Tips para educar con límites y sin castigos ¿Entendemos la diferencia?

limites

Sapos y Princesas, El Mundo

Hay ciertos comportamientos de los niños que van contra las normas que establecemos en casa. Los límites y las consecuencias son conceptos que los hijos deben tener claro para mantener una convivencia armónica sin tener que recurrir al castigo.

Pongamos un ejemplo. Imagina que tu hijo decide jugar a la pelota dentro de casa y eso va en contra de las reglas que hemos establecido. Esta norma él la conoce y el límite está claro, se lo recordamos pero nuestro hijo nos ignora. Lo repetimos, y sigue ignorándonos. En ese momento, como es natural, empezamos a sentirnos frustrados y vemos la necesidad de darle una lección. Entendemos y consideramos que debería haber una consecuencia. Quizá quitarle la pelota en ese momento nos parece la opción más acertada. Pero lo cierto es que eso no sería una consecuencia, eso es un castigo. Le estaríamos quitando la pelota por no obedecer. ¿Pero entonces qué hacemos? ¿Qué diferencia hay? ¿Cómo hacemos para que haga caso?

Ir paso a paso es una buena vía para que los niños aprendan una lección y la interioricen. De hecho, cuando los padres nos resistimos al castigo inmediato obtenemos mejores resultados a medio plazo con nuestros hijos. Siguiendo con el mismo ejemplo, hemos implementado una técnica que compartimos para educar con límites, reforzando el aprendizaje de las consecuencias sin necesidad del castigo.

1. Corregir con cariño y empatía

Hay que establecer los límites, que sean pocos y claros. Nuestro hijo está jugando con la pelota en casa y está prohibido. Debemos decírselo conectando con él, intentando empatizar. Así aumentan las opciones de que sea más colaborativo. Algunos niños, especialmente los más pequeños, se pueden sentir abrumados ante demasiadas opciones, ofrezcámoselas nosotros. “Sabes que no se juega con la pelota en casa, por qué no juegas con este otro juguete o a este otro juego”.

2. Nos sigue ignorando

Puede ser muy frustrante intentar comunicarnos con nuestro hijo y que nos ignore. Antes de que las emociones nos invadan, a la hora de poner límites y establecer las consecuencias tenemos que mantener la perspectiva. Como primera opción, no pensemos que nos está desafiando. Lo más probable es que esté tan centrado en jugar con la pelota que ni nos escuche. También existe la posibilidad de que sepa, por experiencia, que nos acabaremos cansando y le dejemos tranquilo. O puede que sea un niño de carácter fuerte y que necesite probar los límites muchas veces para ver si se mantienen firmes. La única excepción  sería si el caso de que esté usando el juguete de forma peligrosa que, por supuesto, hay que quitárselo.

3. Conectar incluso antes de corregir

Hemos pedido a nuestro hijo que deje de jugar a la pelota y aún no tenemos respuesta. Nos acercamos al niño y, si no nos sentimos capaces de sonreír, al menos le ofrecemos una expresión neutra. Podemos interceptar la pelota para conseguir su atención y ponerle una mano en el hombro. Ya tenemos su atención y es consciente de que pasa algo. Podemos ensalzar su dominio del balón y le explicamos donde se juega con él. Mientras hablamos le podemos ir llevando a la puerta. Abrimos y cuando sale le damos la pelota con una sonrisa.

Cuando las personas saben que se han equivocado se sienten alteradas y les invade el enfado. Eso mismo le ocurre a nuestro hijo. Si conseguimos conectar con él incluso antes de corregir el comportamiento es más probable que nos escuche de verdad, entienda la situación y quiera colaborar.

4. Encontrar una solución positiva

Una vez que se marca el límite, y que se ha redirigido el comportamiento, por lo general llega el final del incidente. Si se repite el proceso con calma y conectando con él llegará un momento en el que el niño se saltará el enfado e irá directamente al exterior a jugar a la pelota.

5. Consecuencias de lo ocurrido

Es importante tener bien definidos los límites y las consecuencias para que el niño llegue a interiorizarlos. Muchos padres creen que debería haber una serie de consecuencias para que el niño aprenda la lección. Pero no son conscientes de que en este punto ya existen esas consecuencias. Aunque según como se haya gestionado la situación irán en distintas direcciones.

Cómo perciben la diferencia entre el límite y el castigo

Aquí hemos querido presentaros las ideas que se le van a pasar a nuestros hijos por la cabeza antes ambas situaciones.

SIN el castigo, los niños han aprendido que:

  • No se puede jugar a la pelota en casa porque mancho las paredes y puedo romper algo.
  • Cuando mis padres me dicen algo, van en serio. No tiene sentido ignorarlos.
  • Mis padres se preocupan por lo que yo quiero. Me importa lo que ellos quieren.
  • Cuando a mis padres no les gusta lo que hago intentan escucharme y encontrar una solución buena para todos.
  • Nuestra familia se toma las reglas en serio.
  • Es importante tratar a los demás con respeto y amabilidad.

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