Así puedes ayudar a tu hijo a que se adapte a un cambio de vida

Un nuevo rumbo en la rutina de los niños puede enriquecer su camino con nuevas experiencias, aunque les lleve un tiempo adaptarse a los cambios

Un padre juega con su hija en plena mudanza.

Carolina Pineda, De M y P, El País, 25/09/2018

La infancia, en general, es un buen momento para llevar a cabo un cambio de rumbo que implique trasladarse de ciudad, cambiar de casa o estrenar colegio. Los niños entre tres y 10 años son más adaptables a salir de su zona de confort y cambiar de vida. No obstante, al igual que los adultos tendrán su proceso de adaptación a las nuevas circunstancias, que conllevará un esfuerzo. Desde casa, ciertas pautas pueden facilitar el camino de los pequeños en el tránsito a su nuevo entorno, entre ellas, las que explica la psicóloga Gema José Moreno:

  1. Exponer con claridad y positivad las razones del cambio vital e incluir al niño/a dentro del proceso.Centrarse en las ventajas que obtendrá con el traslado de ciudad, barrio o colegio. Como en el caso de conocer otros amigos, tener una habitación más grande, un jardín donde jugar o conocer lugares nuevos que podrá disfrutar.
  2. Fomentar el diálogo sobre el cambio. La imaginación del niño puede dar mucho de sí. Hablar del tema en casa ayuda a disolver miedos y resolver las dudas que puedan surgir ante el cambio de vida.
  3. Posponer nuevos retos y cambios en la vida del niñopara evitar saturarle. Situaciones como aparcar los pañales o adaptarse a un comedor escolar implican un esfuerzo para los pequeños, que conviene que no coincidan con un cambio de ciudad, colegio o casa.
  4. Implicar al niño en los cambios que se avecinan para así despertar la ilusión ante el nuevo camino a recorrer. Entre otras cosas, se puede consultar con los pequeños cómo les gustaría que fuese su habitación o qué maleta usarán para el guardar sus cosas.
  5. Facilitar la despedida de los amigos del niño/a con un encuentro del grupo en el nuevo hogar, si es posible.
  6. Concertar una cita con el tutor del nuevo colegio para presentarse y que conozcan la situación familiar de cambio.
  7. Procurar una adaptación horaria al centro escolar progresiva. Un horario reducido en el colegio durante los primeros días del curso ofrece a los pequeños un margen para el tránsito hacia el horario completo.

Cuando surge alguna dificultad para que el niño/a se adapte al cambio de vida

Acostumbrarse a los cambios conlleva un esfuerzo tanto para niños como para adultos. El entorno escolar suele ser el que provoca más inseguridades y temores en el niño/a y más si se trata de un colegio nuevo. Pueden presentarse incluso síntomas físicos, como “dolor abdominal o de cabeza justo antes de tener que ir al colegio e, incluso, si son más pequeños puede haber rabietas o actuar como si tuviesen menos edad de la real. Todo ello suele ser pasajero y se soluciona con tiempo. No obstante, si se detecta que el miedo aumenta y no se avanza en la adaptación al nuevo entorno, se puede consultar con un especialista en el tema” Comenta la psicóloga, Gema José Moreno.

¿Qué podemos hacer si a nuestro hijo no le interesa nada?

¿Qué podemos hacer si a nuestro hijo no le interesa nada?

Sapos y Princesas, El Mundo, 27/09/2018

No todos los niños tienen los mismos intereses y aspiraciones. En ocasiones, sobre todo cuando llegan la adolescencia, algunos confiesan que no tienen ningún interés. Si pudieran se pasarían el día tirados en el sofá escuchando música o mirando alguna pantalla como el móvil o la tablet.

Ante esta incomprensible situación los padres nos desesperamos. Nos resulta increíble que nuestro hijo de 13 o 14 años no tenga ningún interés. Además, suele también coincidir con que nuestro hijo no tiene ninguna vocación clara. No quiere ser informático, futbolista, médico, bombero, taxista o panadero. Nada le motiva para estudiar o aprender nuevos conocimientos. Nos damos cuenta de que no se movería del sofá en todo el día si no se lo decimos. Una situación frustrante que tenemos que cambiar cuanto antes.

Adolescentes sin intereses

La falta de motivación puede ser la clave de esta ausencia de algún tipo de vocación o aspiración en nuestros adolescentes. Falta de motivación que hay que prevenir porque si se prolonga en el tiempo se puede convertir en fracaso escolar y que puede convertir a nuestros hijos en uno de los famosos “Ninis”, ni estudian ni trabajan.

El proyecto de investigación Estudiar en la escuela secundaria: construcciones de sentidos y estrategias realizado en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) intentó explicar la razón por la que algunos chicos no estudian. El estudio concluyó que la motivación no es una característica esencial de los sujetos sino una construcción que se desarrolla a lo largo del tiempo. Por este motivo hay que poner el foco no en el estudiante, sino en el conjunto de condiciones escolares de las que éste forma parte y que hacen posible la disposición a estudiar.

Más que motivar a los alumnos según el estudio hay que crearles condiciones en su entorno para que sean capaces de aprender y para que se sientan capaces de emprender cualquier tarea. Esto supone tiempo y debe ir construyéndose desde pequeños en el centro escolar pero también en la familia.

Crear la ilusión

La motivación depende muchas veces de la ilusión por algo. Puede ser un videojuego, los libros de Harry Potter o El Señor de los Anillos, el fútbol, la música o la cocina. Seguro que hemos observado que nuestros hijos tienen algún entretenimiento que les apasiona. Además, nos sorprende que no les cuesta nada aprenderse todos los personajes de los libros de Harry Potter.

El conocimiento necesita pasión y esa es la mejor fórmula para que nuestro hijo comience a moverse y a motivarse. A nuestro hijo fan de Harry Potter no le importará leerse otro libro de la saga o esperar una cola de 2 horas para ver una nueva película. Incluso apuntará todos los nombres de los personajes en una pequeña libreta.

No debemos minusvalorar los intereses de nuestros hijos. No digamos que no les interesa nada sino aprovechemos esas pequeñas pasiones para que desarrollar sus habilidades. En los videojuegos, los libros o las películas pueden ejercitar su memoria, aprender vocabulario en otro idioma como el inglés o incluso socializar con otros niños que tengan sus mismas aficiones.

Ideas para motivar a nuestros hijos

Los padres no debemos nunca tirar la toalla y menos poner la etiqueta a nuestro hijo de que es un vago o no le interesa nada. Todo lo contrario, debemos ayudarle a buscar su vocación escondida en la etapa de la adolescencia y fomentar sus pasiones. ¿No nos pasábamos nosotros las horas perdidas con las chapas o los cromos? Ahora los adolescentes y los niños tienen otros gustos y no por ello debemos intentar que los abandonen. Os vamos a dar algunos consejos para que logremos que nuestros hijos se levanten del sillón y se apasionen por su futuro.

