Retrasar la hora de entrada al instituto mejora el rendimiento de los alumnos

De media los chavales dormían 35 minutos más y obtuvieron notas un 4.5% más altas

Retrasar la hora de entrada al instituto mejora el rendimiento de los alumnos

Cristina Sáez, La Vanguardia, 12/12/2018

Retrasar tan solo 50 minutos la hora de entrada al institutoaumenta la cantidad de sueño diario de los adolescentes y mejorasu rendimiento académico. Además, en centros con alumnos de clases sociales desfavorecidas, se incrementa la puntualidad y la asistencia de los chavales, lo que podría contribuir a achicar la brecha entre los resultados escolares de los distintos grupos sociales.

Son los principales resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington y del Instituto Salk de Estudios Biológicos, que recoge la revista Science Advances esta semana. Los científicos aprovecharon una iniciativa de la ciudad de Seattle, ubicada en la costa oeste de los Estados Unidos, en la que en 2017 se decidió retrasar de las 7.50 a las 8.45 la hora de entrada a los institutos.

“Hemos demostrado por primera vez que se consigue una mejora significativa en la duración del sueño de los alumnos, retrasando la hora de entrada para que esté más en la línea de la hora natural de despertarse durante la adolescencia”, explica a Big Vang Horacio de la Iglesia, autor principal del trabajo y profesor de biología de la Universidad de Washington.

Aumentar en 35 minutos la cantidad de horas de sueño de los adolescentes reduce la somnolencia en clase.
Aumentar en 35 minutos la cantidad de horas de sueño de los adolescentes reduce la somnolencia en clase. (skynesher / Getty)

Aunque el número de horas de sueño recomendadas durante esta etapa de la vida son nueve, muchos adolescentes están privados de forma crónica de la cantidad necesaria de descanso. Los patrones de sueño están regulados por el ritmo circadiano, el reloj biológico interno que nos dice cuándo comer, descansar, o dormir, y que se rige por nuestros genes y también factores del medio ambiente, como la luz solar. En el inicio de la pubertad, el ritmo circadiano cambia en los chavales, lo que hace que se vayan a dormir más tarde y sientan la necesidad de levantarse también más tarde, en comparación con niños y adultos.

“La hora a que se quedan dormidos está determinada biológicamente, pero la hora a que se despiertan, socialmente”, alerta de la Iglesia, que añade que alterar el ritmo circadiano de los adolescentes puede tener consecuencias para su salud, bienestar y para su aprendizaje.

En este sentido, numerosas sociedades científicas, como la Academia Americana de Pediatría sugieren desde hace tiempo modificar los horarios escolares, de forma que se permita que los estudiantes se levanten más tarde sin cambiar su hora de ir a dormir natural. De la Iglesia, de hecho, estuvo participando durante cinco años en sesiones de trabajos con padres, profesores y el departamento de educación del distrito de Seattle, como experto en sueño. “Al final la presión que hicimos funcionó y en 2016 el gobierno anunció que al año siguiente se retrasaría la hora de entrada”, recuerda.

los chavales, a pesar de entrar más tarde al instituto, no se quedaban despiertos más tiempo, sino que de promedio dormían unos 35 minutos más cada noche.

Los investigadores aprovecharon ese anuncio para intentar obtener datos cualitativos que demostraran cómo un aumento de tiempo de sueño repercutía en el rendimiento escolar. Se centraron en dos institutos públicos de Seattle y en los alumnos de segundo de bachillerato, de los que durante dos semanas estudiaron sus patrones de comportamiento usando relojes wearables que recogían información acerca de su actividad y también la exposición a distintos tipos de luz.

Vieron que los chavales, a pesar de entrar más tarde al instituto, no se quedaban despiertos más tiempo, sino que de promedio dormían unos 35 minutos más cada noche. Además, este aumento se asoció con un 4,5% de aumento medio en las notas de los estudiantes de ambos centros. Asimismo, los alumnos del centro ubicado en un barrio más desfavorecido llegaron menos tarde y hubo menos absentismo escolar tras el cambio horario, lo que, en opinión de los autores de este trabajo, puede ayudar a disminuir la brecha entre los resultados académicos de los chavales procedentes de distintos entornos socioeconómicos.

“Quizás media hora no parezca mucho, pero lo es desde un punto de vista de medicina del sueño. Basta con que experimentemos privarnos de media hora cada día durante un par de semanas para percatarnos de la importancia de ese tiempo. La privación de sueño tiene repercusiones significativas sobre el rendimiento y la capacidad cognitiva a corto plazo, y se traduce en problemas de salud física y mental a largo plazo”, semana de la Iglesia.

Una privación de sueño crónica se traduce en un peor rendimiento cognitivo, pérdida de capacidad de atención y de toma de decisiones; empeoramiento del cálculo, del lenguaje expresivo, de la memoria de trabajo; a nivel de estado de ánimo, les cuesta más hacer cualquier cosa que se les proponga.

Óscar Sans, director médico del Instituto de medicina del sueño Ad Salutem y coordinador de la Unidad del sueño en el Hospital Sant Joan de Déu, explica que no dormir bien o las horas necesarias hace que los chavales no vayan suficientemente alerta al instituto como para poder incorporar información nueva.

Además, “si no se duerme lo suficiente, tampoco se puede fijar el conocimiento nuevo. Una privación de sueño crónica se traduce en un peor rendimiento cognitivo, pérdida de capacidad de atención, de capacidad para tomar decisiones, empeoramiento del cálculo, del lenguaje expresivo, de la memoria de trabajo; a nivel de estado de ánimo, les cuesta más hacer cualquier cosa que se les proponga”, añade.

El uso de pantallas, que emiten luz azul, por la noche altera el ritmo circadiano de los chavales y contribuye a la privación de sueño.
El uso de pantallas, que emiten luz azul, por la noche altera el ritmo circadiano de los chavales y contribuye a la privación de sueño. (junpinzon / Getty)

La exposición a las pantallas, coinciden en señalar Sans y de la Iglesia, no han hecho más que agravar la epidemia de privación del sueño entre los adolescentes. Los aparatos que emiten luz azul, como los móviles, los ordenadores, las tabletas o incluso las luces con LED azul, interfieren con el ritmo circadiano.

“Pedirle a un adolescente que esté despierto y alerta a las 7.30 de la mañana es como pedirle a un adulto que esté activo y alerta a las 5.30. Hay que adaptar el horario escolar a la biología de los estudiantes, porque la biología no se va a adaptar a los horarios”, concluye de la Iglesia.

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