niño que ahora juega al valorcesto.

Mi hijo saca malas notas, ¿y ahora qué?

Vivimos en una sociedad en la que los niños van creciendo sin desarrollar debidamente sus capacidades de esfuerzo y superación ante los retos

Las nuevas generaciones tienen importantes carencias de esfuerzo y fuerza de voluntad

La Razón, 22/12/2018

Pasa muchas veces en muchos hogares. Llegan las notas y el niño ha suspendido ¿Qué ha pasado? ¿el niño no ha estudiado lo suficiente? ¿no hemos estado todo lo pendientes que deberíamos? ¿existen problemas con el profesor? Ante estas dudas, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) recuerda que las notas escolares son el resultado de una evaluación continua, y no se puede hacer culpable al niño exclusivamente de un resultado negativo (o positivo), ya que la responsabilidad es tanto del niño como de los padres y de los profesores. Además, añaden que pese a todo aún queda mucho curso para revertir malos resultados.

En palabras de Juan Sánchez Muliterno, presidente de AMEI-WAECE, “en caso de que nuestros hijos obtengan calificaciones por debajo de nuestras expectativas como padres, no debemos olvidar que lo importante es que los niños aprendan de sus errores y consigan superarse, comprendiendo y trabajando el valor del esfuerzo”.

Se ha demostrado que la estricta obediencia o los castigos son ineficaces para el desarrollo de los más pequeños. La obediencia, como valor, es un aspecto necesario para potenciar sus capacidades y no seguir un comportamiento basado en impulsos y caprichos. Sin embargo, resulta mucho más determinante que el niño se sienta motivado, para que surja la disposición de esforzarse para lograr sus objetivos.

De ahí que los expertos de AMEI-WAECE defiendan que antes que las reprimendas por malos resultados es más importante transmitir a nuestros hijos y alumnos aceptación y aprobación ante el esfuerzo, valoración social en general, lo atractiva y placentera que puede resultarle la actividad a realizar o el orgullo por cosechar logros propios, por ejemplo.

Según la asociación, las nuevas generaciones tienen importantes carencias de esfuerzo y fuerza de voluntad. Según AMEI, vivimos en una sociedad en la que los niños van creciendo sin desarrollar debidamente sus capacidades de esfuerzo y superación ante los retos. Se aprecia una clara falta de entusiasmo, de dar valor a las cosas y un conformismo o inconformismo constante.

Muchos padres, por un amor mal entendido, procuran evitar a sus hijos las dificultades que ellos tuvieron que superar en su infancia. Esto conduce a la sobreprotección y al ofrecimiento de una vida cómoda para la que no deben realizar esfuerzo alguno para obtener lo que desean. Cuando los pequeños crecen sin haber luchado por las pequeñas cosas cotidianas, es posible que terminen convirtiéndose en adultos mediocres e inconstantes, incapaces de cumplir una tarea seria y de marcarse objetivos en la vida y cumplirlos.

Por esto, dice AMEI que hoy más que nunca es necesario fomentar la capacidad de autocontrol de los niños para que sean capaces de soportar los esfuerzos que exige la vida en sociedad. La fuerza de voluntad y el esfuerzo se entrenan día a día, convirtiendo los comportamientos en hábitos. Cuando el niño es capaz de comprender por qué debe hacer algo y siente motivación para hacerlo, el hábito del trabajo y el esfuerzo se convierte en valor que dirige su conducta y sus decisiones en la vida.

A través de una exigencia y firmeza adecuadas, los padres pueden desarrollar la capacidad de trabajo y esfuerzo de los niños. Estos valores no forman parte de la herencia genética, son valores que precisan desarrollarse. Los padres deben acompañar y ayudar a sus hijos en su aprendizaje, facilitando un ambiente familiar, seguro, afectivo, alegre y motivador.

Así, cada niño aprenderá a esforzarse si observa la alegría con que los adultos se esfuerzan por cumplir bien su trabajo. Si, por el contrario, sólo escucha a los padres quejas, excusas y lamentaciones al tener que trabajar por obligación, el niño aprenderá a hacer lo mismo.