1. Observar a nuestros hijos

Los padres muchas veces no sabemos qué hace nuestro hijo esas dos horas mirando el móvil o la pantalla del ordenador. Una buena idea es observar lo que hacen y preguntarle de forma amable qué hace. Podemos incluso pedirle que nos explique cómo funciona el videojuego o qué es lo que pasa en los libros de Harry Potter. Ese conocimiento quizás nos sirva de punto de inflexión para una nueva actitud.

2. Vivir experiencias

Otra buena idea es animar a nuestros hijos a que vivan experiencias más allá del centro escolar y las pantallas. Por ejemplo, ir con ellos de viaje, visitar museos o acudir al cine. Podemos aprovechar su interés por temas que hayan visto en clase o alguna de sus pasiones para empezar esa motivación.

3. Responder a sus preguntas

Si nuestro hijo empieza a tener interés por algunos temas también comenzará a hacer preguntas. Tenemos que tomarnos el tiempo suficiente para responderlas. Si no conocemos la respuesta la podemos buscar con él en Internet o preguntarle a alguna persona.

Unos padres curiosos y apasionados son el mejor ejemplo para motivar a sus hijosLa curiosidad y potenciar sus intereses puede convertirse en la llave para su motivación y la forma de evitar el fracaso escolar en el futuro. Cuanto antes empecemos a conectar con los intereses de nuestros hijos, más pronto lograremos que cambien el chip y emprendan un camino diferente.

 

La música, nuestra primera interacción con el mundo

A los tres meses de gestación el oído humano ya está formado. El feto es capaz de oír desde la voz de los padres hasta los ruidos de fondo

Un bebé disfruta de la música.

Andrea Proaño, De M&P, El País, 23/09/2018

Evan Le tiene siete años y cuando se sienta ante un piano sus piernecitas aún no alcanzan el suelo. En el momento en que sus manos se apoyan sobre el teclado y sus acordes inundan el espacio, el público enmudece y los jurados de los concursos musicales le hacen entrega de los más altos galardones. Este pequeño norteamericano, hijo de padres vietnamitas sin vinculación alguna al mundo de la música, interpreta, compone, hace arreglos a piezas de compositores célebres, juega al ajedrez y destaca en las clases de matemáticas. ¿Es un niño prodigio?

La música se presta especialmente a la aparición de niños prodigio. El ser una disciplina completamente abstracta que es rápidamente asimilada por los flexibles cerebros infantiles permite que las habilidades se manifiesten de manera precoz. Pero, tal vez, la propia capacidad musical que convierte a un niño en prodigio retroalimente esa genialidad permitiéndole destacar en otras ramas del conocimiento.

A los tres meses de gestación el oído humano ya está formado. Por ello, los sonidos que escuchan los bebés en el vientre materno, desde la voz de los padres hasta los ruidos de fondo, se convierten en sus primeras interacciones con el mundo. La música, especialmente, genera una sensación de estar acompañados, que puede ayudar a calmar a los bebés y, además, libera dopamina, la hormona que producimos cuando sentimos placer. No sorprende, pues, que cuando una criatura está llorando, una técnica empleada a menudo por los cuidadores sea cantarles, ya que la música reduce el estrés y mejora el ánimo.

El potencial de la música como estímulo de comunicación —incluso antes de que los niños puedan hablar— y de expresión podría ser explorado desde antes del nacimiento y durante la crianza. La música puede estimular el lenguaje infantil, puesto que ayuda al diálogo cuando las destrezas lingüísticas aún no se han desarrollado por completo, a la vez que enriquece y expande el vocabulario. Pero también influye en el lenguaje corporal, manifestándose en gestos espontáneos y auténticos de cada niño y favoreciendo el desarrollo de los músculos al incitarlos al movimiento corporal y a ganar ritmo y equilibrio. Además, la música podría hacer más sociables a los niños, pues tiene un efecto de contagio que podría generar mejores y mayores interacciones tanto entre los niños como con los adultos a su alrededor.

La musicoterapia, el uso de la música de manera controlada con propósitos clínicos, también se utiliza cada vez más para tratar distintas condiciones médicas desde la infancia, especialmente en niños con discapacidad, dificultades motoras y de lenguaje y en casos de trastornos neurológicos o emocionales. La Fundación El Triángulo, en Ecuador, lleva a cabo desde hace más de 25 años un proyecto que explota a través de las artes escénicas las habilidades de teatro, danza, música y arte en niños con discapacidades físicas e intelectuales. Esta iniciativa, que lucha por la igualdad de oportunidades y la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual, ha encontrado en la música una de sus herramientas más efectivas.

La relación entre la música y el desarrollo cognitivo se ha comprobado en numerosos estudios: la música incentiva la creatividad y la imaginación infantil y contribuye a la capacidad de escucha, memoria, atención y abstracción, además de ayudar a los niños a resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos. De acuerdo con un conocido diario médico, los niños con acceso a educación musical tienen mejor memoria a corto plazo, más habilidades de planificación e inteligencia verbal, y, a la larga, resultados académicos más destacados.

La música también podría repercutir positivamente sobre el desarrollo de los niños en condiciones de riesgo y vulnerabilidad. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) evaluó el impacto de un programa musical sobre el desarrollo de los niños en un contexto de pobreza y alta exposición a la violencia en Venezuela. Los resultados sugieren que al término de un año, los niños con oportunidades de acceder al programa musical tuvieron más autocontrol y menos problemas de conducta, efecto que se duplicó entre los del sexo masculino. La principal conclusión tuvo que ver con el efecto de la música en edad temprana: mientras menores fueran los niños, mayor la posibilidad de que la música tuviera un impacto positivo.

Sin embargo, el potencial de las intervenciones musicales en la primera infancia, sobre todo en las zonas más pobres y vulnerables, no está suficientemente explorado. En muchos de estos lugares, la música puede no ser una opción, ya sea porque los padres no tienen acceso a instrumentos o dispositivos musicales o por carencia de tiempo o de conocimientos sobre sus posibilidades. Pero entender que los beneficios de invertir en los primeros años de la infancia son mucho mayores que en cualquier otra época de la vida debería impulsar la introducción de la música en los programas de desarrollo infantil y de educación temprana de una manera creativa y eficiente en términos económicos. Y como la música es un lenguaje universal que no conoce de edades, su efecto podría hacerse sentir no solo en los niños de cualquier parte del mundo, sino también en sus cuidadores y, a la larga, en la sociedad en general.

