La salud emocional de los niños y la importancia de la empatía

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La Organización Mundial de la Salud define el término ‘salud’ como un estado completo de bienestar físico, mental y social. Cuando los padres empatizan con su hijo todo cambia. Porque al ser capaces de ver las cosas desde su punto de vista, están colaborando activamente en la salud emocional de los niños.

Ponerse en su piel no significa estar de acuerdo con los hijos o dejarles hacer lo que quieran. En realidad, quiere decir que aunque no sean capaces de obtener lo que quieren, tienen a alguien que les entiende y acepta, pase lo que pase.

La empatía es la base de la inteligencia emocional. La capacidad de entender a los hijos y conectar con ellos es la base de una crianza efectiva ya que influye en el desarrollo de la salud emocional de los niños.

Una cuestión de estructura cerebral

La empatía es un evento físico controlado por la ínsula, una pequeña región de nuestra corteza cerebral. Los científicos creen que en esta ínsula, ubicada en la parte derecha, es donde se une el cuerpo con las emociones. Este sistema conecta el cerebro con el corazón, la piel y los órganos digestivos.

La estructura de la parte derecha del cerebro se forma durante los dos primeros años de vida. El desarrollo de la empatía ayudará al niño a sentirse comprendido y esta experiencia le enseña las formas más profundas de conexión de las personas que utilizará en cada relación futura.

La importancia de la salud emocional

Uno de los factores principales de la salud mental es el autoconocimiento. La capacidad para identificar y gestionar nuestros pensamientos, comportamientos, emociones incluso las interacciones con los demás, son una parte vital del desarrollo humano. Y esto se consigue gracias a la inteligencia emocional.

La empatía es la base de la inteligencia emocional. Y para John Gottman, autor de Criar a un niño emocionalmente inteligente, son los cimientos de una crianza efectiva. Ocurre de una manera natural, como parte de un desarrollo emocional saludable, siempre que los niños experimenten empatía con sus cuidadores.

La crianza empática es un doble regalo para tu hijo. Por un lado, le ayudas a que aprenda a maneja sus emociones. Además, experimentar su empatía le ayudará a desarrollarla en sus relaciones con los demás. Los niños que sienten la empatía de sus padres son más cooperativos a la hora de aceptar que alguien les guíe. Este hecho, facilita mucho las cosas.

El poder de la empatía

A muchos padres les produce ansiedad la idea de criar a los hijos con empatía. ¿Cómo lo haces? Puede sonar complicado pero es sencillo. Cada vez que preguntas a tu hijo ‘cómo te sientes’, o ‘parece que has tenido un día difícil’ estás siendo empático.

La empatía es muy poderosa. Te permite conectar con tu hijo cuando te elevas por encima de tus propios sentimientos para ver las cosas desde su punto de vista. Nuestro reconocimiento como padres permite a los niños reconocer y aceptar sus propios sentimientos.

Los seres humanos somos criaturas apasionadas. Las emociones nos surgen por dentro constantemente, influyen en nuestro estado de ánimo y en nuestras acciones, pero luego desaparecen.

El reconocimiento como factor liberador

Si te paras a pensar en las emociones más fuertes que has experimentado en el último mes, imagina lo fuertes que son las emociones de tu hijo. Sobre todo, si tenemos en cuenta su inexperiencia y su inmadurez intelectual.

Los niños son invadidos cada día por un mar de sentimientos intensos que afectan su salud emocional. Por este motivo, necesitan que sus padres les guíen, para aprender a navegar en las emociones, y que no se desborden por su intensidad.

La mayoría de las veces, cuando los niños y los adultos, sienten que sus emociones son comprendidas y aceptadas, los sentimientos pierden su carga emocional y comienzan a disiparse. Por otra parte, los sentimientos reprimidos no se desvanecen, están atrapados y buscan salida, generalmente de forma explosiva o enfermándonos.

Para poder empatizar con otros es muy importante conocerse y saber gestionarse a uno mismo. Cuanto más conectados estemos con nuestras emociones, más capaces seremos de conocer las emociones de los otros.

Cuando aceptamos las emociones de los hijos aprenden que la vida emocional no es peligrosa, ni vergonzosa; que es un hecho universal y se puede manejar. Y lo mejor es que toman conciencia de que no están solos para sobrellevar la carga de sus poderosas emociones.

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