Los bilingües alternan idiomas de forma voluntaria y sin esfuerzo

Cuando el contexto lo permite, las personas bilingües mezclan espontáneamente sus lenguas, lo que hace que su expresión verbal sea más rápida y ágil. Según un nuevo estudio, el uso libre de los dos idiomas al comunicarse puede exigir menos esfuerzos cognitivos que tener que usar uno solo.

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SINC, 30/07/2018

La forma en que los bilingües controlan sus dos lenguas, cómo cambian de una a otra sin aparente esfuerzo y los mecanismos neurales que subyacen a estos procesos han sido algunas de las preguntas más relevantes en el campo de la investigación en ciencia cognitiva del multilingüismo recientemente.

Sin embargo, la mayoría de los estudios se han centrado en una implementación poco natural y basada en paradigmas de laboratorio estrictos en los que el cambio o alternancia de lenguas ocurre en respuesta a una serie de claves que indican a los bilingües qué idioma usar y cuándo cambiar.

Por ejemplo, ante la presencia de una bandera determinada acompañando a un dibujo, el nombre de ese dibujo debe decirse en una lengua, y si la bandera cambia, la lengua utilizada para denominar el dibujo debe cambiar también.

Estos estudios generalmente muestran que para los bilingües es más fácil usar una lengua que usar dos para denominar los objetos. Pese a esto, la percepción en las conversaciones que se mantienen en la calle en sociedades con presencia de varias lenguas indica algo diferente, y apunta a que la gente mezcla lenguas de manera voluntaria y sin apenas esfuerzo.

Un estudio, realizado por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) y la Universidad Nebrija, demuestra que cuando los bilingües son libres de usar sus dos idiomas de la manera que desean, pueden llegar a denominar los objetos que ven incluso más rápido que cuando se les fuerza a usar solamente una de sus lenguas.

“Una de las capacidades menos valorada, pero más interesante de los bilingües es la de alternar entre lenguas con aparente sencillez cuando el contexto se lo permite”, señala Ángela De Bruin, investigadora del BCBL y autora del estudio.

Cuando los bilingües son libres de usar sus dos idiomas de la manera que desean, denominan los objetos que ven incluso más rápido que con uno solo

Así, este trabajo demuestra que existe una fuerte tendencia a alternar de manera natural entre lenguas, en contra de lo que se podría haber esperado desde perspectivas más puristas sobre el uso de la lengua. “Este estudio pone de manifiesto las ventajas de favorecer la mezcla de lenguas”, manifiesta Jon Andoni Duñabeitia, investigador de la Universidad Nebrija y coautor del estudio.

Un experimento con bilingües

En la investigación se pidió a bilingües del País Vasco que hablaban castellano y euskera que nombrasen imágenes. Los bilingües tenían que nombrar todas las imágenes en un solo idioma (euskera o castellano), o podían nombrar las imágenes en el idioma de su elección.

El primero de los hallazgos de los investigadores fue que cuando se permitió a los participantes utilizar la lengua que quisieran, los bilingües alternaron con mucha frecuencia entre el castellano y el euskera. “Si dejamos a los bilingües alternar entre sus lenguas, lo harán más de lo que creemos”, subraya De Bruin.

El segundo de los hallazgos también fue sorprendente. Al medir el tiempo que tardaban en denominar las imágenes, los científicos descubrieron que los bilingües tardaban menos en recuperar y producir el nombre de las imágenes cuando usaban dos lenguas que cuando se les pedía que usasen un solo idioma. Es decir, no solamente alternaban voluntariamente entre lenguas de una manera muy frecuente, sino que esto hacía que sus producciones verbales fueran más rápidas.

Estos descubrimientos muestran que, contrariamente a lo que a menudo se cree, el uso de dos lenguas no siempre resulta en un esfuerzo negativo, y depende del contexto. En muchas ocasiones, las dos lenguas de un bilingüe se utilizan en contextos diferentes.

Por ejemplo, un bilingüe puede usar una lengua en la escuela y otra en el hogar, o una lengua en su entorno familiar próximo y otra con los amigos. En estos contextos, obviamente, el bilingüe necesita asegurarse de que se utiliza el idioma apropiado y que se controla adecuadamente la posible interferencia de la otra lengua.

Pero en otras situaciones en las que un bilingüe se encuentre rodeado por otros bilingües que también hablan esas lenguas de manera fluida, la alternancia entre ambos idiomas puede ser voluntaria, libre y positiva. Como De Bruin y sus colegas mostraron, en este tipo de contextos, el uso libre de las dos lenguas puede costar menos esfuerzo y ser más ágil que el uso de una única lengua.

Estos hallazgos también tienen implicaciones importantes para la forma en que se usan las lenguas en contextos escolares. Los sistemas educativos bilingües a menudo promueven el uso de un solo idioma en el marco de una asignatura concreta, y desalientan a los niños a mezclar sus lenguas. Sin embargo, los resultados demuestran que la mezcla de idiomas no es signo de un uso pobre del lenguaje ni denota bajo nivel competencial en las lenguas. Muy al contrario, y como defiende Duñabeitia, “el uso libre de las dos lenguas puede ayudar a los bilingües a comunicarse de manera más eficiente y con menos esfuerzo, favoreciendo la inclusión lingüística”. 

Cinco canciones para que tus hijos practiquen mates este verano

Estos éxitos televisivos y de radio pueden servir para motivarles y que así resuelvan cuentas y fórmulas poniendo en práctica los conocimientos que han adquirido en la escuela.

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De mamás & papás, 28/07/2018

La música es un canal perfecto para potenciar diferentes habilidades en los más pequeños, también las matemáticas. Pero, ¿cómo se pueden usar las canciones para que practiquen con los números? La clave está en aprovechar las referencias que incluyen algunas letras. Desde Smartick, defienden que los temas que hablan de matemáticas sirven para motivar a los hijos y hacer que resuelvan cuentas y fórmulas poniendo en práctica los conocimientos que han adquirido en la escuela.

Nada de canciones infantiles sobre números… Hay que recurrir a temas populares y que sean de su interés. En Smartick lo tienen claro: “Al adaptar los contenidos matemáticos a los intereses de los más pequeños, como puede ser la música, estamos potenciando su motivación hacia la asignatura y demostrándoles que hay formas divertidas de estudiarla, lo que contribuye a desmontar el mito de que son aburridas”. Los expertos de este método para aprender matemáticas online hacen hincapié en la necesidad de que los niños estudien las matemáticas que están presentes en su día a día. Por ello, han hecho una selección de temas famosos de la televisión y la radio que sirven para que los niños practiquen mates desde casa durante las vacaciones:

1. Me equivocaría otra vez de Fito & Fitipaldis: “sigo apostando al 5 y, cada 2 por 3, sale 6…” Quien se sepa esta parte de la canción, aunque quizás inconscientemente, está cantando una multiplicación. Al hacérselo ver al niño, se le puede plantear el reto de recordar las tablas de multiplicar a través de cálculos simples y otros más complejos. Además, esta canción da para practicar también las restas. “No sé restar tu mitad a mi corazón”, dice Fito, un buen gancho para que el pequeño resuelva mentalmente algunas de estas cuentas.

2. 19 días y 500 noches de Joaquín Sabina: ¿Cuántas horas tiene un día? ¿Y una noche? ¿Y 500? Aunque Sabina no escribiera su famosa canción pensando en cómo pueden aprender matemáticas los niños con la música, el suyo es un tema perfecto para repasar las medidas del tiempo. En esta canción se puede jugar con la dificultad del ejercicio calculando primero las horas, luego los minutos y, finalmente, los segundos.