Abuelos que pintan tebeos con sus nietos para alejarlos del teléfono y de la ‘tablet’

La Universidad de Alicante ofrece un taller de cómic sobre salud para que los mayores con pequeños a su cargo desarrollen una actividad enriquecedora y divertida

Abuelas y niños durante una clase en la Universidad de Alicante.

Rafa Burgos, El País, 22/09/2018

Andrés tiene siete años y tiene claro que va a dibujar alimentos. Ha venido con su abuela Sagrario a un taller de cómic para abuelos y nietos que servirá, también, para crear buenos hábitos alimenticios. Y aunque le están enseñando a crear un humano de dos dimensiones, Andrés venía con la idea de casa. Sus personajes tienen cabeza de fresa alegre o están tristes como un plátano. Sagrario está encantada. “Me gusta experimentar”, dice, “hacer cosas que no pude hacer mientras trabajaba”. Además, trata de cuidarse todo lo posible, y una manera de hacerlo es a través de la nutrición sana. Y más, si es con su nieto, “que tiene un cebo con la televisión, se pasa el día viéndola”. Así que, cuando lo cuida ella, lo saca “al parque, a jugar” o monta puzzles con él. Andrés es un trasto que no para de reír y hablar. Y dibuja bien.

Andrés y Sagrario son una de las parejas que ha reunido un taller organizado por la Universidad de Alicante (UA) a través de sus aulas de Cómic y Salud. La idea nació de los cursos para mayores del aula de Salud. Sus responsables detectaron que “había personas que no podían acudir porque tenían que hacerse cargo de sus nietos”, cuenta Virginia Carrión, responsable de la iniciativa junto a Adela Alonso. Una actividad a la que se dedica más del 30% de los mayores españoles, que suelen pasar unas seis horas diarias con los pequeños de la familia, según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. De manera que se pusieron a buscar “un espacio que pudieran compartir, alejado de la presencia continua de las pantallas” y que les uniera “en igualdad de condiciones”. Y lo encontraron en un folio de papel. Y un buen surtido de lápices y gomas de borrar.

La brecha intergeneracional es ahora más profunda que nunca en la historia. La tecnología ha convertido a abuelos y nietos en seres de planetas distintos, en especies diferentes. El predominio analógico o digital los convierte en pingüinos del polo y ñus de la sabana. Y además, la diferencia es casi irreconciliable. “Con este tipo de iniciativas”, asegura Rosa, que ha venido al taller con su nieta Alejandra, de siete años, “se estimula la creatividad y se crean hábitos positivos que ayudan a quitarles otros hábitos negativos”. Estos últimos tienen casi ficha policial: la tablet y el móvil. Los identifica Rosa, pero también el resto de abuelas presentes. Como María Dolores, que dibuja junto a Lucía, de nueve años, e Iris, de siete. “Me manejo bien con las nuevas tecnologías”, subraya, “pero en mi móvil no hay juegos para ellas y la tablet solo se utiliza para consultar cualquier duda”. Sus nietas pasan casi todo el día con ella. Y ha encontrado en la propuesta de la UA “una manera diferente de disfrutarlas”. A Lucía le gusta la idea; a Iris, no tanto. “Yo me paso el día dibujando”, relata la hermana mayor, “y ella da vueltas a la mesa quejándose todo el rato de que se aburre”. Iris asiente. Tiene el día atravesado. La abuela se parte de risa.

A lo largo de cuatro sesiones, abuelas –no se ha presentado ningún abuelo- y nietos deberán “crear una tira cómica con dos personajes, en la que deberán colaborar y decidir el reparto de tareas”, explica Ulises P. López, dibujante y editor de cómic reclutado para impartir “nociones básicas” de cómo se dibuja en los tebeos. Los guiones serán suyos, los personajes serán los mismos para todos. Pero cada pareja o grupo deberá compartir el diseño. “Es importante que decidan juntos quién se encarga de los personajes y quién de los fondos, quién da color, quién redacta los bocadillos”. Como colofón al taller, “se editará un cómic con los trabajos realizados para concienciar sobre los buenos hábitos alimenticios” y también se montará una exposición de los originales.

La decisión de que el hilo argumental de las viñetas sea la nutrición no es casual. “La mayoría de los nietos comen con los abuelos”, destaca Adela Alonso, quien además de coordinar el Aula de Salud de la UA, es adjunta de enfermería en el departamento de salud del Hospital de Alicante. Adoración participa en el taller porque quiere “aprender cosas que no se suelen tener en cuenta a la hora de comer”, porque, a su juicio, “ahora mismo, toca luchar para alimentarse bien”. Es decir, para encontrar “alimentos ecológicos, que encima son muy caros”. Junto a ella está Marina, su nieta, la mayor de todos los presentes, con once años. Le encanta “dibujar, hacer deporte y la música”. De hecho, quiere dedicarse al clarinete de manera profesional. Asegura que no le gusta mucho la tecnología. A su abuela, aún menos. “Me paso días sin descolgar el teléfono”, asevera. “Estamos muy contentas de haber venido, si el curso fuera de Informática, no estaríamos aquí”.

Los asistentes durante el aula de cómic y salud.

Otra de las intenciones del curso, según Carrión, es “poner en valor el papel educativo de los abuelos y demostrar que tienen un bagaje que compartir”. Como Amparo, que es ceramista y ha venido con Gabriel, de nueve años. Pero cada persona es un mundo. Y cada uno encuentra sus razones. Mari recibe la visita de su nieto Víctor, de siete años, “ocasionalmente”. Así que hace todo lo posible por “hacer cosas juntos” en cuanto surge la oportunidad. María Elisa, acompañada por Daniel y Hugo, de ocho y nueve años, respectivamente, asegura que sus nietos le “enseñan muchas cosas” y le aportan “otra cultura”. Y Maxi es viuda, vive sola y le gustaría que hubiese “más unión, que todos disfrutáramos más de las familias”. Además, quiere que a David, su nieto de siete años, le quede “un buen recuerdo de su abuela”. Parece que lo tendrá fácil. “Me encanta pasar tiempo con ella y me gusta comer con ella”, señala David. Es de los que habla sin que se les pregunte. “El agua hace chof”, grita de repente, cuando el profesor les pregunta por una onomatopeya. Tampoco deja de sonreír. Tampoco es mal dibujante.

¿Por qué mi hijo llora cuando nos vamos? Cómo evitar la ansiedad por separación

¿Por qué mi hijo llora cuando nos vamos? Cómo evitar la ansiedad por separación

Sapos y Princesas, El Mundo, 21/09/2018

Muchos son los miedos evolutivos que podemos encontrarnos en los niños. Esos miedos pasajeros que con el tiempo remitirán, pero que comienzan a ser un problema cuando estos continúan a lo largo del tiempo y cada vez se presentan con mayor intensidad provocando un malestar en el día a día.