Por ello, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles ofrece algunas orientaciones para inculcar mejor estos valores en los niños:

-Ofrecer un modelo adecuado para que el niño lo pueda imitar. Ser pacientes y constantes.

-Jamás convertirse en el “esclavo” del niño, él debe cumplir con las obligaciones propias. No ceder ante sus caprichos.

-Averiguar los motivos que mueven al pequeño a esforzarse.

-Estimular la independencia y la autosuficiencia progresivamente.

-Ser firmes y exigir el esfuerzo del niño. Proponer tareas adaptadas a sus posibilidades, procurando que obtenga éxito en los resultados.

-No admitir que dejen las cosas o tareas sin terminar.

-Permitir que el niño participe en el planteamiento de metas. Estas siempre deben ser a corto plazo, muy concretas y fáciles de controlar por el adulto.

-Estimular el respeto por todos los bienes, que sean conscientes del esfuerzo que ha supuesto conseguirlos y colabore en su cuidado y mantenimiento.

-Favorecer que se proponga pequeños proyectos (colecciones, deportes, aficiones, etc.) que supongan esfuerzo y constancia y no permitir que los abandone al primer contratiempo.

-Procurar que los trabajos que se le encargan tengan una dificultad progresiva. Prestarles ayuda siempre que sea preciso, pero sin hacer por él lo que es capaz de hacer solo, aunque requiera esfuerzo.

-Animar para que tome sus decisiones y sea consecuente con ellas.

-Estimular su autocontrol. Procurar que domine sus impulsos, que aumente su capacidad de espera ante determinados acontecimientos, que tolere las pequeñas frustraciones y sea capaz de demorar las gratificaciones.Aprovechar las circunstancias cotidianas para que observe el esfuerzo necesario para conseguir logros. Que conozca la utilidad del trabajo de las personas.

-Procurar que tenga vivencias y emociones de satisfacción y alegría por el trabajo colectivo realizado.

-Valorar positivamente sus logros siempre que haya realizado algún esfuerzo.

Por último, es aconsejable dosificar estas sugerencias si no se ha fomentado en el niño el trabajo y el esfuerzo con anterioridad. Lo más recomendable es plantear uno o varios objetivos de los indicados, trazar un plan para llevarlo a cabo y, cuando el niño lo cumpla, introducir nuevos objetivos.

Ante estas dudas, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) recuerda que las notas escolares son el resultado de una evaluación continua, y no se puede hacer culpable al niño exclusivamente de un resultado negativo (o positivo), ya que la responsabilidad es tanto del niño como de los padres y de los profesores. Además, añaden que pese a todo aún queda mucho curso para revertir malos resultados.

Cómo saber cuándo puedes ayudar a tu hijo y cuándo necesita ir a un psicólogo

Cinco profesionales analizan seis problemas de conducta que pueden esconder un grave trastorno

Natalia López Pevida, El País, 29/12/2018

1. Todos los niños son traviesos, desafiantes e impulsivos en algún momento.

Son conductas incómodas que suelen ser fruto del cansancio, el hambre, el aburrimiento o la sobreexcitación que les produce tanto cachivache tecnológico, pero no siempre es así; a veces son los síntomas de un problema que demanda la intervención de un psicólogo. Reconocer la delgada línea que separa las conductas corrientes de las que requieren ayuda profesional puede ser difícil hasta para un psicólogo infantil y, además, el primer paso debe darlo la familia. Estos son algunos de los comportamientos que los padres deberían vigilar y, en caso de duda, buscar ayuda en la consulta de un profesional que evite que una enfermedad psicológica pase desapercibida en su retoño.