3. Uno más uno son siete de Fran Perea: aunque pueda parecer un cálculo incoherente, en la famosa intro de Los Serrano se cita una suma que puede dar mucho de sí para que el niño realice cálculos matemáticos basados en los miembros de la familia. Tomando como referencia esta unidad familiar, se pueden plantear cuestiones como: ¿qué fracción de hijas o hijos compone esta familia? ¿qué porcentaje de la familia suponen los padres? ¿cuál es la edad media de todos los miembros?

4. Geometría polisentimental de Alaska: esta canción puede convertirse en un reto de lo más divertido en el que el niño tiene que representar todas las formas geométricas que se citan en la letra. La variedad de polígonos y cuerpos geométricos es bastante amplia, por lo que se pueden seleccionar los más sencillos o los más complejos para adaptar la actividad su nivel.

5. ABC de los Jackson 5: para aumentar la dificultad del ejercicio y practicar otras asignaturas de forma transversal qué mejor canción que esta, que es en inglés y menciona números y letras del abecedario. Este tema da juego para que el niño practique su agilidad mental identificando qué número se corresponde con cada letra del alfabeto y realice cálculos, como el porcentaje de vocales y consonantes.

¿Cuándo es el momento de quitar el pañal a tu hijo?

Cómo saber cuándo está preparado

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Alejandra Sánchez, De mamás & papás, 28/07/2018

La mayoría de los padres se preguntan cuándo es el momento en el que su hijo podrá dejar el pañal. Por desgracia, no hay una respuesta concreta puesto que el control de los esfínteres está determinado por un factor de maduración biológica, por lo que se debe respetar el ritmo de cada niño y no forzarlo a hacer algo para lo cual no está preparado.

La Dra. Eva Bargalló Aylagas, jefa del servicio de pediatría del Hospital Sanitas CiMA asegura que es un proceso de aprendizaje que va de la mano con su maduración física, por lo que jamás debemos compararlos con otros niños. “El niño debe aprender a controlar dos esfínteres: el pís y la caca y no siempre se dan al mismo tiempo. Se suele producir entre los 2 y 3 años de edad, aunque en algunos casos puede ser un poco mas tarde”, sentencia.

No existen reglas fáciles ni rápidas, pero si una serie de sugerencias que cada familia puede adaptar a su hijo cuando tenga alrededor de dos años puesto que observaremos ciertos signos como:

Ya puede caminar sin ayuda y tiene buena coordinación en las manos para subirse y bajarse los pantalones.

Es capaz de seguir instrucciones o imitar acciones de los adultos.

– Controla su vejiga porque orina bastante de una sola vez –no en pequeñas cantidades más frecuentes– y se mantiene seco durante 2 o 3 horas.

Según la experta pediatra, no es recomendable forzar el aprendizaje de ir solo al baño y quitar el pañal si no observamos alguna de estas características. Por otra parte, tampoco recomienda que se haga si el niño está experimentando algún cambio significativo en su vida como el nacimiento de un hermano, el cambio de vivienda, una enfermedad o el comienzo de la guardería.

También es importante que no reciba instrucciones contradictorias por parte de sus familiares o personas que le cuidan, siempre deberán ser las mismas para no confundirle. La paciencia por parte de quienes le rodean es primordial, todo deberá fluir sin estrés. Bargalló Aylagas considera que puede ser útil que el niño acompañe a un adulto al retrete para naturalizarlo y que le sea más fácil ‘imitar’ esta acción en su orinal.

Asimismo, aconseja no ponerle el pañal durante el día para que note cuando se ha hecho pis, así como enseñarles a subirse y bajarse los pantalones. Si se hacen pis encima, nunca debemos enfadarnos ni gritarles, tan solo explicarles que han de hacerlo en el orinal.

Lo que debes y no debes hacer como padre:

No debes mostrar preocupación u obsesión por el tema.

No le castigues, regañes o avergüences, si comete un fallo.

No le dejes sentado en el orinal durante mucho tiempo.

– Este aprendizaje no debe convertirse en una lucha de poderes entre el adulto y el niño.

Asegúrate que está listo  para dejar el pañal. No hay una edad mágica (hay niños que no están listos incluso hasta los 4 años, cada uno a su ritmo).

¿Cuáles son las señales físicas, de comportamiento y cognitivas para estar seguros?

Señales de comportamiento:

– Es capaz de sentarse y mantenerse en la misma posición entre dos y cinco minutos.

– Puede subirse y bajarse los pantalones por sí solo.

– Le molesta tener sucio el pañal.

– Trata de imitar a los adultos cuando van al baño (quiere verte ir al baño, ponerse ropa interior).

– Hace gestos o se manifiesta físicamente cuando quiere ir al baño (hace ruidos, se agacha o directamente te lo pide)

– Muestra cierta independencia.

– No dice a todo que no.

– Se muestra orgulloso de sus logros.

– No parece resistirse a aprender a usar el orinal infantil.

Señales cognitivas:

– Obedece instrucciones sencillas.

– Comprende la importancia de guardar las cosas en su lugar.

– Tiene palabras –pueden ser las suyas propias– para designar las evacuaciones y la orina.

– Sabe cuándo tiene la necesidad de ir al baño (percibe las señales físicas) y es capaz de decírtelo antes de hacerlo.

Recuerda que todo aprendizaje lleva su tiempo, el éxito va a depender de cómo lo manejes. No hagas de ese momento una tortura para el niño ni que lo vea como algo negativo. El mejor para él eres tú. No obstante, ante cualquier dura o preocupación no dudes en consultarlo con un pediatra para que te indique cómo debes actuar.

13 valiosas lecciones que los padres pueden aprender de sus hijos

Hijos maestros y progenitores aprendices, gracias a nuestra prole podemos recordar y recuperar una forma de vivir que nos reporta felicidad, bienestar y autenticidad.

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Carolina Pinedo, De mamás y de papás, El País, 24/07/2018

Educar a los hijos es un gran reto y, además, si somos observadores y empáticos, puede aportar a los progenitores interesantes enseñanzas y recordarles ciertas facetas olvidadas de su infancia que conviene mantener en la edad adulta, como la espontaneidad, la curiosidad, la capacidad de sorpresa, la inocencia o la confianza.

Los hijos también son nuestros maestros al resultar un espejo para sus progenitores en las cuestiones que deben cambiar o mejorar. “Observan a los padres de arriba abajo, imitan muchos de sus comportamientos porque sus neuronas espejo están muy desarrolladas y nos conocen muy bien, por lo que también nos pueden enseñar mucho y dar muchas lecciones”, explica Darío Fernández Delgado, médico de familia y psicólogo clínico. Algunas de esas enseñanzas son:

  1. Ser congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos. Cuando los padres tratan de educar a sus hijos pueden caer en incoherencias que no aportan ningún ejemplo, como en el caso de cuando los progenitores insisten en que los niños no jueguen mientras comen, pero lejos de dar ejemplo, los padres leen el periódico o ven la televisión. “Esto es una enseñanza que pone en evidencia la incongruencia de nuestros comportamientos. Los niños nos recuerdan un principio general de la pedagogía, el lenguaje verbal, el corporal y los actos o hechos no pueden ser contradictorios”, recuerda Darío Fernández.
  2. Expresar los miedos o complejos delante de los hijos fomenta que los desarrollen ellos también. “Si el padre comenta: Mañana tengo que dar una conferencia, qué vergüenza, qué nervios, el niño/a aprenderá a tener miedo a hablar en público. Así que mejor no decir nada o contárselo a otra persona”, advierte el médico y psicólogo, Darío Fernández.
  3. El valor de la empatía, una enseñanza impagable. Cuando el niño miente, “seguramente es porque tenga un deseo o impulso incontrolable de cambiar la realidad”. “Necesita que los padres se pongan en su lugar, que le dejen terminar de expresarse, que no le interrumpan, ni le juzguen, porque en caso contrario se corta la comunicación con los padres, ya que el niño o adolescente asimila que no vale la pena contar nada porque no le van a entender”, comenta Fernández
  4. Lección sobre gestión de celos. A través de la educación de los hijos se puede aprender que no merece la pena tomar partido en las disputas fraternas. Así que los progenitores pueden aprender la valiosa lección de solucionar las disputas a través del pacto (o negociáis u os quedáis los dos sin el juguete).
  5. Las consecuencias de usar el verbo ser y hacer. Pensar antes de pronunciar frases como: Tú eres tonto, un quejica, un egoísta o Tú la próxima vez lo que tienes que hacer. El niño/a sabe qué es lo que hace mal. Lo que necesita de sus progenitores es una guía u orientación sobre cómo proceder o comportarse para gestionar mejor sus emociones.
  6. Alegría y disfrute del propio cuerpo y de los sentidos. Estar en el aquí y ahora, un continuo presente, que es donde realmente sucede la vida. “Ese estado, que es natural en los niños, es la aspiración de los practicantes de meditación para lograr apartarse de la tendencia de la mente de llevarnos a un futuro que no existe o a un pasado sobre el que ya no tenemos capacidad de modificación”, explica Tristana Suárez, psicóloga clínica e infantil y terapeuta Gestalt
  7. La espontaneidad para ser auténticos. Los niños pequeños se dejan llevar por sus deseos y su propia visión de las situaciones. “Todavía no se les puede sobornar con facilidad. Por ello protagonizan situaciones como negar un beso a alguien si no lo quieren dar o expresar su verdad sobre lo que sienten o perciben sin importarles lo que piensen los demás. Esto aporta una frescura a su forma de moverse por el mundo, que en las dosis adecuadas, estaría bien recuperar. Un poco más de libertad y atrevimiento”, comenta la terapeuta, Tristana Suárez.
  8. Recuperar el sentido lúdico como vía de aprendizaje. Los maestros del juego nos pueden enseñar a probar y experimentar dentro del entorno seguro que establece la capacidad de jugar.
  9. Ser creativos para liberarnos de prejuicios. Podemos recordar e imitar la mente de aprendiz de nuestros hijos para tener una perspectiva de la realidad libre de esquemas y prejuicios. Así recuperamos la capacidad de crear sin límites.
  10. La rebeldía como homenaje a nuestra autenticidad. Evitar hacer lo que pueda ir en contra de nosotros mismos por agradar o encajar en el entorno. Imitar la capacidad de nuestros hijos de ser rebeldes tiene que ver con saber ser fiel a uno mismo.
  11. Disfrutar de la curiosidad y la capacidad de exploración. Podemos aprender de nuestros hijos a observar y preguntar para entender el funcionamiento del mundo. Nuestros pequeños maestros nos pueden enseñar a probar y equivocarnos. Experimentar sin miedo para descubrir algo nuevo cada día.
  12. La inocencia como camino hacia la magia. ¿Qué mejor maestro de la inocencia que un niño/a? Ellos mejor que nadie son capaces de ser y mirar sin culpa y con pureza. Podemos aprender y recordar de los niños a asombrarnos ante la realidad tal como se presenta, lo que provoca que todo pueda parecer extraordinario y mágico.
  13. La confianza para espantar el miedo y la inseguridad. Merece la pena aprender que el mundo es un lugar donde vale la pena vivir. La confianza tiene mucho que ver con la esperanza y la certeza de que van a suceder acontecimientos positivos, o que cuando ocurre algo no tan bueno, lo vamos a poder superar. Los niños también nos muestran cada día el valor de la confianza interna para no amedrentarse por los miedos o las inseguridades.

 

8 Formas para reducir comportamientos de búsqueda de atención de tus hijos

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Sapos y Princesas, 24/07/2018

En la calle, en el supermercado, en el colegio, en todas partes hay padres que reciben atención y alabanzas por lo bien que se portan sus hijos. Pero también hay padres que reciben atención por lo contrario, hijos que están constantemente pidiendo atención y que además lo hacen en los momentos más inoportunos. Te damos algunos consejos para que reduzcas este comportamiento de búsqueda de atención.

Algunas de las formas de llamar atención de los hijos son:

  • Fingir que están enfermos para recibir más atención.
  • Actuar o reaccionar de forma dramática.
  • Causar daño a otros para luego rescatarlos y ser un héroe.
  • Erigirse como líder para recibir atención y que otros hagan lo que él dice.
  • Poner a uno de sus padres en contra del otro.
  • Hacer como que está muy ocupado y que todo lo que hace es importante para sorprender a los demás cuando le da tiempo a hacer todo.
  • Hacerse la víctima con las cosas más nimias.

Si detectas alguno de estos comportamientos en tus hijos probablemente sea porque sienten que les falta algo y creen que sólo importan cuando llaman la atención. Sigue estos pasos para redirigir la búsqueda negativa a actitudes más positivas.

1. Busca la causa

Pregúntate por qué tu hijo está actuando de esta manera tan poco civilizada. Una de las causas más frecuentes es que los sólo consiguen 7 minutos de atención al día con sus padres. Otra es que se sienten descorazonados por algo. Cualquiera que sea la causa, si persiste el comportamiento, tu hijo podría terminar desarrollando características abusivas.

2. Anima a tu hijo

Dale siempre palabras positivas. Recuérdale cada cierto tiempo lo especial que es y lo que significa para tí. No te olvides de decirle todos los días que le quieres y que es importante en tu vida. Alaba las cosas que hace bien, sobre todo si las ha hecho sin necesidad de que se lo digas. Céntrate en las cosas buenas que hace, en lugar de en las negativas. Si le das atención por lo positivo, repetirá ese comportamiento para conseguirla.

3. Dedica tiempo para tu hijo a diario

Juega con él, da un paseo, llévale al parque, lee con él todos los días. Asegúrate de que varios días a la semana haceis al menos una comida todos juntos con las tecnologías apagadas.

4. Hazle participar en actividades contigo

Incorpora las tareas del hogar a la rutina familiar. Anímale a que friegue contigo, te ayude con la colada o recoja sus cosas y haz estas tareas de forma divertida. Es una manera de dedicarle tiempo, de enseñarle destrezas y de hacer cosas que de otra manera no tendrías tiempo de hacer.

5. Planifica el tiempo juntos

A largo plazo, hazle caso cuando propongan un plan de fin de semana y cumplelo. Planifícalo con él y haz que lleve las riendas del plan. A corto plazo, pídele que esperen 15 minutos mientras haces algo. ponle un cronómetro para que vean cuánto tiempo queda. Cuando se cumpla el tiempo deben escoger ellos la siguiente actividad. De esta forma aprenden a esperar tu atención y a no depender de ti todo el rato.

6. Dale tiempo individual

Dale un rato todos los días para que juegue solo, puede ser en su habitación o en el cuarto de jugar, con las tecnologías apagadas. Es suficiente con 15-30 min, lo importante es que aprenda a entretenerse solo. Esto también le ayuda a identificar sus gustos y a construir su identidad. Aprender quién es él independientemente de su familia le dará seguridad en sí mismo y evitará que necesite mucha atención constante.

7. Abandona la culpa, pero no las reglas

Como padres somos responsables de educar a nuestros hijos, pero no de lo que nuestros hijos hacen con esa educación. Así que deja de sentirte culpable por el comportamiento de tu hijo y desarrolla reglas que tu hijo pueda seguir y que sean las mismas en cada situación. Es importante ser consistentes y no desesperar en el refuerzo de estas reglas.

