No me gustan las compañías de mis hijos: ¿Hablar o callar?

No me gustan las compañías de mis hijos: ¿Hablar o callar?Úrsula Perona, Sapos y Princesas, El Mundo, 31/10/18

El fortalecimiento de las relaciones de amistad es una de las características más importantes de la adolescencia. Es normal que llegue el momento en el que nuestros hijos prefieran pasar más tiempo con sus amigos que con sus padres y, a veces, esto puede desembocar en malas compañías. En este caso, ¿qué debemos hacer?

Los adolescentes tienden a escoger amigos con rasgos muy similares a los suyos, de tal forma que la influencia que ejerce el uno sobre el otro los hace más parecidos. Por esta razón es muy común sentir preocupación cuando vemos que nuestros hijoscomienzan a salir con un grupo con el que no lo identificamos, ya sea por una primera mala impresión por parte de los jóvenes, por su vestimenta o por si llevan a cabo conductas como fumar o tomar alcohol.

Si nuestros hijos tienen bien claro qué está bien y qué está mal será mucho más difícil que caigan en conductas de riesgo.

Ante esta situación, son muchos los padres que no saben cómo reaccionar y surgen las siguientes preguntas: ¿le prohíbo ir con ese grupo?, ¿actúo como policía de mi hijo preguntándole dónde va, con quién y qué va a hacer cada vez que salga?, o ¿dejo que tenga autonomía en sus propias decisiones y se dé cuenta él solo de lo que le conviene?

Antes de entrar en pánico pensando que nuestro hijo tiene malas compañías y que va a acabar tomando drogas o metido en una banda, podemos hacer un ejercicio de reflexión preguntándonos:

1. Valores

¿Cuáles son los valores que estamos transmitiendo a nuestros hijos y cuán arraigados están en ellos? Si nuestros hijos tienen bien claro qué está bien y qué está mal será mucho más difícil que caigan en conductas de riesgo. Para ello tenemos que actuar como ejemplo y aprovechar las experiencias cotidianas para enseñar valores.

2. Herramientas

¿Le estoy dando a mis hijos las herramientas necesarias para elegir y tomar decisiones de manera correcta? Elegir con criterio es lo mejor que puede aprender un hijo. Eso le aportará mayor autonomía y satisfacción propia.

3. Comunicación

¿Cómo me comunico con mis hijos? A veces lo que ocurre es que la línea de comunicación con los hijos se basa en regaños. Les reñimos por las malas notas, por no hacer sus tareas en casa o por contestar mal. Si basamos la comunicación con nuestros hijos en reproches y no les damos la oportunidad de expresarse, puede que les estemos alejando de nosotros y estemos haciendo la comunicación más difícil.

Algunos consejos

1. Conocer a sus amigos

Es fácil hacerse ideas preconcebidas sin conocer a los demás. Pasar tiempo y conocer de cerca a los amigos de nuestros hijos y a sus respectivos padres puede calmar nuestras alarmas. Planificar fiestas, comidas o excursiones es una buena forma de iniciar una conversación con ellos.

2. Nada de prohibir

El siguiente aspecto a tener en cuenta es no prohibir directamente que salgan con sus amigos. Intervenir es importante, pero si lo hacemos de frente y prohibimos una conducta, lo más probable que puede ocurrir a esta edad es que los hijos actúen en rebeldía y se genere un conflicto.

3. La comunicación es nuestra mejor aliada

Lo mejor es abrir un canal de comunicación asertiva en el que poder intercambiar opiniones sobre lo que es un buen amigo. Transmitiéndole que la amistad es más que risas, que un buen amigo da apoyo, se preocupa por nosotros y nos hace sentir libres para expresar lo que sentimos y pensamos sin miedo a ser juzgados. Para ello, podemos plantearles preguntas que les hagan cuestionarse cuál es su situación con su grupo de amistades, como por ejemplo: “¿cuántos de tus amigos ves a tu lado cuando te toque pasar un mal momento? o “¿Crees que los amigos de verdad hacen cosas que podrían perjudicarte a ti?”

Si hemos transmitido a nuestros hijos un buen sistema de valores ellos sabrán elegir con criterio.

Así que calma, paciencia y confianza. Si estamos ahí, y hemos estado ahí anteriormente, hemos de mantener una actitud de cautela, pero no intervenir a la primera de cambio. Observar, tratar de conocer a los amigos, y dar tiempo para ver cómo se desarrollan las cosas. Llegado el momento, si realmente las amistades están influyendo negativamente en nuestro hijo, abordarlo desde la comunicación y el respeto, ya que las imposiciones no suelen funcionar.

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