Uno de los principales miedos que podemos encontrarnos es la ansiedad por separación de las figuras de apego. Es una etapa normal de desarrollo que los niños se sientan ansiosos ante situaciones como los primeros días de cole, cuando se quedan al cuidado de un familiar, o cuando se van de viaje o acampada.

Es importante tener en cuenta que la ‘permanencia del objeto’ en niños comienza a desarrollarse de forma gradual y alcanza su punto álgido entre los 16 y 24 meses aproximadamente. Es decir, hasta entonces no entienden que los objetos o personas existen aunque no puedan verlos. Es en este momento cuando la ansiedad por separación aparece.

La sobreprotección puede ser una variable de vulnerabilidad a la hora de desarrollar una ansiedad por separación.

Probablemente cuando vuestro hijo era un bebé se quedaba en la guardería sin llorar de forma desconsolada. Ahora en cambio, el momento de llevarle a la guardería o al cole puede convertirse en una situación de estrés tanto para el niño como para el progenitor. Esto no significa que hayamos retrocedido en la educación o desarrollo de nuestro hijo, sino que el niño ahora entiende que sus padres, cuando se van, no desaparecen, regresarán en algún momento que él desconoce, generándole una gran incertidumbre y angustia.

Cuando este comportamiento se afianza, nos encontramos con un trastorno de ansiedad por separación. Este miedo deja de ser de tipo evolutivo y entra en juego el vínculo afectivo y por tanto el tipo de apego que los progenitores hayan establecido con el niño.

¿Cómo afecta el tipo de apego en la ansiedad de separación?

La sobreprotección puede ser una variable de vulnerabilidad a la hora de desarrollar una ansiedad por separación. Los padres también crean dependencia sobres sus hijos y son ellos los que lo pasan mal ante la separación y se lo hacen saber al niño. Si ve que sus padres lloran o se ponen tristes cada vez que se separan, lo interpretará como algo negativo, apareciendo cierto malestar.

El que sus padres se vayan puede ser una amenaza para el niño. Necesita que sus figuras de referencia le salven de aquello que teme.

Ante la ansiedad por separación, el apego de tipo inseguro juega un gran papel. Son niños que necesitan del contacto y proximidad constante con las figuras de referencia. En este tipo de apegos no hay una base de seguridad para el niño.

En el caso del apego de tipo evitativo, no hay conexión emocional de los progenitores con el niño ni, por tanto, con sus necesidades. En cambio, en el apego de tipo inseguro ambivalente, las emociones y necesidades del niño se atienden de manera intermitente por lo que el niño no puede predecir las conductas de sus padres, generando cierta inseguridad.

El que sus padres se vayan puede ser una amenaza para el niño. Necesita que sus figuras de referencia le salven de aquello que teme. Este temor, además, afecta a sus actividades y a su vida diaria, por ejemplo, no queriendo ir a cumpleaños, a casas de sus amigos o a la escuela. Estos síntomas de ansiedad pueden incluso llegar a somatizarse en forma de dolores de cabeza y de tripa.

Este temor a la separación también puede aparecer por experiencias tempranasvividas por el niño, como una hospitalización propia o de un familiar, la separación de los padres o el fallecimiento de una persona cercana, entre otras.

Pero es importante tener en cuenta, que si el niño llora cuando sus figuras de referencia se van, no es nada extraño. Al revés, es sano. Además, ante un apego seguro, el niño aprenderá que sus padres siempre vuelven.

¿Cómo podemos actuar ante la ansiedad de separación en nuestros hijos?

  • En primer lugar es importante evitar el uso de amenazas del tipo: “Te voy a mandar a un internado como sigas comportándote de este modo” o “Estoy cansado, a este paso hago las maletas y me voy”. Este tipo de frases suelen decirse en discusiones o en ocasiones como una broma. Son amenazas que no se van a cumplir pero que generan inseguridad y desconcierto en el niño. Este temor llevará a querer controlar la situación y pensar que si él está en casa nada de esto pasará.
  • Un poco de preocupación en el niño ante la separación de sus padres es normal. Como adultos es importante que entendamos por qué nuestro hijo se siente así y ser pacientes con ellos. En estos momentos decirles “Deja de llorar, la que estás montando por esta tontería, si solo va a ser un ratito lo que estaremos fuera”, no ayudará al niño. Es importante validar sus emociones y cómo se siente.
  • Anticipar con tiempo si nos vamos de viaje el fin de semana o si el viernes saldremos a cenar con unos amigos y tendrán que quedarse con los abuelos.
  • Despedirnos siempre de ellos cuando vayamos a irnos. Hay familias que en ocasiones se van a escondidas y sin decir nada al niño para que este no patalee. De esta manera, cuando el niño se dé cuenta, tendrá la pataleta que en primer momento evitamos que se diese e incluso podrá tener otra aún mayor. Además, desconfiará de nosotros y la inseguridad que presenta aumentará y corroborará la idea de que sus padres se van a ir y le van a dejar.
  • La separación con las figuras de apego es sana. En niños con angustia de separación se hará de manera progresiva y en un primer momento con la misma persona, después iremos ampliando.
  • Es importante regresar cuando le hemos dicho a nuestro hijo que lo haremos. También es importante explicarle que los imprevistos existen y que a veces podemos retrasarnos porque había un atasco o hemos tenido que salir más tarde del trabajo.
  • Utilizaremos explicaciones entendibles para el niño. Es decir, en lugar de hablarle en términos más abstractos como por ejemplo, “Volveré a las 17:00 horas”, le diremos “Volveré después de que hayas merendado”.
  • Llevar a cabo una rutina, es decir, que las conductas de sus figuras de apego puedan comenzar a ser predecibles para él. Así disminuirá su angustia o ansiedad o aumentará la confianza.
  • Es importante trabajar conjuntamente en las relaciones de apego construidas con los niños. Estas serán la base de un futuro adulto emocionalmente sano.

Niños que tartamudean: ¿qué es lo típico y qué no lo es?

La tartamudez es un trastorno de la comunicación (no del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla acompañadas de tensión muscular en cara y cuello

Una sesión de logopedia infantil.

Ana Camarero, M&P, El País, 17/09/2018

A veces, tardaba en finalizar la frase. A lo largo de su explicación, casi siempre, se topaba con una sílaba que repetía varias veces de manera insistente, prolongando su sonido. Esta circunstancia solía ser motivo de burla por parte de algunos de los compañeros de clase, un hecho que afectaba a su estado de ánimo y a su autoestima. Sí, mi amigo tartamudeaba.

