Abuelos ante el divorcio, ¿cómo y cuándo ver a los nietos?

Abuelos ante el divorcio, ¿cómo y cuándo ver a los nietos?

Úrsula Persona, Sapos y princesas, El Mundo, 10/10/2018

Dos de cada tres matrimonios se divorcian en España. Y la mayoría de ellos tienen hijos. El impacto del divorcio no solo afecta a la familia nuclear (el matrimonio que se divorcia y sus hijos), sino a toda la familia extensa, es decir a los abuelos, tíos y primos de los niños.

El divorcio suele ser una proceso largo, doloroso con un fuerte impacto emocional. Y en todo este proceso hay unas personas que sufren especialmente, que suelen estar muy vinculadas a los niños y que son los grandes olvidados de un divorcio: los abuelos.

Es complicado manejar los conflictos y las emociones en un contexto de divorcio, pero ser capaces de hacerlo de la manera más adecuada posible será lo más beneficioso para todos.

Los abuelos tienen derecho legal a ver sus nietos. Y por supuesto, los niños tienen derecho a ver a sus abuelos. Forman parte de su familia y en mayor o menor medida, suelen participar de la educación integral del niño. Cuanto menos afectemos la estructura familiar durante la separación y después de ella, más fácil será el proceso de adaptación.

A veces mantener una relación cordial con la familia de nuestro ex no es sencillo. Pero muchas veces los malentendidos y contrariedades surgen por problemas de comunicación.

Un buen comienzo sería comunicar la decisión de divorciarse de manera conjunta a los abuelos. O al menos, hablar con nuestros suegros tras la decisión, mostrando nuestra voluntad de tener buena relación y de proteger su vínculo con nuestros hijos. Suele ser un buen punto de partida. Obviamente, la relación con los abuelos cambiará tras la separación. Habrá algunos que incluso verán más que antes a sus nietos pues tendrán que ayudar más a su hijo o hija en la crianza. Esto suele darse en casos de custodia compartida.

La manera en que una pareja afronta el divorcio va a tener un impacto decisivo tanto en sus hijos como en ellos mismos y en el resto de la familia.

Otros tal vez encuentren resistencias por la otra parte en el acceso a los niños. Suele darse con más frecuencia en el caso de que uno de los progenitores ostente la custodia exclusiva. En ese caso, el otro progenitor suele disfrutar mucho menos tiempo de los niños y el acceso a los niños por parte de los abuelos se ve también afectado.

En este contexto, sería responsabilidad de la parte que ostenta la custodia exclusiva facilitar las visitas a sus suegros, de manera que no supongan un detrimento en la relación. Lamentablemente en ocasiones usamos a los niños, consciente o inconscientemente, como forma de hacer daño a la otra parte. O simplemente, demonizamos todo lo que provenga de nuestro ex y nos puede parecer que cuanto menos o más lejos mejor.

Y todo lo contrario. Cuantas más relaciones con la familia extensa mantengamos en nuestros hijos, mejor será para ellos. Más estabilidad y riqueza emocional tendrán, y más apoyos a la hora de afrontar el divorcio.

La manera en que una pareja afronta el divorcio va a tener un impacto decisivo tanto en sus hijos como en ellos mismos y en el resto de la familia. Es recomendable buscar ayuda profesional que nos ayude a mediar en un proceso que por lo general tiene una gran carga emocional. Un mediador o psicólogo de familia puede ayudarnos a desvincularnos de una manera más cordial y a tomar las decisiones de manera más templada.

Respetar las relaciones de nuestros hijos con los abuelos, cuidar esa relación favoreciendo contactos frecuentes y por supuesto en las fechas señaladas, es la manera más beneficiosa para todos de afrontar los cambios tras la separación.

17 ‘apps’ para facilitarle el curso a tus hijos

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Cómo enseñar a tu hijo a dejar de interrumpir en 3 pasos

Cómo enseñar a tu hijo a dejar de interrumpir en 3 pasos

Sapos y Princesas, El Mundo, 03/10/2018

Uno de los aspectos más frustrantes de ser padres son las frecuentes interrupciones y avalanchas de preguntas de nuestros hijos en los momentos más inoportunos.