8. Recuerda, responde, retira

  • Recuerda por qué tu hijo actúa de esta manera, así podrás responder con calma.
  • Responde haciendo ver a tu hijo tranquilamente que su comportamiento no es apropiado en ese momento.
  • Retira a tu hijo de esta situación hasta que se calme si no responde a tu aviso.

Con estos consejos conseguirás que tu hijo poco a poco se sienta más seguro y confiado y no busque atención de forma negativa. Recuerda que tu hijo necesita sentirse querido y apoyado para desarrollarse como persona.

“Con los preadolescentes, la clave es más bicicleta y menos ‘smartphone”

Bárbara Tamborini y Alberto Pellai son autores de ‘La edad del tsunami’, un libro en el que se acercan a esta etapa vital poco estudiada y sumamente desconocida.

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El País, 23/07/2018

La psicopedagoga Bárbara Tamborini y el médico y psicoterapeuta Alberto Pellai son pareja, padres de cuatro hijos y autores de La edad del tsunami (Paídós), un libro en el que se acercan a la preadolescencia, una etapa vital poco estudiada y sumamente desconocida “con características muy específicas, que requieren una atención educativa muy diferente de la dirigida a niños o adolescentes”.

Se supone que la preadolescencia se da entre los 10 y los 14 años, aunque ambos expertos reconocen que “asistimos a una aceleración del crecimiento” a la que ya se aproximaron en su anterior libro que, no por azar, se titulaba Tutto troppo presto (Todo demasiado pronto). Y ese “demasiado pronto” es precisamente una característica de esta etapa, marcada por “una revolución que concierne al cuerpo y a la mente”, en la que los menores se asoman a un mundo por explorar y descubrir, deseosos de “vivir experiencias emocionantes y emocionales” sin haber desarrollado aún, sin embargo, las habilidades cognitivas “para manejar los riesgos asociados con ellas y predecir las consecuencias que se derivan”. De ahí, el papel “fundamental” que los padres adquieren en estas edades.

PREGUNTA. Generalmente los padres tememos a la adolescencia de nuestros hijos, pero no tanto a la preadolescencia. Sin embargo, vosotros la definís como “la edad del tsunami”. ¿Qué tiene esta etapa vital para ser eso, un tsunami?

RESPUESTA. Las transformaciones que ocurren a nivel neurológico en las mentes de nuestros niños los convierten en tsunámicos: tienen el mismo poder que un huracán y les cuesta regular la impulsividad que los invade y los mantiene a su merced. Los preadolescentes son “toda emoción y poca razón” y es por eso por lo que son tan exigentes: no consiguen regular su energía emocional, carecen de la capacidad de ponerse límites. Somos los adultos quienes tenemos que proporcionarlos.

P. En ese sentido, prestáis una gran atención en el libro al cerebro del preadolescente. ¿Qué pasa en la mente humana en esta etapa del desarrollo?

R. Gracias a los estudios de neurociencia llevados a cabo en los últimos 20 años, ahora sabemos que el cerebro de un preadolescente tiene dos partes con características específicas. Por un lado está la parte límbica, el cerebro emocional, aquella en la que se generan las reacciones de alegría, rabia, ira, que es hipersensible e hiperactiva en la preadolescencia. Los preadolescentes son tsunámicos porque su funcionamiento mental está dominado por la parte emocional de su cerebro, que provoca inestabilidad anímica y cambios repentinos: en cuestión de segundos pasan de una alegría infinita a una negatividad extrema. Por otro está la corteza frontal, el cerebro cognitivo, que en esta edad todavía es profundamente inmaduro y que se desarrolla completamente solo entre los 16 y los 20 años. Esta es la parte de la mente que evalúa los pros y los contras de las situaciones, que sabe cómo planificar los tiempos para alcanzar una meta, que puede renunciar a un placer o a una emoción, en vista de un trabajo o de un resultado con un peso y un sentido menos inmediato, pero más profundo para el desarrollo de la persona. De esta manera, el poder del cerebro emocional combinado con la inmadurez del cognitivo es lo que determina, durante la preadolescencia, la naturaleza tsunámica de nuestros hijos.

P. ¿Cuáles diríais que son los principales retos a los que nos enfrentamos los padres con un preadolescente en casa?

R. El desafío evolutivo para los padres es encontrar el equilibrio adecuado entre nuestra necesidad de proteger su crecimiento y su necesidad de explorar el mundo fuera del hogar. Tienen una gran prisa y un deseo infinito de sentirse inmediatamente adultos y de hacer cosas propias de los adultos. Nunca como en este período los psicoterapeutas nos enfrentamos a padres que piden ayuda, porque han descubierto que sus hijos han ingresado precozmente en el territorio de comportamientos de riesgo: tabaco, alcohol, sexualidad precoz y promiscua, además de los riesgos asociados con la vida online de los preadolescentes, que hoy es quizás la mayor emergencia educativa para quienes experimentan esta fase de crecimiento: la pornografía en línea, el sexting, los juegos de azar, la captación en línea, la sexualización temprana.

P. “A esta edad los mayores desempeñamos un papel fundamental y podemos marcar verdaderamente la diferencia”, escribís en la introducción.

R. Nuestro papel de adultos es fundamental. Son muchas las atenciones educativas que hemos de tener con nuestros hijos en esta etapa de su crecimiento, pero hay dos que son de crucial importancia:

Por un lado no caer en excesos de protección de la realidad, del mundo real. Podríamos llamarlo “Más bicicleta y menos smartphone“. ¿Habéis notado que los preadolescentes ya no montan en bicicleta, mientras que todos tienen un smartphone? La bicicleta ya no se usa porque los padres tememos que se lastimen, que tengan accidentes. Nos preocupamos excesivamente por su seguridad física. Al mismo tiempo, ellos, los preadolescentes, que ya no pueden explorar el mundo real, lo hacen de manera virtual. Y luego se lanzan a la vida online, donde no hay reglas, donde no hay supervisión adulta, y donde los riesgos para su vida emocional y su desarrollo social son infinitos. Pero nosotros, los adultos, no nos preocupamos, ya que el smartphone no pone en riesgo la seguridad física de los niños.

Por otro no cargar con los esfuerzos que les corresponden y educarlos para que se esfuercen: ¿Alguna vez habéis visto madres que cargan sobre sus hombros la mochila de sus niños, ya casi tan altos como ellas? Dejemos de hacerlo. Acostumbrémoslos a la fatiga, a cuidar y a hacerse cargo de sus propias cosas y de algunas responsabilidades, gradualmente pero con decisión, empezando por pequeñas tareas en la esfera doméstica.

P. ¿Y cuáles diríais que son los principales errores que cometemos, las principales falsas creencias en las que caemos?

R. Por un lado, tendemos a ser padres “quitanieves”, a eliminar cualquier dificultad y frustración del camino de crecimiento de nuestros hijos. De esta manera, sin embargo, nuestros hijos no están entrenados para la vida y es probable que sigan siendo dependientes e incapaces de construir una “musculatura emocional” que les permita funcionar bien en la vida real. Por otro lado, tendemos a subestimar el impacto que algunas experiencias tienen en sus vidas y para sus vidas. Hemos sido nosotros, los padres, los que hemos puesto en manos de los niños de 9-10 años herramientas poderosísimas, como Smartphones y tabletas, sin que ellos tengan las habilidades para manejar su complejidad. Es como dar a un niño de 13 años la licencia para conducir un Ferrari sin haber hecho siquiera una hora de autoescuela.

La neurociencia nos dice que nuestros hijos gritan porque todavía no saben cómo “mantener a raya” sus emociones

P. En ese sentido destacáis también la importancia de conocer el desarrollo cerebral que comentábamos antes para actuar en consecuencia. Y ponéis el ejemplo de palabras hirientes que los hijos pueden decir a sus padres en mitad de un estallido de ira. ¿Por qué es importante en estos casos conocer cómo funciona la mente de nuestros hijos?