2. Los adolescentes pueden ser melancólicos, pero también estar deprimidos 

La psiquiatra de la Clínica Universidad de Navarra Azucena Díaz dice que la depresión “es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes en adolescentes, con una incidencia de entre el 10 y 12%”. Y añade: “Sus síntomas más comunes son la tristeza (que no es sinónimo de depresión), las preocupaciones excesivas, la irritabilidad, la disminución de rendimiento académico, los cambios en patrones de sueño y en la alimentación, así como la anhedonia, que es una disminución en la capacidad de disfrutar”. Díaz subraya que el tratamiento debe abordarse desde la farmacología y la psicoeducación, tanto con el adolescente como con su familia.

Por su parte, la psicóloga clínica Bárbara Zapico destaca que la primera parte de cualquier tratamiento de depresión debe ser una analítica médica, ya que “la base de una depresión puede originarse por el malestar físico continuado, originado a partir de enfermedades no detectadas del tiroides o digestivas”. Según la profesional, con algunos pacientes solo hay que trabajar dos semanas, pero la terapia puede durar años si la depresión es causada por una situación como el acoso escolar. “Aunque la agresión haya desaparecido, el trabajo posterior de reconstrucción de autoestima es lento”, explica.

Distinguir la enfermedad de la normalidad de la vida adolescente es muy complicado, ya que los altibajos emocionales son frecuentes en esta etapa de la vida. El departamento de Salud y Servicios Sociales de EEUU hace hincapié en las bajadas de rendimiento académico y en la pérdida de interés por las aficiones que ocupaban el tiempo del joven como indicadores de que un adolescente puede estar deprimido, así como su distanciamiento de los amigos.

3. Si el miedo se anticipa demasiado, la ansiedad podría ser la responsable:

La ansiedad está constantemente presente, pero siempre viaja oculta, escondida en emociones con las que es fácil confundirla, como el miedo. Para destapar su presencia es útil saber que el terror aparece como una respuesta adaptativa del organismo, mientras que la ansiedad se caracteriza por ser anticipatoria, amén de desproporcionada. Es normal tener miedo a la oscuridad cuando uno tiene que atravesar, de noche y a solas, un parque donde nadie oiría tus gritos de auxilio; pero si los nervios comienzan una semana antes de que uno tenga que hacerlo, y le resulta imposible sacarse de la cabeza la idea de que va a tener que internarse en ese parque, todo indica que tiene un problema psicológico.

“La dificultad del diagnóstico de ansiedad radica en que los niños no saben explicar cómo se sienten y recurren a un cambio de comportamiento que hay que saber decodificar”, explica la psicóloga infantil Bárbara Zapico. Los padres pueden buscar esos cambios en la conducta para discernir si este trastorno está condicionando la vida de los pequeños. “Puede manifestarse a través de un aumento de las rabietas o de una tendencia al aislamiento”, explica Zapico.

Los dibujos son un clásico en la detección de problemas psicológicos entre los más pequeños, pero la psicóloga advierte de que “son útiles desde el punto de vista de que a los niños les cuesta expresar sus emociones, pero no hay que buscar significados a cada dibujo que hacen. No es extraño que manifiesten inquietud por temas como la muerte y que lo representen en algún dibujo”. Y zanja: “Si no se detecta un cambio significativo en el comportamiento, no hay que preocuparse2.

Zapico distingue dos situaciones extremas que exigen consultar inmediatamente al pediatra: el mutismo selectivo, que es cuando el niño deja de comunicarse en situaciones específicas, y los terrores nocturnos, un fenómeno que no debe confundirse con las pesadillas. “Hablamos de gritos, taquicardias, sudores, amnesia del episodio”, describe la profesional.

4. Dislexia, cuando las letras se rebelan 

La profesora de psicología de la Universidad del País Vasco Joana Acha define la dislexia como “un trastorno del aprendizaje con base neurológica, que se manifiesta en la lectura y que está presente en un 5% o un 10% de los niños de inteligencia normal”. Según la Universitat Oberta de Catalunya, es el trastorno de aprendizaje más frecuente. Acha explica que los indicios que deben poner a los padres en guardia son “la dificultad para captar las rimas, reconocer los sonidos de cada letra o identificar cada una de ellas”.