Los padres con niños de entre 3 y 7 años (la edad de las preguntas) sufren a menudo lo que es intentar mantener una conversación adulta con constantes interrupciones que, además de impedir tener una charla fluida con familiares o amigos, no son coherentes con la misma ni aportan nada a lo que se está discutiendo. Es algo perfectamente normal en niños de estas edades, pero aun así, en ocasiones puede llevarnos a los padres al borde de un ataque de histeria.

La realidad es que esperar que un niño de 3 años no interrumpa a sus padres para hablar es harto improbable. No importa cómo los eduques, van a interrumpirte. No porque no estén lo suficientemente “educados” como para no intervenir en la conversación, sino porque sus cerebros funcionan en varias direcciones a la vez.

Sin embargo, los padres podemos intentar limitar estas interrupciones a momentos concretos o a un número de veces al día. Te contamos cómo:

Establece expectativas razonables

Un niño curioso que interrumpe no está tratando deliberadamente de romper tu concentración ni de molestarte. Simplemente, no dispone de las herramientas necesarias para controlar sus impulsos. Para ellos todo es espontáneo porque su cerebro se está formando; así que enfadarte no te va a llevar a ningún sitio.

El primer paso es hacerte a la idea de que tus niños no están intentando volverte loco a propósito. Incluso con educación específica en este ámbito, es imposible esperar que un niño de 3 o 4 años no interrumpa de vez en cuando. Así que controla tus expectativas. Por mucho que los intentes enseñar, tus hijos no van a conseguir tener las habilidades sociales de una persona de 25 años.

Establece turnos para hablar y escuchar

Los niños no van a aprender a mantener una conversación normal si no hablas con ellos. Y si ya lo haces, es probable que no lo hagas lo suficiente. Los datos apuntan a que muchos padres pasan un máximo de 10 minutos a la semana conversando con sus hijos. Así que, si quieres que tus hijos aprendan a conversar con educación, empieza por convertirte en un modelo de conductaconversando habitualmente con ellos.

Los expertos recomiendan convertir esta práctica en un juego en el que cada persona tiene un turno para hablar y otro para escuchar. Se puede poner un cronómetro durante, por ejemplo, dos minutos, y dar ese tiempo a cada miembro de la familia mientras todos escuchan sin hablar o interrumpir.

Este juego se puede practicar en cualquier momento: en la mesa, en el coche, en un museo… El objetivo es enseñar a los niños a controlarse cuando sientan el impulso de interrumpir. Cuanto más lo practiquéis, más entrenados estarán los niños en esta forma de comportarse.

interrupciones

Practica gestos para ese momento

De cualquier manera, por mucho tiempo que pases enseñando a tus hijos a dejar de interrumpir, lo seguirán haciendo. Por eso es útil trabajar en gestos que puedan utilizar en lugar de interrumpir la conversación, como levantar la mano o los dedos, o apretarnos la mano cuando quieran hablar.

Otra idea es que, mientras estéis ocupados y no podáis hablar con ellos, les enseñéis que pueden desahogarse con sus muñecos o con la mascota y contarles a ellos eso que os quieren decir. Cuando podáis atenderlos, os lo pueden contar de nuevo a vosotros. Si era importante para ellos compartirlo con sus padres, aún se acordarán.

Recuerda que no puedes esperar que un niño en edad preescolar mantenga un mismo pensamiento sin contarlo durante mucho tiempo, por lo que, si te es posible, en cuanto haga el gesto que hayáis pactado (y si no abusa de él), debes pausar por un momento tu conversación, escucharle, y apreciar que no hayan interrumpido.  Al fin y al cabo, no importa la técnica que utilices, siempre y cuando os sea lo menos molesta posible a los padres y permita al niño indicar que quiere deciros algo.

 

Cinco habilidades matemáticas que necesita tu hijo para prepararse para la enseñanza preescolar

Los niños que ven cómo sus padres utilizan las matemáticas en la vida diaria practican con más frecuencia actividades relacionadas con ellas.

Susan Sonnenschein, Rebecca Dowling y Shari Renee, 02/10/2018, El País

Los padres desempeñan un papel fundamental en la educación matemática temprana de sus hijos. No solo pueden proporcionarles juegos y juguetes relacionados con las matemáticas, sino también servir de ejemplo del empleo de estas en la vida cotidiana.

Los niños que ven cómo sus padres utilizan las matemáticas en la vida diariapractican con más frecuencia actividades relacionadas con ellas. Esto, a su vez, potencia las capacidades matemáticas tempranas que sirven de base para el futuro aprendizaje.