R. Ese es el mensaje más importante del libro, por el que nos escribieron cientos de padres para darnos las gracias después de leerlo. Los preadolescentes están naturalmente predispuestos y fisiológicamente creados para enojarnos. Les hablamos y ellos no nos escuchan. De hecho, cuando tratamos de explicarles algo, comienzan a alzar la voz y nos dicen que no entendemos nada, que somos trogloditas. En este punto, los padres también tendemos a levantar la voz, a gritar e incluso, en algunos casos, a recurrir a las bofetadas y a la fuerza física para “domarlos”. Pero la neurociencia nos dice que nuestros hijos gritan porque todavía no saben cómo “mantener a raya” sus emociones, cómo regularlas, cómo calmarlas una vez que se activan. Nuestra tarea como adultos es enseñarles cómo regular las emociones, controlar la ira y mantener el control en situaciones en las que es tan fácil perderlo.

P. ¿Algún consejo en ese sentido?

R. En una disputa con el hijo, proponemos que los padres se centren en la regulación del tono de voz y en el uso de la mirada. De hecho, mirarse a los ojos establece otro tipo de conexión, una conexión real, humana, sensorial y emocional, de la que los niños tienen una profunda necesidad. El contacto visual es la principal herramienta de relación entre los seres humanos. La mirada, desde el nacimiento de nuestros hijos, permite la empatía, el reconocimiento de las emociones del otro por analogía con experiencias vividas. La mirada, el mirarse a los ojos, es una herramienta educativa extraordinaria, ya que permite que los padres comuniquen al niño que la prohibición, el “no” pronunciado para protegerlo y hacerle vivir experiencias nuevas pero no destructivas, es un límite necesario y no la anulación de su voluntad, sino lo contrario: es una manera de decir que te pongo un límite justamente porque te quiero. Una mirada vale mucho más que palabras gritadas o que una bofetada.

P. La preadolescencia, por último, es una etapa en la que los padres dejamos de ser superhéroes para nuestros hijos. Aceptar eso, intuyo, también es un trabajo que tenemos que hacer los padres, ¿no?

R. Absolutamente sí. Ser auténticos, completos, capaces incluso de disculparnos con un hijo cuando nos equivocamos, es la base para construir una relación leal y real con aquellos que están creciendo. Y luego, como invitamos a hacer en el libro, también es muy importante revisar nuestra propia historia: ¿qué tipo de niños hemos sido? ¿Qué padres tuvimos? Solo al volver a elaborar nuestra historia existencial, al aprender a corregir los errores de los que venimos y al no repetirlos, podremos convertirnos y ser los padres que nuestros hijos necesitan para su crecimiento y su éxito evolutivo.

Descubren que la música combate la dislexia y los problemas de lenguaje de los niños

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La Vanguardia, 17 de Julio del 2018

Las lecciones de piano, a la edad de 4 o 5 años, podrían ayudar al pequeño a reconocer no solo los sonidos musicales, sino también a las palabras mal pronunciadas. Es un nuevo método contra la dislexia y los problemas de lenguaje.

Música y lenguaje están relacionados: Tocar desde pequeños el piano podría ayudar también a distinguir las palabras pronunciadas a voz alta, una habilidad en la base de la lectura de comprensión de un texto escrito.

Identificar esta relación es un estudio guiado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), que muestra que niños de 4 o 5 años que tomen lecciones de piano podrían tener ventajas en la elaboración del lenguaje.

Estos beneficios, entre otros, serían mejores que aquellos obtenidos con ejercicios de lectura. Los resultados con un muestreo de niños chinos se publicó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias.

Algunos estudios previos habían mostrado cómo los músicos podían comprender mejor un texto escrito, distinguir las palabras del zumbido de fondo y desarrollar rápidamente el lenguaje verbal. Después de todo, la música y el lenguaje comparten diferentes aspectos relacionados con el reconocimiento y procesamiento de los sonidos. En general, explican los autores, quien distingue mejor las palabras también tiene una mejor conciencia fonológica, o mejor reconoce la estructura sonora de las palabras: esta capacidad es un elemento clave para aprender a leer.

A partir de este conocimiento, los autores de Mit quisieron cuantificar la conexión entre la música y el lenguaje. Para ello, estudiaron los beneficios de las clases de piano simples en un grupo de 75 niños de Pekín de 4 y 5 años de edad, a través de la colaboración con investigadores de la Universidad Normal de Beijing. Los pequeños participantes se dividieron en 3 grupos, de los cuales el primero recibió 3 lecciones de piano por semana con una duración de 45 minutos, el segundo grupo participó en un entrenamiento de lectura y el tercero no siguió ningún curso. En las lecciones de música, se presentaron nociones básicas sobre las notas, el ritmo y el sistema de símbolos que representan una melodía y los niños escucharon y aprendieron a reconocer las notas.

Sobre la base de los resultados, sorprendentemente, los niños que habían seguido lecciones de piano mostraron una ventaja significativa, incluso en comparación con el grupo que había practicado la lectura, al distinguir palabras escuchadas que diferían solo para una consonante (en italiano, un ejemplo es “Relativo” y “permiso de conducir”, donde “r” se convierte en “t”). Mientras que en el reconocimiento de palabras que cambiaban solo por una vocal (como “color” y “calor”), ambos grupos de niños que habían asistido a un curso (piano o lectura) tenían más habilidades que aquellos que no habían participado en ninguna programa.

Los investigadores también usaron electroencefalografía, un examen no invasivo que mide la actividad cerebral. Esta medición reveló que los niños que habían tomado lecciones de música también mostraron una respuesta cerebral superior cuando escucharon sonidos en diferentes tonos. Esta activación aumentada sugiere la presencia de una mayor sensibilidad para comprender las diferencias en el tono, como explica Robert Desimone., director del MIT Institute McGovern Institute for Brain Research y coautor del trabajo, por lo que los participantes que tomaron lecciones de piano también pudieron distinguir mejor las palabras. Mientras que con respecto a otras habilidades cognitivas y coeficiente de inteligencia no hubo diferencias significativas entre los tres grupos involucrados en el estudio. En resumen, la música ayudó principalmente en el desarrollo del lenguaje.

• DE LA MÚSICA AL JUEGO

En la base de todo está la capacidad de captar las diferencias. “Ciertamente – subraya Marilena Mazzolini, terapeuta de Psicólogos de Lacio – El aumento de la capacidad de diferenciar los elementos, que pueden ser los sonidos de la nota, las palabras de la lengua, los detalles de una imagen, aumenta el conocimiento y lo hace más complejo y el universo cognitivo, pero también el emocional y el afectivo “.

En este sentido, explica el experto, es posible anticipar algunas experiencias cognitivas, como la música, sobre todo teniendo en cuenta que incluso el desarrollo de los niños se anticipa en comparación con el pasado. “Esto se ve en la neurología neonatal – enfatiza Mazzolini – tan pequeño al nacer son más neurológicamente desarrollado: por ejemplo, nacen con los ojos abiertos y no con los puños cerrados, con una mejora de algunas conexiones nerviosas.

Por un lado, proporcionar estos estímulos cognitivos puede ser un elemento positivo, como explica el experto, pero no debemos olvidar que el juego debe seguir siendo un elemento central. “El juego es pura diversión y representa una de las principales palancas de la salud psicofísica del niño, promoviendo el bienestar corporal, emocional, afectivo y cognitivo”. En este sentido, incluso la propuesta de piano debe mantener el aspecto de nutrición juguetona. “A esta edad, la música debe ser experimentada como una experiencia de juego y un descubrimiento de nuevas formas de expresión – concluye el psicólogo – y no dirigida a la actuación o el rendimiento escolar, sino a la diversión”.