También advierte de que “la atribución de la dislexia por una pobre orientación espacial es incorrecta”. Es decir, que no tiene nada que ver con problemas para distinguir la izquierda de la derecha o la propensión de escribir las letras del revés. La maestra de primaria e investigadora post doctoral de la Universidad de Deusto Marta Ferrero aclara que “los niños dibujan las letras en espejo porque les enseñamos que un objeto sigue siendo el mismo en cualquier posición”. La literatura científica respalda la idea de que escribir las letras al revés es un proceso normal, que no es síntoma de ningún trastorno del aprendizaje.

Si, una vez analizado el comportamiento de los niños aflora un caso de dislexia, la investigadora Joana Acha subraya que el tratamiento debe basarse en el fortalecimiento del vocabulario y en las actividades de dictado, en el conocimiento fonológico y en la decodificación de la correspondencia entre letra y sonido. La experta alerta sobre la ausencia de protocolos en el sistema educativo basados en la literatura científica y destaca que la dislexia, con un abordaje correcto, no incapacita académicamente a ningún alumno. También asegura que los padres tienen que hacer frente a un buen número de ofertas de intervenciones fraudulentas y pseudocientíficas, que tanto abundan en la educación infantil.

“No hay evidencias de que la lectura mejore a partir de programas como Tomatis, tampoco en intervenciones optométricas”, que son terapias en las que se utilizan lentes o se tapa uno de los dos ojos. Los programas basados en psicomotricidad también se han mostrado ineficaces, así como el Brain Gym (ejercicios como rompecabezas y puzles que aseguran incidir positivamente en el rendimiento del cerebro, cuya evidencia no ha sido probada), la kinesiología, que es una práctica centrada en el movimiento humano, y métodos como Doman y la musicoterapia.

5. No es que no esté atento, es que no puede estarlo 

La falta de atención puede ser una característica definitoria de un niño que exige un trabajo educativo, pero también el síntoma de un trastorno neurológico conocido como Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH). En estos casos, las travesuras de los pequeños no son puntuales sino la consecuencia de una sintomatología muy variada, la cual se manifiesta en problemas de conducta desproporcionados en comparación con los niños de su edad. Su influencia es muy importante, pues hace que los pequeños pierdan calidad de vida.

Los niños con TDAH tienen dificultades para atender a cualquier regla, desde las que se imponen en el ámbito escolar a las de higiene cotidiana. El trastorno, que afecta a cerca de un 10% de la población infantil, según la Fundación Cadah, puede ocasionar problemas de socialización. El jefe de Psiquiatría infantil del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona y coordinador de la Guía de Práctica Clínica del TDAH del Ministerio de Sanidad, José Ángel Alda, explica que el diagnóstico precoz del trastorno “evita la cronificación, y que su tratamiento debe ser psicopedagógico y, en algunos casos, también farmacológico”.

Un problema importante con el que tienen que lidiar los padres que dudan acerca de si sus hijos tienen TDAH o no emana de la percepción social de que se trata de un trastorno inventado por el sector farmacéutico. El consenso mayoritario en la comunidad científica es que se trata de un déficit en las funciones ejecutivas del cerebro, por lo que la consulta médica es la opción más sensata en caso de que tengan la mínima duda. Los psicólogos necesitan mucho tiempo de trabajo para diagnosticar este trastorno, pretender hacerlo en casa es una aspiración poco recomendable.

Además, el coordinador de la Fundación Cadah, Amaro Camús, advierte de la abundante desinformación en internet sobre el TDAH, lo que provoca que muchas familias retrasen o abandonen los tratamientos. No siempre hace falta la medicación, pero “su diagnóstico requiere mucho tiempo con el paciente y la atención de profesionales involucrados en su tratamiento”, recuerda Camús.

 

El límite a los deberes divide a las AMPA

El Levante, 27/12/2018

El límite impuesto a los deberes en la Comunitat Valenciana, rubricado este pasado martes 25 de diciembre con la entrada en vigor de la ley valenciana de Infancia y Adolescencia, ha sido valorado con diferente entusiasmo entre las organizaciones estatales de padres y madres de alumnos, que se dividen entre los que celebran la norma y quienes defienden la utilidad de las tareas escolares.