En España existen más de 467.000 personas que tartamudean, según datos ofrecidos por la Fundación Española de la Tartamudez, lo que supone el 2% en adultos y el 5% en niños en el conjunto de la población. Se trata de un trastorno de la comunicación (no del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla acompañadas de tensión muscular en cara y cuello. Los expertos consultados afirman que no se conocen bien los mecanismos por los que se desarrolla la tartamudez, pero en el 20% de los casos se ha encontrado relación con una alteración genética aunque, tal y como dicen, probablemente este porcentaje sea mayor, “cuando seamos capaces de reconocer otros genes asociados a este trastorno”.

La tartamudez o disfluencia normal en el habla suele ocurrir entre el año y medio y los cinco años de edad y suele ser transitoria y recurrente, incluso puede desaparecer durante semanas; mientras que las disfluencias atípicas son más frecuentes y están más tiempo presentes que ausentes. En las atípicas es característico que el tono de la voz aumente con las repeticiones, y en ocasiones se asocien a un bloqueo, tanto aéreo como de la voz, durante varios segundos. Juan Carlos Portilla, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), apunta que diferenciar las disfluencias normales y las atípicas “no siempre es sencillo, y a veces precisa de personal especializado”, aunque señala que “existen algunas características del habla que nos permiten diferenciar o establecer una situación de mayor riesgo para la tartamudez. En las disfluencias normales, los niños repiten las sílabas o las palabras una o dos veces, mientras que en las atípicas, el número de repeticiones es mayor (normalmente más de tres). Además, es evidente la tensión en la musculatura facial, especialmente alrededor de la boca”.

En las disfluencias normales, los niños repiten las sílabas o las palabras una o dos veces, mientras que en las atípicas, el número de repeticiones es mayor (normalmente más de tres).

En un estudio, publicado en 2010 en el New England Journal of Medicine,desarrollado por investigadores del Instituto Norteamericano de Sordera y otros Trastornos de la Comunicación (NIDCD, por sus siglas en inglés) con voluntarios de Pakistán, EEUU e Inglaterra, se identificaron tres genes como origen de la tartamudez. Juan Carlos Portilla revela que “actualmente, son cuatro los genes en los que se han encontrado asociación a la tartamudez; los genes GNPTG, GNPTAB, NAGPA y, más recientemente, el AP4E1”. El vocal de la Sociedad Española de Neurología comenta que “estudios realizados en población de personas afectadas por tartamudez encuentran que estas alteraciones genéticas explicarían como máximo el 20% de los casos”. “Las personas que presentan mutación en estos genes no presentan otros trastornos neurológicos asociados, por lo que se teoriza que el resultado de la mutación en alguno de estos genes provocaría una afectación a un grupo muy especializado de neuronas. Reconocer este grupo de neuronas permitiría avanzar en el conocimiento de la neuropatología de este trastorno, permitiendo la investigación en futuras terapias”, prosigue.

Juan Carlos Portilla afirma que el actual trabajo que se lleva a cabo en modelos animales (con ratones) en los que se replican las alteraciones genéticas que en humanos se asocian a la tartamudez, “tiene el potencial de encontrar nuevas mutaciones en otros genes, que puedan estar asociados a la tartamudez y que hasta ahora no se han descrito. Esto condicionará un mayor conocimiento de la neuropatología y fisiopatología de la tartamudez”.

Los expertos también inciden en el papel que el entorno familiar tiene para ayudar al niño que tartamudea a que se desarrolle sin estrés

¿Qué protocolo deben poner en práctica los padres para que se valore si su hijo tartamudea? El Consejo General del Colegio de Logopedas establece que es necesario acudir a un logopeda con formación específica en tartamudez para que valore en su conjunto las circunstancias que rodean al niño, su familia, el inicio de las disfluencias, etc., así como realizar un pequeño seguimiento y valoración de su habla.

Desde el Consejo General de Colegio de Logopedas se hace un llamamiento sobre el desconocimiento que existe actualmente por parte de los profesionales de la sanidad, concretamente, de los pediatras, sobre este tema. “El pediatra es el primer profesional al que recurren los padres y, en muchas ocasiones, los padres se encuentran con respuestas del tipo: ya se le pasará o es muy pequeño, y no los derivan al logopeda, que son los profesionales que entienden la importancia de “no esperar”, sobre todo en el caso de los niños pequeños entre 2 y 6 años”. Además, desde el Consejo se manifiesta que “el 80% de los niños con tartamudez no pudo acceder al logopeda por la Seguridad Social, porque el pediatra no consideró prioritario derivarlos, dando por hecho que lo superarían con la edad”. Asimismo, el Consejo hace especial hincapié en que, “aunque la tartamudez afecta al habla, tiene otras consecuencias para la persona, pues tiene implicaciones en sus pensamientos y emociones: miedo, vergüenza, culpabilidad, etc. Por eso, la atención temprana también será fundamental para prevenir y mejorar estos aspectos”.

Una vez que se ha confirmado la tartamudez del niño, Juan Carlos Portilla declara que la terapia se basa fundamentalmente en el trabajo que realizan los terapeutas especializados en el lenguaje y el habla. “Los objetivos del tratamiento, que deberán ser individualizados, son los mismos para los niños que para los adultos, aunque para los primeros el tratamiento también debe incluir la prevención del desarrollo de una tartamudez que pueda llegar a ser un problema en la edad adulta, por lo que será mejor cuanto antes se detecte y actúe sobre el problema”, reitera Portilla.

Asimismo, los expertos también inciden en el papel que el entorno familiar tiene para ayudar al niño que tartamudea a que se desarrolle sin estrés, proporcionándole un ambiente tranquilo que permita al niño hablar. Es necesario, en su opinión, escuchar atentamente lo que dice el niño, esperando que termine completamente las frases, evitando interrupciones constantes; hablar con él de manera relajada, sin intentar completar las palabras que al niño le cuesta pronunciar.

Una buena gestión de la tartamudez con la ayuda de un logopeda puede conseguir, según el Consejo General de Colegios de Logopedas, que el impacto de dichas disfluencias sea el menor posible en el flujo del habla y que el impacto en su comunicación, autoestima y en su vida diaria se reduzca, de manera que sea tratada con normalidad y aceptación.

 

Niños complacientes: no es oro todo lo que reluce

Un entorno demasiado exigente, la baja autoestima y el miedo al rechazo social, causas para que un niño sobrepase los límites sanos de la complacencia

Una niña ayuda a su padre con la colada.