 

 

Viaje al cerebro de un bilingüe: así te cambia hablar dos idiomas

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Marina Such, mayo 2018

El cerebro humano es, todavía hoy, uno de los grandes enigmas de la ciencia. Su funcionamiento es el objetivo de multitud de estudios que no sólo quieren saber qué regiones cerebrales dominan determinados actos, sino que también intentan adelantarse a la aparición de enfermedades como el Alzheimer. En los últimos años, no obstante uno de los campos que ha ido atrayendo más interés es el de la adquisición y dominio del lenguaje y, en concreto, de cómo funciona un cerebro bilingüe, capaz de manejarse con la misma efectividad en dos idiomas distintos.

En la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona existe, por ejemplo, el grupo de investigación Brainglot cuyo objetivo es, precisamente, comprender no sólo los procesos de aprendizaje de dos lenguas, sino cómo el bilingüismo puede afectar a otras capacidades cognitivas del sujeto. Es decir, ¿son más inteligentes las personas bilingües? ¿Están mejor preparados para la multitarea? ¿Sus cerebros se mantienen “en forma”, como quien dice, durante más tiempo?

El aprendizaje del lenguaje

El modo en el que nuestros cerebros adquieren un lenguaje (y aprendemos a hablar) ha sido muy estudiado por la comunidad científica, pero no hay una única teoría que explique el proceso por el que se consigue. Entre el innatismo de Noam Chomsky (que sostiene que los niños ya nacen con unas aptitudes lingüisticas innatas que se activan dependiendo del entorno), el constructivismo o las teorías que apuntan que es a través de la comunicación e interacción con el entorno como un niño aprende a hablar, hay varias explicaciones sobre el modo en el que nuestros cerebros adquieren un lenguaje, muchas de ellas derivadas de los trabajos de Jean Piaget.

Los niños desarrollan sus capacidades para adquirir un lenguaje en sus primeros cinco años de vida

La vieja discusión entre lo innato y lo aprendido se traslada al campo lingüístico, y parece que lo único que sí está claro es que hay que desarrollar esa habilidad para aprender la primera lengua, la materna, en los primeros cinco años de vida. En los años 70, científicos estadounidenses quisieron comprobar esto con Genie, una niña de 13 años que había pasado gran parte de su vida encerrada en su casa, sin contacto con el mundo exterior y con un vocabulario consistente en apenas cinco palabras. Su caso, recogido en el documental ‘La niña salvaje’, mostraba los intentos por conseguir que Genie pudiera aprender un lenguaje siendo, tal vez, demasiado mayor para ello, pues su cerebro ya había superado la etapa de formación lingüstica.

Con el bilingüismo sucede lo mismo. Estudios como los del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington apuntan que a los niños hasta siete años les resulta mucho más sencillo aprender dos idiomas, y manejarse al mismo nivel con los dos. Uno de sus investigadores, Andrew N. Meltzoff, explicaba al diario El País que, a partir de los ocho y hasta los 18 años, el aprendizaje pasa a ser “más académico y lento” y resulta más difícil hablar un segundo idioma con la misma naturalidad que nuestra lengua materna.

Cómo funciona un cerebro bilingüe

En España hay cuatro lenguas oficiales (castellano, euskera, catalán y gallego) y una parte destacable de la población es bilingüe, capaz de manejarse de igual modo tanto en castellano como en otra de esas lenguas. En Estados Unidos, por poner otro ejemplo, el 18% de sus habitantes en 2007 eran bilingües en inglés y otro idioma, y ese porcentaje aumenta cada año. La composición cada vez más diversa de las sociedades lleva a que se hagan más estudios sobre el funcionamiento del cerebro de una persona que, desde su infancia, puede conversar, pensar y desarrollar tareas complejas en dos idiomas distintos, aunque el que primero aprende, el materno, siempre tendrá cierta prioridad.

En el modo en el que una persona aprende dos lenguas intervienen tres factores: la edad de adquisición del lenguaje, lo bien que se habla ese lenguaje y el control cognitivo del lenguaje, es decir, el proceso de selección de un idioma sobre otro en el caso de los bilingües. En el primer factor, está ya demostrado que el periodo de aprendizaje de nuestra lengua materna está en los primeros años de vida, entre cinco y siete. ¿Pero hay diferencias entre el modo en el que los niños en ese periodo temprano de sus vidas adquieren además una segunda lengua?

Los bilingües tienen mayor capacidad de concentración en una tarea, ignorando las interferencias a su alrededor.

El departamento de Psicología de la Universidad de California en Los Ángeles realizó varios experimentos con bebés de varios meses de vida inmersos en ambientes bilingües. Lo que se pretendía era averiguar si sus cerebros procesaban de manera diferente su entorno, estudiando el modo en el que los niños respondían ante estímulos visuales. Los resultados fueron negativos, por lo que los científicos concluyeron que las diferencias cognitivas entre bilingües y monolingües proceden de la adquisición y uso de vocabulario, más que de un tema de percepción. En ese aspecto, los cerebros de ambos grupos funcionan del mismo modo.

Por otro lado, investigadores de la Universidad Northwestern y de Houston se sirvieron de jóvenes texanos de entre 18 y 27 años, de los que 17 eran bilingües en español e inglés y 18 sólo hablaban inglés, para continuar ampliando los conocimientos sobre el funcionamiento de un cerebro acostumbrado a manejar dos idiomas. Se estudiaba qué partes de su cerebro se activaban cuando escuchaban varias palabras con pronunciaciones similares en inglés, y otras más diferenciadas, y determinaron que los bilingües tienen mayor capacidad para concentrarse en una tarea y aislarse del ruido o las interferencias a su alrededor. Viorica Marian, una de las involucradas en el estudio, explicaba los resultados de esta manera:

“Es como un semáforo. Los bilingües siempre están dando luz verde a un idioma y la roja al otro. Cuando tienes que hacer eso todo el tiempo, te vuelves muy bueno reprimiendo las palabras que no necesitas”.

Monolingües y bilingües

Entonces, viendo todo esto, ¿cuál es la diferencia entre los cerebros de las personas que sólo hablan un idioma y los de quienes se manejan con el mismo nivel de eficiencia en dos? Los científicos adquieren sus datos estudiando el flujo de sangre y oxígeno a determinadas regiones del cerebro durante la realización de ciertas tareas, y se sirven de resonancias magnéticas para ello. De este modo, pueden ver que los hablantes de un solo idioma utilizaban más las regiones del cerebro que se dedican al lenguaje, mientras las bilingües emplean más las centradas en el control del lenguaje, en la toma de decisiones referidas a él.

Es decir, que la principal diferencia entre un cerebro monolingüe y otro bilingüe está en su capacidad para tomar decisiones. No es que unos sean más inteligentes que otros, sino que desarrollan otro conjunto de habilidades. Por ejemplo, los bilingües desarrollan capacidades cognitivas que les permiten adaptarse a los cambios en las tareas que están desarrollando. Este se debe a que su cerebro está constantemente eligiendo la lengua en la que se expresa, lo que le da mucha más flexibilidad. También les permite concentrarse y memorizar mejor.

Sin embargo, las investigaciones sobre los beneficios que el bilingüismo tiene para el cerebro también tienen sus escépticos, que no terminan de ver claro que exista lo que se ha denominado “la ventaja bilingüe”. O, siendo más concretos, que no encuentran estudiosque determinen de un modo claro que dicha ventaja existe a escala global. En lo que sí parece haber más consenso es en que aprender más de un idioma es beneficioso para el cerebro porque le permite ejercitarse y mantenerse en forma, lo que puede ayudar a retrasar la aparición de enfermedades que van minando poco a poco sus capacidades.