Entre otras muchas medidas, la ley habla de que los menores «no han de estar cargados de deberes» cuando llegan a casa, por lo que se convierte en la primera norma estatal que erradica estas tareas.

«Es muy positivo, por fin un gobierno nos da la razón», afirma la presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), Leticia Cardenal. «El tiempo libre de los niños lo tienen que dedicar a hacer deporte, al ocio o a divertirse; las cosas referentes a la escuela se tienen que quedar en la escuela», añade, en contra de las «dos o tres horas de deberes» que tienen a diario algunos alumnos.

«No hay nada que demuestra que con más deberes se consigan mejores resultados», asegura la presidenta de la organización, que hace dos años emprendió la campaña «Educación sin deberes» y promovió huelgas.

 

Por qué los niños deberían elegir su ropa

Es importante darles la posibilidad de escoger su vestimenta para que a través de la experiencia sienten unas bases y sepan distinguir lo que necesitan y lo que quieren

Por qué los niños deberían elegir su ropa

Carolina Pinedo, D M&P, El País, 26/12/2018

Vivimos en una sociedad en la que la indumentaria es una seña de identidad. La ropa, es una carta de presentación, de manera independiente que esté conformada por clichés y prejuicios, ya que es una cuestión externa que no siempre resulta ser un fiel reflejo de lo que una persona tiene en su interior. Los niños también forman parte de las servidumbres del estilismo y podemos aprovechar la circunstancia para que den sus primeros pasos a la hora de tomar decisiones que conformen su identidad. “Se trata de una de las primeras elecciones vitales que pueden hacer los niños después de recibir un montón de pautas, normas y órdenes por parte de los profesores o los padres, por lo que elegir su ropa les da un respiro”, comenta Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil del gabinete Domínguez Psicólogos, que recomienda a los padres con hijos pequeños que “den varias opciones aceptables de atuendos para que el niño no vaya como un Arlequín, aunque desde los primeros años de edad suelen mostrar preferencia por unas zapatillas, determinada camiseta o sudadera. Seleccionar ropa se trata de una vía de escape en cuanto a elecciones y ayuda a afianzar la personalidad poco a poco”.

Adolescentes y ropa, la forma de mostrar su identidad al mundo

La ropa también evoca emociones. ¿Quién no tiene una prenda que le recuerda determinadas vivencias? Por ello, los niños se encariñan con una camiseta, una sudadera o determinado color que les evoca experiencias o emociones. Pero, además, “en la adolescencia, el tema de la ropa y el aspecto físico se convierten en la carta de presentación ante los demás. Eligen una determinada moda para dar pistas a través de la ropa, que indiquen cómo son o quieren ser. La indumentaria de los adolescentes les puede aportar un sentido de pertenencia a un determinado grupo o moda, como los raperos o los góticos”, comenta el psicólogo Abel Domínguez.

El atuendo comunica información sobre una persona, aunque no siempre sea de manera consciente. Pero, ¿qué ocurre con los niños y adolescentes que demuestran desinterés sobre su estilismo? Si el niño, además de no elegir su ropa, tampoco toma decisiones en otros aspectos de su vida, como la actividad deportiva que le gusta o los amigos con los que relacionarse pueden indicar que está sobreprotegido, es tímido, evita tomar decisiones por miedo a equivocarse o ser indicativo de “inseguridad, baja autoestima, indecisión o padres autoritarios que deciden todo por el niño”, explica Darío Fernández, médico y psicólogo del Centro Médico Legazpi de Madrid.

El equilibrio entre dedicar tiempo y otorgar importancia al aspecto exterior a través de la ropa es importante para evitar caer en patrones sociales de moda como el culto al cuerpo y a la imagen. De lo contrario, los niños y jóvenes adquieren conocimiento sobre su aspecto externo, pero no interno. “Nos venden modelos sobre la vida que son idílicos, irreales y lejanos a través de la publicidad y los medios de comunicación y así los chavales no disfrutan ni valoran lo que son ni de lo que tienen”, aclara el psicólogo Abel Domínguez.