Carolina Pinedo, De M & P. El País, 15/09/2018

La idea del hijo perfecto resulta una utopía que puede crear más de una frustración. Ese anhelo puede ser el caldo de cultivo para crear un niño demasiado complaciente o “centrado en las demandas externas y desconectado de sus propios deseos y necesidades, porque está volcado en cumplir lo que se espera de él y tiene dificultades para decir no”, explica Tristana Suárez, psicóloga clínica e infantil y terapeuta Gestalt.

Un niño complaciente puede dar la primera impresión de ser tratable y educado, pero tras el telón, la realidad es distinta porque “antepone a los demás a sí mismo y por lo tanto reprime gran parte de sus emociones, sobre todo las negativas o que provocan rechazo social, como la rabia, la angustia o la tristeza” aclara Tristana Suárez.

Otros rasgos que definen el perfil de un niño complaciente son que “suelen ser tímidos, y prefieren rehuir los conflictos a afrontarlos con valentía. Por otro lado, hay que tener en cuenta que muchos de estos niños mantienen su actitud de excesiva complacencia debido a la inyección de apoyo de esa actitud que les aportamos los adultos al decirles que son muy buenos y obedientes”, comenta Iván Carabaño, médico adjunto del servicio de pediatría en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre una complacencia infantil sana y otra que esconde cuestiones psicológicas que crean en el niño frustración e infelicidad? “Los niños amables alternan el comportamiento complaciente con la expresión de sus gustos y preferencias. Se diferencia de una actitud pasiva, con la que dejan que los demás elijan y opinen por ellos”, aclara Carabaño.

Caldo de cultivo para los niños complacientes

El ambiente en el que se desenvuelve un niño condiciona el hecho de que se convierta en una persona demasiado complaciente, como en el caso de “los entornos muy exigentes o las familias en las que los adultos están sobrepasados por sus circunstancias vitales y no gestionan de manera equilibrada sus responsabilidades. También es frecuente que, ante el sufrimiento de los padres, los niños complacientes adopten una conducta protectora hacia ellos, como si se dijeran, yo no voy a darte más problemas de los que ya tienes” explica la psicóloga Tristana Suárez.

Otros factores que influyen para que un niño sea demasiado complaciente son:

La baja autoestima. El niño/a intenta agradar y recibir elogios con su conducta para compensar sus sentimientos de resultar inadecuado.

La intolerancia a la frustración y las críticas. Por ello no soportan los fallos que pongan en entredicho su baja autoestima frente a terceros.

El exceso de exigencia por temor a decepcionar a unos padres que depositan demasiadas expectativas en sus hijos.

El miedo al rechazo social también favorece la aparición de comportamientos demasiado complacientes en los hijos, como en el caso de niños que han sufrido acoso o exclusión, son muy tímidos, temen los conflictos y se adaptan al medio social hasta convertirse en invisibles, a costa de hacer todo lo que se les pide para ser aceptados.

Los proyectos frustrados de los padres suelen estar detrás de un niño que trata de complacer, a costa de negarse a sí mismo. Como en el caso de aprender a tocar un instrumento que no le motiva o cursar estudios inacabados de los progenitores.

Padres que cargan a sus hijos con sus inseguridades para compensar sus propios sentimientos de inferioridad. Educan a sus hijos para alimentar su orgullo y así anulan la personalidad real de los niños.

Una vez que se detecta que el niño es demasiado complaciente porque detrás hay cuestiones psicológicas por resolver, ¿qué pueden hacer los padres para ayudar a su hijo a superar la situación? El pediatra Iván Carabaño aconseja:

  • Animar a los hijos a que expresen sin miedo sus preferencias y que las defiendan con respeto y sentido común.
  • Evitar tachar de desobedientes a los hijos por expresar una opinión diferente de la de los padres.
  • Motivar a los niños para que sean comunicativos con su mundo interior.Evitar el mutismo y el autoritarismo excesivo.
  • Plantear la vida en familia como una democracia, donde los hijos tengan derecho a expresarse.

Las nuevas EOI ofrecen un total de 9.540 plazas en siete centros de la Comunitat

Instalaciones en València, Torrent, Paterna, Vila-real, San Vicente del Raspeig y Vinaròs se suman al mapa de las escuelas de idiomas

El Levante, | València 14.09.2018 | 12:44

IES Font de Sant Lluís

IES Font de Sant Lluís

Las nuevas Escuelas Oficiales de Idiomas (EOI) de València, Torrent, Paterna, Vila-real, San Vicente del Raspeig y Vinaròs que empezarán a funcionar a partir del próximo mes de octubre ofrecerán un total de 9.540 plazas para este curso 2018-19.

Como ha aprobado hoy el Pleno del Consell, su creación comporta un incremento de los presupuestos de 2018 y 2019 en los gastos de personal, de funcionamiento de los centros y derivados de su equipamiento, cifrado en 1.456.072 euros. En concreto, en estas dos anualidades se contempla un incremento del profesorado de las siete nuevas escuelas de 27 docentes.

Con estas incorporaciones -que han tenido en cuenta criterios territoriales, poblacionales, culturales y de impacto socioeconómico-, el nuevo mapa de escuelas oficiales de idiomas, presentado por la Conselleria de Educación a finales del año pasado, pasa a disponer de un total de 24 centros en todo el territorio valenciano, con cerca de 100.000 plazas.

7 Hábitos de higiene personal imprescindibles para nuestros hijos

7 Hábitos de higiene personal imprescindibles para nuestros hijos

Sapos y Princesas, El Mundo, 13/09/2018

Adquirir hábitos de higiene saludables es fundamental para nuestro bienestar y es importante que tanto en casa como en el colegio seamos capaces de transmitir a los niños la importancia de los mismos. Con una buena higiene estamos evitando que los niños caigan enfermos y fomentando el bienestar personal y las relaciones interpersonales.

1. Disponer de todos los útiles necesarios para su aseo

Este es el primer paso para acostumbrarle a usarlos. Desde que son muy pequeños los niños han de disponer de su propio cepillo y pasta de dientes, peine, su jabón, toallas…y sentirse responsable de ellos. Además de los que tiene en casa, hemos de acostumbrarle a llevar una pequeña bolsa de aseo diario con al menos cepillo y pasta de dientes, sobre todo si come en el colegio.

2. Lavado de manos y uñas

Las manos son uno de los vehículos más importantes de transmisión de infecciones, por lo que tenemos que poner mucha atención en que las tengan siempre limpias. Han de aprender a lavarse correctamente con agua y jabón sobre todo antes de manipular alimentos y comer, después de tocar animales, antes y después de ir al baño y, por supuesto, cada vez que estén sucias. Es recomendable empezar este hábito y rutina entre los 12 y 18 meses, ayudándolos para que poco a poco lo puedan hacer ellos de forma autónoma.