 

Cuando la escuela es mi casa

Los 46 colegios rurales valencianos compensan la escasez de alumnos con la atención individualizada y la cercanía al docente

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El País, 2018

En las escuelas rurales, el número marca la diferencia y activa toda una maquinaria educativa con la que estas bases de aprendizaje mínimas –por tamaño- rebaten prejuicios y equilibran distancias, incluidas las digitales, con sus homólogas urbanas. Cuarenta y seis Colegios Rurales Agrupados (CRA) con 900 docentes al frente (de los más de 63.200 este curso) salpican la geografía de la Comunidad Valenciana. Sus 141 aularios se abren a diario a 5.470 escolares: 1.586 en Infantil y 3.884 en Primaria. El 62% en Valencia, el 28% en Castellón y el 10% en Alicante.

Suponen el 1,5% del alumnado valenciano en esta etapa educativa. Porcentajes de mínimos con los que, sin embargo, la escuela rural aspira a resultados de máximos. Como si de la famosa aldea gala de Astérix se tratase, la escuela rural resiste. Le planta cara a los números y explota sus ventajas: las que se derivan de la atención individualizada y la cercanía al docente que permiten sus peculiares ratios, las posibilidades que abre el entorno rural que las envuelve y la sensación de sentirse como en casa.

Fanzara (Castellón). 280 habitantes. Su aulario pertenece al CRA Espadà-Millars –que integra a las localidades de Sueras, Tales y Ludiente- y acoge a doce escolares, distribuidos en las dos aulas multinivel del colegio. Una para Infantil, con Alba, Alexia y Júlia (5 años) y Laia, de 4. Y otra para Primaria, con ocho escolares de cuatro niveles distintos. Estos últimos se dividen en dos grupos, separados por medio metro de distancia. En uno, los mayores: Héctor y Míriam –de sexto- y Pablo, de quinto. Al lado, Rober, Dani, Izan y Rodrigo –de cuarto- y Marc, de tercero. “Sólo tenemos un alumno en tercero y otro en cuarto, pero se unen a los de un curso superior para que interactúen”, explica su tutora, Cristina Alcón, con nueve años de trayectoria en el centro.

“La escuela rural no es más ni menos. Simplemente diferente”, avanza por su parte Sonia Barriel, tutora de Infantil en Fanzara. Es su segundo año en el pueblo. Destaca el “ambiente familiar” que impera en un CRA, donde el docente “es una figura mucho más cercana, hay menos distancias”. Es el plus frente a la mayor desventaja que atisba: la dificultad de socialización, “pero no por falta de voluntad, simplemente por una cuestión de números”, indica.

“Quizás, de todo, destacaría la felicidad que da el colegio rural: los alumnos me dicen muchas veces que es estar como en casa, y eso es satisfactorio. Es una ventaja estar aquí. Puedes observar mucho y ayudarles individualmente”, asevera Alcón. Esa familiaridad se palpa en las conversaciones entre los escolares y la tutora. Como cuando Héctor tose mostrando un incipiente resfriado y ésta le recuerda que el día anterior “no se puso la chaqueta en el patio”. O como cuando, preguntados por su temor a que el colegio cierre si un día se queda sin niños, respondan de inmediato que no les gustaría porque “entonces Cristina se quedaría sin trabajo”.

Todo en este colegio está medido. Planificado. Es básico en la programación multinivel de cualquier CRA, apunta Alcón, que responde así a otro de los prejuicios que apuntan a una menor carga de trabajo del profesorado rural. “Todo lo contrario”. Los 50 minutos de explicación de cada clase se comparten entre los cuatro cursos, “sin perder de vista el nivel de cada uno y con exigencias diferentes de evaluar”. Exprimirlos es la clave. Mientras unos atienden, los otros trabajan. “Hay que medir el tiempo, saber lo que va a hacer cada uno en ese margen; implica mucha organización”, insiste.

Lo que puede parecer una desventaja para el aprendizaje, se encarga de rebatirlo de inmediato Míriam, de sexto: “No nos liamos para nada, al contrario, si Cristina explica a los de cuarto, nos sirve para repasar, y si es al revés ellos –los de cuarto- avanzan”. Para la docente, esta forma de enseñar estimula el aprendizaje. También contribuye el entorno, que acentúa un tipo de conocimiento que se puede palpar, respirar. Poder dar una clase de ciencias en el río Millars, en plena Serra d’Espadà –a pocos minutos caminando- no está al alcance de todos. Es algo que también permite la ratio, como la capacidad de atender la diversidad que tienen los CRA o la libertad a la hora de establecer pedagogías alternativas. En Fanzara los libros de texto se sustituyen por material específico, tertulias literarias ligadas a las comunidades de aprendizaje –que fomentan un proyecto educativo cooperativo- o talleres de la técnica Freinet, que empodera al estudiantado como constructor de su propio conocimiento.

En la dinámica formativa de los CRA, la implicación del alumnado gana peso. En esta clase de Fanzara se fomenta el trabajo en grupo y se asignan responsabilidades rotatorias a la hora de realizar las tareas académicas. “Uno hace de monitor y coordina la actividad; otro se encarga de la revisión ortográfica; y otro controla el tiempo”, explican los escolares.

Los informes oficiales sobre educación, aun con la disconformidad que genera en parte de la comunidad catalogar a los colegios “sin tener en cuenta que el rendimiento académico es multifactorial”, corroboran que la escuela rural no está en inferioridad de condiciones. Castilla y León, la comunidad con más centros en el medio rural (más de la mitad de escolares estudian en ellos) arrasó en el último informe PISA (2015). Ocupa el séptimo lugar en la clasificación mundial y se codea con Canadá o Finlandia.

En recursos, las diferencias entre escuela rural y urbana son casi inexistentes. El aula de Primaria de Fanzara tiene pizarra digital y casi un ordenador por alumno. “En el ámbito de la tecnología estamos súper bien, nos ha costado, pero lo hemos conseguido. Llevo aquí nueve años y hasta hace cuatro o cinco no teníamos internet”. La plantilla de profesorado es la misma que en la ciudad, con la salvedad de que en este caso los seis especialistas y docentes itinerantes de Educación Física, Inglés, Música, Religión, Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje no recorren pasillos para dar clase, sino carreteras. Las que transitan a diario entre las cuatro poblaciones de este CRA. También los servicios son los mismos: hay comedor, “con Loli, la monitora, que es una más”, gritan los pequeños; y clases extraescolares ligadas a la jornada continua que ha estrenado el centro este año.

En el ámbito rural la Consejería de Educación ha implantado este curso dos escuelas infantiles gratuitas para niños de 2 años en Benlloch (Castellón) y Bugarra (Valencia), junto a las que funcionan ya en las localidades castellonenses de Benassal, Llucena, Albocàsser y Vilafamés; y las tres de Valencia (Fortaleny, Riola y Barx).

En junio, Míriam y Héctor terminan el colegio y dejan Fanzara. El próximo curso lo iniciarán en el instituto de Onda, una localidad próxima de casi 25.000 habitantes. “No tengo muchas ganas, allí hay mucha gente”, sostiene Héctor. El salto de un colegio de 12 estudiantes a un centro de 1.500 no es fácil, reconoce la tutora. Pero es cuestión de tiempo. En lo académico, la dificultad de adaptación a un sistema nuevo no es mayor que la que tienen otros alumnos de sexto de un colegio urbano cuando pasan a Secundaria. “Salen preparados, y hasta la fecha nadie nos ha trasladado lo contrario. Tienen los mismos recursos y herramientas”, señala. El mejor aval es que, una vez en el instituto, “nadie hace distinciones entre el alumnado de una escuela rural del de una urbana, y eso muestra que el equilibrio existe”. Que la escuela rural no es ni más ni menos. Simplemente, diferente.