Dejar elegir la ropa a los niños para fomentar su autonomía y autoestima

Crecer implica tomar decisiones. Cada día hacemos muchas elecciones. ¿Cine o teatro? ¿Fútbol o baloncesto? ¿Salgo con mis amigos o me quedo en casa? El hecho de tomar decisiones en la vida es determinante para el adecuado desarrollo de un niño. No por el hecho en sí de elegir una cosa u otra, si no por poder hacerlo. Si das opciones, ofreces responsabilidad y autonomía, aspectos clave para generar seguridad, a la que está muy ligada la autoestima. Si nuestros niños aprenden a tomar esas pequeñas decisiones, serán mucho más capaces de elegir sobre cuestiones más fundamentales como una profesión o saber decir no a las relaciones tóxicas. Al fin y al cabo, La niñez y adolescencia son etapas en las que se busca una identidad y se crean fundamentos para la personalidad”, aclara Cristina de la Rosa Tineo, Psicóloga y psicoterapeuta, miembro del centro de psicología Nudos, que reitera la importancia de ofrecer la posibilidad a los niños de elegir para que a través de la experiencia sienten unas bases con el fin de saber distinguir lo que necesitan y quieren en la vida.

Bajo presión no se estudia mejor: cinco consejos para organizar tu tiempo antes de los exámenes

La gestión eficaz del horario de estudio es una asignatura pendiente para muchos universitarios. Además del impacto que tiene en las notas, ayuda a prevenir el estrés y la ansiedad

Bajo presión no se estudia mejor: cinco consejos para organizar tu tiempo antes de los exámenes

Barbara Sánchez, El País, 26/12/2018

No hay forma más eficaz para comprobar lo potente que puede ser la imaginación que sentarse una tarde a estudiar. Es ponerse delante de un libro o de unos apuntes y las excusas para levantarse de la silla se multiplican: voy a estirar las piernas para despejarme, tengo que contestar a ese mensaje de WhatsApp urgente que me acaban de enviar, un vistazo a Instagram no le hace daño a nadie… Pero el advenimiento del examen es tan inevitable como esa sensación de agobio y descontrol que va creciendo conforme se acerca la fecha. Gestionar de forma eficaz el tiempo de estudio es una asignatura pendiente para muchos estudiantes, especialmente en la universidad. Pero también es la fórmula perfecta para prevenir el estrés y la ansiedad antes de los exámenes, sin olvidar el impacto directo que tiene sobre las notas.

 

Y aunque el mundo a veces parece estar lleno de procrastinadores capaces de sacar un sobresaliente con unas pocas horas de estudio la noche anterior, la realidad es muy diferente. “La variable clave de los resultados académicos es la suma del número de horas que uno dedica a estudiar y el conjunto de actividades que acompañan a ese tiempo de estudio”, enumera Francisco Pérez González, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universitat de València (UV).

La receta parece sencilla: hincar codos durante horas y hacerlo de tal manera que ese tiempo se convierta en aprendizaje efectivo y no en minutos perdidos frente al libro. Pero entre medias se cuelan las clases, el móvil, las tardes perdidas en un infinito “en cinco minutos me pongo” y esa lista de lo que los expertos llaman distractores o ladrones del tiempo. Es entonces cuando aparece la sensación de no llegar a todo. “La universidad es la primera etapa en la que tú te marcas los tiempos y tu agenda”, explica Modesta Pousada, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Los alumnos suelen ser conscientes de lo importante que es aprender a gestionar su tiempo, pero no saben ponerlo en acción”.

Organizarse para llegar a todo y llegar bien exige una reflexión concienzuda de cómo usas tu tiempo, una planificación hecha con suficiente antelación y un compromiso con uno mismo para cumplir con lo prometido. La buena noticia: como todo hábito se puede aprender, pulir y mantener en el tiempo. La mala: no hay fórmulas mágicas ni atajos. Pero sí es posible seguir este proceso en cinco pasos para conseguirlo.