Como investigadoras dedicadas al estudio del desarrollo matemático en los niños, creemos que hay cinco habilidades que los pequeños deben tener antes de empezar la enseñanza preescolar. Las oportunidades para adquirirlas están en todas partes, y existen actividades sencillas y divertidas con las que los padres pueden animarlos a practicar con el fin de fomentarlas

Esto ayudará a que los niños aprendan el vocabulario y desarrollen las capacidades acordes con su edad necesarios para aprender matemáticas, al tiempo que se divierten y mantienen el interés.

1. La capacidad de contar y la ‘cardinalidad’

Según el nivel oficial de preparación para entrar en la universidad o ejercer una profesión en el estado de Maryland (EE UU), los niños deben demostrar que poseen una capacidad básica de contar antes de entrar en preescolar. Esta capacidad incluye contar hasta 20, ordenar cartas con números, identificar sin contar cuántos elementos componen un pequeño conjunto, y comprender que la cantidad no cambia independientemente de cómo se distribuya este.

Los futuros alumnos también tendrán que aprender cardinalidad, lo que significa que deberán comprender que el último objeto recontado representa el número de elementos del conjunto.

La capacidad de contar y la cardinalidad se pueden integrar fácilmente en la vida diaria. Los niños pueden contar sus juguetes mientras recogen o cuántos pasos hay que dar desde la cocina hasta su dormitorio. Los padres pueden mostrarles uno por uno los números en un reloj o en un teléfono.

Los niños pueden contar sus juguetes mientras recogen o cuántos pasos hay que dar desde la cocina hasta su dormitorio

Asimismo, en el supermercado pueden pedirles que encuentren números mientras hacen la compra, y en el coche, que lean los números de las matrículas o cuenten los coches que pasan. Cuando el niño haya acabado de contar, los padres deberían preguntarle cuántos eran para reforzar la idea de cardinalidad.

Los juegos de mesa como el parchís o la oca son una manera útil y divertida de mejorar la capacidad de contar y la cardinalidad. Hagan que los niños identifiquen el número del dado cuando sea su turno y que cuenten en voz alta mientras mueven la ficha. Otros juegos activos en los que se cuenta en voz alta, como saltar a la cuerda, la rayuela o los juegos de palmas también fomentan estas capacidades.

2. Operaciones y pensamiento algebraico

Los alumnos de preescolar deben resolver problemas sencillos de adición y sustracción utilizando objetos.

Los padres pueden animar a sus hijos a que resuelvan problemas matemáticos sencillos durante sus tareas cotidianas. Por ejemplo, pueden pedirles que calculen el número correcto de platos o utensilios cuando ponen la mesa para comer. Recuerden que el lenguaje matemático que oyen los niños es importante. Pueden hacerles preguntas como, “¿Cuántos platos más necesitamos?”

Mientras juegan, los padres pueden utilizar juguetes y decirles, por ejemplo, “Toma, te doy uno de mis coches. Cuenta a ver cuántos tienes ahora”. Las canciones y las rimas en las que se cuenta hacia delante y hacia atrás, como “Un elefante se balanceaba” o “Yo tenía diez perritos”, también pueden ser útiles para enseñar las primeras sumas y restas.

3. Números y operaciones de base 10

Los niños tienen que empezar a entender que el número “diez” se compone de 10 “unos”.

Contar los dedos de las manos y los pies es una manera estupenda de resaltar los números del uno al 10. El dinero, y las monedas en particular, son otra forma excelente de llamar la atención sobre la base 10. Los padres pueden jugar a las tiendas con sus hijos utilizando monedas de un céntimo y “comprarles” juguetes por diferentes cantidades. Durante el juego pueden hablar de cuántos juguetes pueden comprar con 10 céntimos.

4. Las mediciones y los datos

Los alumnos de preescolar tienen que saber distinguir objetos en función de sus características ‒como la forma, el color y el tamaño‒ o identificar la característica según la cual se han clasificado los objetos. También tienen que ser capaces de ordenar objetos por determinada característica medible, como por ejemplo, de mayor a menor.

En la cocina, los niños pueden empezar a experimentar con las mediciones utilizando cucharas o tazas. Pueden clasificar utensilios, ropa para lavar o juguetes mientras los ordenan. Los juegos de cartas y de dados son útiles para hablar de la magnitud de los números. Además, en las tiendas se encuentran algunos juegos de clasificación por poco dinero, como Preparados, listos, guau.