3. Ducha o baño diario

Si hacemos de la hora del baño algo divertido, no nos será difícil establecer una rutina. A medida que van creciendo tenemos que enseñarles cómo lavarse bien cada parte de su cuerpo para que vayan adquiriendo autonomía. Es preferible que el baño sea por la noche y a la misma hora, antes de la cena.

 

4. Cabello

No es necesario lavarse el pelo cada día, pero sí llevarlo aseado. Para ello, hemos de enseñar a los niños a cepillarse cada día el pelo y, si lo tienen largo, a peinárselo. Cuando tengan edad de empezar a lavárselo solos, han de aprender a enjabonarlo y sobre todo aclararlo adecuadamente para que no les queden restos de jabón. Aunque hay que fomentar su autonomía, tendremos que estar pendientes durante algún tiempo y supervisar que se han lavado el pelo de forma adecuada.

5. Dientes

Cepillarse los dientes después de cada comida es un hábito fundamental que los niños han de aprender desde edades tempranas para prevenir caries, mal aliento y posibles enfermedades. Sobre los 18 meses podemos ir enseñándoles solo con el cepillo para que vayan tomando contacto y a partir de los 3 años pueden utilizar pasta de dientes especial para niños. Tendremos que estar encima para que no se olviden de cepillarse los dientes y supervisar que lo hagan correctamente, siendo el más importante el cepillado de antes de dormir, ya que es por la noche cuando la proliferación de bacterias es más activa. Los dentistas aconsejan que el proceso dure alrededor de 10 minutos. Estos son los pasos para un cepillado correcto:

  • Mueve el cepillo hacia atrás y hacia adelante en movimientos cortos, recorriendo bien la línea de la encía.
  • Utiliza el mismo movimiento para cepillar las superficies externas, internas y de masticación de los dientes.
  • Usa un movimientos para cepillar la lengua, las mejillas interiores y el techo de la boca.
  • Cepilla diente por diente en movimientos circulares suaves.
  • Usa el hilo dental para limpiar el espacio que hay entre los dientes.

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6. La nariz

Los catarros, alergias y resfriados producen mucosidad, y su exceso puede obstruir las fosas nasales y dificultar la respiración. Para eliminar el moco, hemos de enseñar a los niños a sonarse la nariz, llevando siempre pañuelos limpios y evitando tocarse la nariz con las manos sucias.

7. Higiene en el WC

Cuando los niños empiezan a ir al baño solos, han de aprender a limpiarse bien ya que los genitales, al estar tan próximos a los orificios de salida de la orina y las heces, son una parte del cuerpo que requiere de especial atención. Después de defecar hay que limpiarse bien, utilizando papel higiénico suficiente de forma que no queden restos (el último trozo de papel usado deberá quedar limpio). Las niñas deben limpiarse hacia atrás para no arrastrar restos de heces a la vagina. Después de utilizar el water, tirar de la cadena y comprobar que haya quedado limpio. Inmediatamente hay que lavarse las manos con agua y jabón para evitar enfermedades infecciosas.

Consejos prácticos para que nuestros hijos puedan llevar frutas cortadas al cole

Consejos prácticos para que nuestros hijos puedan llevar frutas cortadas al cole

Sapos y princesas, El Mundo, 10/09/2018

A los padres nos preocupa que nuestros hijos no tomen fruta. Una buena idea es hacerles una fiambrera para llevar con fruta cortada para una excursión, la playa o el recreo del colegio. Pero las altas temperaturas suelen estropear las frutas y tenemos que protegerla de la oxidación.

Las frutas no deben faltar nunca en la dieta saludable de nuestros hijos. Contienen altas dosis de líquidos ideales para refrescarse y un alto contenido en minerales que nos ayudan a reponer lo que perdemos a través de la transpiración.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el consumo de 5 o más raciones de frutas, verduras y hortalizas al día de forma regular.Estos alimentos “aportan vitaminas, minerales y fibra, algo de energía (sobre todo en forma de azúcar) y otros componentes menores indispensables para el organismo. Además, el consumo de estos alimentos protege contra muchas enfermedades por su actividad antioxidante, la estimulación del sistema inmune a mejora en el metabolismo del colesterol, la disminución de la tensión arterial y la actividad antiviral y antimicrobiana”, explican desde el Hospital Sant Joan de Dèu.

Llevar la fruta cortada al cole

Cuando salimos con los niños al parque o de excursión nosotros podemos controlar la oxidación de la fruta. Pero cuando le metemos la fiambrera con frutaen la mochila nos arriesgamos a que nuestros hijos se tomen la fruta oxidada y fea. Manzanas, peras o plátanos se pueden oxidar en pocas horas.

A los minutos u horas de cortar las frutas normalmente adquieren un feo color marrón. Ese proceso natural se llama ‘pardeamiento enzimárico’ y se produce debido a la acción de una enzima que concentra la oxidación de distintas moléculas cuando actúa junto al oxígeno. Para que esto no ocurra os vamos a dar 5 sencillos consejos que seguro que ayudan a prevenir la oxidación.

1. Rociar con limón

Una buena idea es buscar un recipiente hermético, cortar la fruta en trozos y meterla en la fiambrera. Una vez colocada la podemos rociar con un poco de zumo de limón, u otro cítrico, una vez colocada la fruta en la fiambrera. Esto ayuda a mantenerla blanca porque la acidez del limón neutraliza los agentes que la oscurecen.

2. Una servilleta mojada

Para finalizar el proceso anterior se puede mojar una servilleta de papel en agua y envolver la fruta en la fiambrera y cerrarla. Cuando nuestro hijo vaya a comerla, solo será necesario retirar el papel humedecido y los pedazos estarán tan frescos como recién cortados. El papel al estar húmedo hace barrera protectora, evitando así que el poco aire que pudiese haber quedado en la fiambrera reseque lo que hayamos puesto dentro y lo oxide.

3. Cuidado con los cuchillos 

Si cortamos la fruta con un cuchillo que tenga algo de óxido, seguro que se acelerará tremendamente el proceso de oxidación. Tenemos que prestar siempre atención a los utensilios que entran en contacto con la fruta y revisarlos con anterioridad.

4. En una bolsa de plástico

Además de guardarla en un recipiente totalmente hermético, también podemos meterla en una bolsa de plástico cerrada al vacío. Este sistema también evita que el aire entre en contacto con los alimentos, haciendo imposible la oxidación.

5. En un bol con agua

Otro método es meter la fruta en un bol lleno de agua fría y echar en él un chorro de cualquier zumo de cítrico o de vinagre preferiblemente de manzana. Un método complicado de realizar por nuestros hijos en el colegio, pero útil en casa.