1. Empieza cuanto antes a planificarte

Si no sacas la agenda hasta que no termina el cuatrimestre, probablemente tengas un problema. Aunque lo habitual es empezar a organizar el estudio cuando los exámenes comienzan a asomarse en el horizonte, lo recomendable es preocuparse por ello mucho antes. Y aquí, nunca es demasiado pronto. Si te organizas ya desde el primer día del cuatrimestre o del curso, mucho mejor. “Es entonces cuando tenemos la posibilidad de intervenir y mejorar el uso que hacemos de nuestro tiempo”, señala Pérez González.

Planificar desde el primer día es importante también por lo que los psicólogos denominan la práctica distribuida. “Los estudios sobre el funcionamiento de nuestra memoria demuestran que distribuir el tiempo de estudio en sesiones más cortas de duración y más prolongadas a lo largo del tiempo aumenta el rendimiento”, asegura Pousada. Es decir, que si piensas dedicarle 10 horas a preparar un examen, es mucho más efectivo emplear dos horas cada día durante una semana que concentrarlas en dos sesiones de cinco horas el fin de semana anterior.

2. Analiza cómo usas tu tiempo (y en qué lo pierdes)

Para aprender a aprovechar el tiempo, primero hay que saber en qué lo invertimos (o dónde lo perdemos). “La gestión del tiempo es una toma de conciencia sobre la realidad que tengo entre manos”, resume Noemí Merchán, coach y experta en talento que acaba de impartir un taller sobre este tema en la Universidad Carlos III de Madrid. Allí, les pidió a los alumnos que calcularan cuántos minutos que podían haber dedicado a estudiar terminaban desapareciendo por el desagüe de las actividades poco importantes (contestar wasaps, mirar Netflix por enésima vez en busca de una serie para ver…). ¿La respuesta? Hora y media. Cada día.

Con los alumnos que llegan a su despacho, Francisco Pérez González pone en práctica una táctica similar. Les pide que durante una o dos semanas vayan anotando todas las cosas que hacen para que así puedan analizar cómo distribuyen sus tiempos. “A partir de ese seguimiento, uno puede ser consciente de todo lo que hace en un día, más allá del estudio. Después, al gestionar y planificar, hay que considerar todas esas actividades”.

Este análisis inicial sirve también para identificar todos esos ladrones del tiempo y eliminarlos o reducir su impacto tanto como sea posible. El más habitual es, por supuesto, la tecnología. Y si bajamos al detalle, el móvil e Instagram. “También los planes de última hora y la falta de agenda, el no tener una planificación concreta e ir a la deriva”, explica Merchán. “Ese ‘después de comer, si eso, me pongo’. Si tienes que estudiar y nunca lo haces, esa es una idea bomba que te ametralla la cabeza”.

3. Márcate objetivos y aprende a diferenciar lo urgente de lo importante

Echar horas delante del libro o navegar entre trabajos pendientes de entregar durante toda una tarde de poco sirve si antes no te has marcado un objetivo. “Debemos dejar de poner la mirada en cuánto tiempo estudio y centrarnos en cuáles son los resultados y el objetivo de ese tiempo que vas a dedicarle a estudiar”, asegura Elena López Cobeñas, profesora de Psicología de la Intervención Educativa en la Universidad Camilo José Cela (UCJC).

Antes de empezar con cada sesión de estudio o de trabajo, pregúntate qué quieres conseguir cuando termines: ¿avanzar dos temas?, ¿buscar toda la documentación que necesitas? El objetivo debe ser concreto y asumible, ya que si es demasiado ambicioso terminará generando frustración. Y si la planificación se está haciendo a largo plazo (un trabajo de fin de grado o preparar una asignatura desde el principio del cuatrimestre), Modesta Pousada, de la UOC, recomienda delimitar hitos sencillos en el camino e ir ampliándolos. “Un hito pequeño puede ser que, durante el próximo mes, vas a dejar el móvil en otra habitación cuando te pongas a estudiar”, ejemplifica. “Cuando lo consigas, puedes establecer un objetivo más ambicioso: además, me voy a planificar estudiar todos los días una hora. Si establezco objetivos pequeños que puedo alcanzar, esto refuerza mi compromiso y mi percepción de autoeficacia”.