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Por qué es importante el gateo para leer y escribir

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Guia Infantil.com 29/06/2018

El gateo supone un gran avance en el desarrollo del bebé, le permite mayor autonomía y, por supuesto, el poder descubrir, probar, tantear, explorar…

Los bebés suelen comenzar a gatear entre los 6 y los 9 meses, y aunque algunos se saltan esta etapa, son enormes los beneficios que les proporciona. Aunque parezca extraño, gatear ayudará al bebé a leer y escribir en un futuro porque estimula, entre otras cosas, la motricidad fina que se traducirá en un buen control de trazo de la escritura.

La importancia del gateo para la lectoescritura

La etapa del gateo y primeros pasos del bebé es una de las más agotadoras para los padres. Nuestro hijo ya tiene cierta autonomía y decide explorar todo lo que se encuentra a su alcance, ya sea la escobilla del váter o los cajones y puertas que están a su altura. Dejas de mirarle un segundo y está a punto de llevarse a la boca ese pequeño juguete de su hermano mayor.

Su curiosidad es insaciable y a veces tenemos la tentación de sentarles en su sillita para que estén quietos, sin embargo, lejos de hacer esto, debemos estimular el gateo ya que tiene múltiples beneficios, entre ellos, adquirir habilidaddes para la lectoescritura.

– Gatear ayuda al bebé a ejercitar y perfeccionar la vista, aprende a enfocar ambos ojos y hacerlo a distancia. Esto le servirá para colocar el libro a una distancia correcta cuando empiece a leer y escribir.

– Estimula la tactilidad de la palma de la mano, es decir, adquiere la sensibilidad necesaria para poder tener en el futuro un control del trazo de la escritura. La palma de la mano se masajea a medida que el bebé gatea y esto envía información al cerebro sobre texturas y sensaciones.

– Se desarrolla el patrón cruzado de movimiento que consiste en mover brazo derecho y pie izquierdo y viceversa. Los hemisferios del cerebro trabajan de forma coordinada y puede realizar movimientos simultáneos con ambos lados del cuerpo, como pasar un objeto de una mano a otra o escribir en una hoja de papel, en un futuro.

– El gateo desarrolla la coordinación ojo mano, de tal manera que al gatear el bebé establece una distancia similar entre el ojo y la mano de la que necesitará más adelante a la hora de leer y escribir.

– Al gater el bebé ha de sujetar su peso con ambas manos, así adquiere estabilidad en los hombros y las palmas de las manos. Ambos son puntos fuertes para la motricidad fina, que es la que ejercitará más adelante al dibujar o escribir.

– Cuando un bebé gatea está fomentando la conciencia espacial, aprende a conocer su tamaño y el de los objetos de su alrededor. Así va adquiriendo sentido de profundidad, cantidad o tamaño, algo importante para aprender a leer y escribir.

 

5 Consejos para proteger a nuestro bebé del calor en verano

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Llega el primer verano de nuestro bebé y tenemos que procurar que esté siempre cómodo tanto en casa como cuando salimos a la playa o el campo. Los bebés son muy sensibles a los efectos del calor y se pueden poner nerviosos. Hay que evitarles siempre las quemaduras solares, los golpes de calor y la deshidratación.

Los bebés y el calor

En verano siempre hay que estar atentos a que el calor no esté afectando a los bebés. “Los bebés y los niños pequeños pueden no mostrar signos o síntomas tempranos de los efectos del calor. Por ello es importante observar alguno de estos signos para detectar si el pequeño está sufriendo una insolación”, nos explican desde el Hospital Sant Joan de Dèu. Por ejemplo, mal aspecto, carácter más irritable de lo normal, tener la piel más seca y negarse a beber, disminución de pañales mojados. Incluso podemos observar que el punto blando en la parte superior de la cabeza o fontanela del bebé puede ser inferior al habitual.

Ante cualquiera de estos síntomas lo mejor es acudir al pediatra lo antes posible. Los bebés son muy sensibles al calor y nos pueden dar un susto en las vacaciones. Os vamos a dar varios sencillos consejos para que vuestros bebés pasen un verano tranquilo y poco caluroso.

1. Evitar el sol

Los bebés no deben estar nunca expuestos al sol directamente. Ni siquiera de la luz solar directa. La piel de los bebés tiene muy poca melanina, que es el pigmento que otorga a la piel, cabello y ojos su color, y proporciona cierta protección contra el sol. Lo mejor es evitar el sol y así no sufrirá el riesgo de una quemadura.

Hay que cubrir siempre su cuerpo con ropa, su cabeza con un sombrero de ala o una gorra y el carro con una sombrilla. La ropa debe ser siempre ligera y les tiene que quedar suelta para que estén cómodo. Mejor ropa de algodón y evitar los tejidos sintéticos que retienen el calor. Si tiene mucho calor se le puede pasar por el cuerpo una esponja con agua tibia o darles un pequeño baño.

Lo mejor es evitar el contacto directo de su piel con los rayos solares durante todo el verano. Además, hasta los seis meses no se recomienda que los bebés usen cremas para el sol por el riesgo de desarrollar alguna alergia. A partir de esa edad es recomendable aplicar cremas solares con un factor de protección solar superior al 30 para la piel delicada del bebé de forma regular.

2. La misma temperatura ambiental

Como ya hemos comentado, los bebés sienten la misma temperatura que los adultos y por lo tanto estarán a gusto con una temperatura ambiental de 22º C. No pongas el aire acondicionado del coche o la casa a una temperatura inferior porque se puede enfriar. Lo mejor es mantenerlo a una temperatura uniforme y evitar tenerlo puesto mucho tiempo seguido. Es mejor refrescar con el aire acondicionado el lugar donde se encuentra el bebé y luego apagarlo.

Cuidado con poner al bebé debajo del chorro de aire acondicionado porque se puede constipar. Una buena idea para la sequedad del ambiente es poner un humificador en su habitación a ratos.

En el coche tampoco les debe dar directamente el chorro del aire acondicionado ni el aire de un ventilador. Cuando realicemos una parada nunca debemos dejar a un bebé o a un niño pequeño dentro del vehículo porque les puede dar un golpe de calor. Ni siquiera si lo dejamos a la sombre y por poco tiempo.

3. Siempre en la sombra

Lo mejor es que estén la mayor parte del día a la sombra sobre todo si vamos a la playa o la piscina. Y las mejores horas del día por la mañana temprano o al atardecer. Podemos también pasear un cuarto de hora al aire libre lo que le proporciona al bebé toda la vitamina D que su cuerpo necesita.

4. No abrigarle demasiado

Los bebés sienten la misma temperatura que los adultos. Si tenemos calor, el bebé sufre el calor por lo que es un error abrigarle en exceso. Si lo hacemos nos arriesgamos a que sufra sudamina, una erupción de la piel que se produce por la obstrucción de las glándulas sudoríparas o, en el peor de los casos, un golpe de calor. También pueden sufrir sarpullido que es una erupción de pequeños puntitos rojos como la cabeza de un alfiler, con pequeñas ampollas. Suele aparecer en las estaciones de calor en aquellas partes de la piel que se mantienen húmedas, como son el área del pañal o bajo la barbilla.

Si notamos que las manos y los pies del bebé están fríos, tampoco significa que esté destemplado. Eso sí si moja las sábanas o la ropa por el exceso de calor tenemos que cambiarle para que no se enfríe.

5. Siempre hidratado

En los calurosos meses de verano hay que ofrecerle al bebé agua entre las tomas. Cuando la rechaza no tenemos que insistir porque significa que no la necesita. Los lactantes suelen ingerir menos agua que los que se alimentan con biberón, pero cuando hace mucho calor pueden necesitarla para hidratarse.