Las frutas deshidratadas como alternativa

Si llevar una fiambrera con trozos de fruta natural resulta complicado, una buena idea es adquirir fruta deshidratada. Un proceso que surge para conservar estos alimentos tan delicados y perecederos para aprovechar los excedentes de la recolección y disfrutar de ellos fuera de su temporada natural.
La fruta deshidratada puede ser estupenda cuando viajamos o para llevarla a las excursiones o los recreos. Una buena parte de los nutrientes y minerales de la fruta se mantienen inalterados o incluso se concentran respecto a la fruta fresca.

Las frutas deshidratadas se pueden encontrar durante todo el año y se deben guardar en un lugar fresco y seco lejos de la luz. Si se quiere evitar que se resequen demasiado conviene introducirlas en un bote de cristal bien cerrado. Nunca se deben meter en bolsas de plástico, porque se pueden enmohecerse.

Tienen un alto contenido en hidratos de carbono en forma de glucosa, fructosa y sacarosa, que son los responsables de su sabor dulce y de proporcionar buenas dosis de energía. Además, contienen una gran dosis de hierro, potasio y estimulan y regeneran el sistema nervioso gracias a su cantidad significativa de vitaminas B1, tiamina, y B3, niacina.

La fruta deshidratada contiene fibra que mejora el tránsito intestinal y reduce el nivel de colesterol. Además, las frutas deshidratadas están indicadas cuando se necesita un alto aporte de energía. Estolas convierte en tentempié ideal para los estudiantes cuando están de exámenes o cuando nuestros hijos hacen mucho deporte.

 

Este es el peso máximo que debe llevar su hijo en la mochila

Más del 80% de los niños lo supera, mientras una madre cuenta en Change.org la drástica solución que ha encontrado

mochila

Buenavida, El País, 09/09/2018

Si un libro de texto de 256 páginas pesa unos 500 gramos —puede variar según el gramaje del papel o el tamaño de la hoja—, calcule: ¿cuántas asignaturas tiene su hijo este curso? Ponga un libro por asignatura, un cuaderno, las extraescolares y añada el material de deporte y el termo de la comida, si también la lleva desde casa. De media, según los datos de un estudio de la Universidad CEU San Pablo, los niños llevan 4,5 kilos a sus espaldas. Pruebe a ir con esto todo el día a cuestas. Es más, piense en esa maleta de cabina de máximo 5 kilos.

La OMS recomienda que la mochila no supere el 10% al 15% del peso del niño que la va a llevar”, apuntan Francisco García-Muro, profesor de Fisioterapia en la universidad y director del estudio, y Rebeca González de Castro, también investigadora en el proyecto. Entonces, si su hijo pesa 30 kilos, la recomendación sería que su mochila no pesara más de tres kilos(vea en la tabla los límites según los distintos pesos corporales), pero su hijo deberá llevar el mismo material al colegio que su compañero de 45 kilos.

peso mochila

“Con seis asignaturas diarias, a cuaderno y libro por cada una de ellas, más la mochila de educación física y la de la clase extraescolar, es utópico que ningún niño cargue con más peso del recomendado, pero por lo menos deberíamos reducir el porcentaje de niños que cargan sobrepeso con en su mochila cada día”, explican los autores de la investigación, que arroja que el 80,4% de los niños en edad escolar portan más kilos de lo que es seguro para sus espaldas (un 13,23% de su peso corporal). Y de los 102 alumnos de entre 6 y 12 años de colegios de la Comunidad de Madrid, casi el 6% superaba el 20% de su peso corporal.

¿Romper el libro por temas? Se buscan soluciones

“La vida sedentaria y la reducción de actividad física, añadido al sobrepeso de las mochilas escolares”, añaden García Muro y González de Castro, “son factores de riesgo muy importantes para tener en cuenta en los dolores de espalda”. Y son muchos los estudios que abundan en las consecuencias musculoesqueléticas de portar demasiado peso en la espalda.

Una madre relataba con cierta desesperación cómo desmembra los manuales de su hija para reducir el peso de su mochila en una petición dirigida al Ministerio de Educación y que sometía a voto popular en la plataforma Change.org para que los libros de texto sean trimestrales y no anuales. Se trata de una medida que ya se ha tomado en algunas comunidades, “pero, tal cual arroja este estudio, vemos que para el 80% del alumnado es insuficiente”, se lamentan los autores. “Tal vez la solución sean las nuevas tecnologías o racionalizar lo que realmente se necesita llevar y traer todos los días”.

¿Y las mochilas con ruedas? “En la búsqueda bibliográfica realizada previa al estudio, hemos encontrados más críticos que a favor [la carga, como ocurre con los bolsos que se llevan sobre un hombro, se distribuye en la espalda de forma desigual], aunque es un campo que aún no se ha estudiado lo suficiente”. Mientras la mochila siga llevándose en la espalda, Óscar Campillo, experto de las clínicas de espalda Atlantotec, explicaba a BuenaVida que “hay que colgarla en la zona dorsal, llegando hasta las lumbares, pero nunca colgando por debajo de estos segmentos de la columna vertebral”.

 

La ministra de Educación estudia prohibir los móviles en los colegios

Francia lo ha vetado, pero en España no hay legislación y cada centro regula su uso

El debate sobre el uso de los móviles en los centros escolares se ha colado en la agenda del Gobierno. La ministra de Educación Isabel Celaá ha declarado hoy en una entrevista a la Agencia Efe que su Gabinete estudiará la posible prohibición de su utilización en los centros educativos. Se seguiría así la estela de Francia, que el lunes pasado anunció que prohíbe el uso de cualquier aparato conectado (móvil, tableta o reloj) hasta los 14-15 años.

“Es una cuestión interesante y a estudiar porque tenemos demasiados adolescentes muy adictos a la tecnología. Hay que reflexionar sobre si el tiempo escolar debe estar libre de esa adicción”, ha argumentado Celaá. También ha admitido que existe controversia en cuanto a la idoneidad de tomar esa decisión, porque han encontrado “opiniones fuertemente encontradas”, motivo por el que lo “van a estudiar con expertos”.

En España no existe un marco regulatorio específico sobre la utilización de los dispositivos móviles personales en el aula, ni estatal, ni autonómico. De esta forma, cada centro decide cuáles son sus políticas al respecto. Los reglamentos de los colegios los prohíben salvo para actividades programadas, pero en los institutos hay mayor diversidad, según el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado (INTEF), que depende del Ministerio. Este organismo ha publicado el Marco Común de Competencia Digital Docente. En el documento se ofrecen las pautas de seguridad sobre el uso de las tecnologías en el aula. Pero son solo recomendaciones.

En España, uno de cada tres niños de 10 años tiene móvil. En el caso de los de 13, el 78,4%, y entre los de 15, el 90%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2014.