Saber priorizar las tareas pendientes es otro punto importante a la hora de marcarse objetivos. Aquí es fundamental aprender a distinguir lo urgente de lo importante, dos conceptos que no siempre van de la mano y que pueden provocar que se dedique demasiado tiempo a tareas poco relevantes. Los universitarios suelen tener problemas para navegar en esta distinción, sobre todo porque las asignaturas suelen venir acompañadas, además del examen final, de trabajos y prácticas que tienen que entregar a lo largo del cuatrimestre. “Sienten que tienen que entregar muchos trabajos y que eso merma el tiempo de estudio. No son capaces de hacer la transferencia de que el trabajo es una vía para interiorizar los conocimientos”, explica López Cobeñas.

4. Planifica con papel y reloj

Todos esos objetivos y listas de tareas pendientes, bien priorizadas, se tienen que plasmar en una planificación. Y no valen las cábalas mentales de que el lunes estudio un rato y el martes termino esa práctica pendiente. Hay que sacar papel y reloj para pintar el mes, la semana y el día e ir ubicando en cada hueco las tareas, con un tiempo asignado. “Si a una tarea no le pones fecha de caducidad, tu mente busca postergarla”, explica López Cobeñas. Se trata de perder algo de tiempo planificando para luego ganarlo. “En una hora de planificación ahorramos entre tres y cuatro horas de gestión”, asegura María Jesús Martínez Silvente, directora de alumnos de la Universidad de Málaga, que el pasado octubre organizó su primer curso de gestión del tiempo.

Hay dos niveles de planificación, según explica Francisco Pérez González, de la UV. Y los dos actúan en paralelo. Por un lado, la organización a largo plazo. “Es una ventana abierta a lo largo de un periodo extenso, como un curso o un cuatrimestre, en el que hay que colocar todas aquellas actividades que ya desde el inicio del curso se conocen: inicio y fin del cuatrimestre, fechas de exámenes…”, cuenta el profesor. Por otro lado, la planificación semanal y diaria. Se realiza a partir del análisis inicial y distinguiendo dos tipos de obligaciones: las fijas (clases, deportes, citas o compromisos…) y las flexibles, que pueden aumentar o disminuir en función del tiempo disponible (el tiempo dedicado a estudiar, a quedar con los amigos, a hacer las tareas de casa…). “Esta planificación se va revisando para generar poco a poco el hábito. No es más que una automatización de un procedimiento”, explica el experto.

5. No te olvides del descanso

Tan importante como reservar tiempo para el estudio es planificar los momentos de descanso. Durante las sesiones de trabajo y fuera de ellas, para equilibrar el estudio con otras actividades: deporte, ocio… Los expertos recomiendan huir de las jornadas maratonianas y de los atracones. “Estudiar requiere estar concentrado y atento. No somos capaces de estar así de una manera sostenida e infinita en el tiempo”, explica Modesta Pousada, de la UOC, que recomienda planificar sesiones de 45 minutos con descansos de 15 minutos entre medias. “Los descansos también ayudan a ser flexible porque los planes siempre hay que cambiarlos sobre la marcha, pero incorporar un imprevisto sobre algo que ya está pautado es más fácil”, añade.

Elena López Cobeñas, de la UCJC, recomienda incluso reservar una semana entera en Navidad para el descanso, a pesar de que este suele ser el momento de apretar el acelerador antes de los exámenes. “Si programas tu mente sabiendo que vas a tener unos días de descanso, cuando vuelves al estudio lo haces desde otra perspectiva”, explica. “Lo fundamental, de todos modos, es inculcar en los estudiantes que no pueden decir: ‘No me da tiempo’. Esa no puede ser una respuesta porque ahí cabe de todo”.