Al llegar a preescolar, los niños también deben ser capaces de comparar objetos y utilizar expresiones como “más que”, “menos que”, “más largo”, “más corto”, “más pesado” o “más ligero”. Los padres pueden ayudarlos utilizando estas palabras para destacar las comparaciones. Cuando los niños echan una mano en las tareas domésticas, los padres les pueden decir, “¿Puedes pasarme el cuento más grande?”, o “¿Puedes poner en la mesa los tenedores más pequeños?”.

5. Geometría

Las habilidades tempranas en materia de geometría incluyen nombrar e identificar formas de dos dimensiones como círculos, cuadrados y triángulos. Los niños también tienen que darse cuenta de que hay formas de diferente tamaño, perfil y orientación que son iguales. Asimismo, tienen que poder reconocer que un círculo es como una esfera y utilizar términos informales, como “caja” o “bola” para distinguir objetos de tres dimensiones.

Los padres pueden llamar la atención de sus hijos sobre las formas que hay en su entorno. Durante un paseo, pueden mostrarles que las ruedas son círculos y luego pedirles que busquen otros círculos a su alrededor. Los juegos disponibles en el mercado, como el tangram o los cubos para encajar formas piezas geométricas pueden ayudar a los niños a identificar formas simples y más complejas. Los rompecabezas, los bloques y el Lego son otra manera perfecta de fomentar el desarrollo de sus primeras habilidades espaciales.

 

 

 

La detección precoz de la sordera en los niños empieza en la familia

La detección precoz de la sordera en los niños empieza en la familia

Un médico pone un audífono a un niño.

Ana Camarero, El País, 01/10/2018

Dice Aránzazu Díez Abella, experta en familias y educación de la Fundación CNSE (Confederación Estatal de Personas Sordas), que la aproximación a la discapacidad de los niños sordos debe hacerse “mirándolos y evaluando sus necesidades como lo que son: niños y niñas”. Para ello, una de las reivindicaciones que desde la Fundación CNSE se hace en la celebración del Día Internacional de las personas sordas –el pasado sábado 28 de septiembre– es que se les facilite todas las herramientas que necesiten, a ellos y a sus entornos, “para que puedan desarrollarse de forma plena y disponer de “una mochila personal” llena de estrategias, conocimientos, habilidades, lenguas, experiencias, etc..”.

En España hay alrededor de un millón de personas con discapacidad auditiva, según la Fundación CNSE. Una discapacidad que presenta una gran variedad de sorderas y de situaciones personales: niños y niñas sordas de nacimiento o en edades muy tempranas, personas a las que ha sobrevenido la pérdida en edad adulta o personas de la tercera edad que van perdiendo audición por envejecimiento del oído, etc.. En la población infantil hay que señalar que 5 de cada 1.000 niños recién nacidos presentan una sordera de distinto grado, y 1 de 1.000 una sordera severa o profunda.

Actualmente, la discapacidad auditiva no presenta prácticamente ninguna consecuencia sobre el desarrollo comunicativo y lingüístico de este tipo de personas ni en su entorno personal, laboral, social, etc.. Díez Abella apunta que este tipo de discapacidad auditiva en edades tempranas, en sí, no implica problemas en el ámbito de la comunicación, “ya que se pueden desarrollar lingüísticamente en lengua de signos (de manera similar a como lo hacen lo niños y niñas oyentes en lengua oral), como ocurre con las niñas y niños sordos de padres y madres sordos signantes. Lo que sí implica es barreras de acceso a la lengua oral, en mayor o menor medida, dependiendo de las características de la pérdida auditiva”.

Carmen Jáudenes, presidenta de la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (FIAPAS), coincide en su valoración con Díez Abella al considerar que la discapacidad auditiva no tiene consecuencias en el desarrollo comunicativo y lingüístico de las personas sordas dado que, desde hace varias décadas, “es posible compensar estas pérdidas auditivas mediante las ayudas audiológicas como audífonos o implantes auditivos y con la atención logopedica especializada para desarrollar el lenguaje”. “Un elemento que sí ha resultado trascendente para que varíe la perspectiva de desarrollo de los niños sordos ha sido el diagnóstico precoz de la sordera”, asegura Jáudenes.

En 2003, el Ministerio de Sanidad y Consumo y las Comunidades Autónomas aprobaron el programa de detección precoz de la sordera para su implantación en el estado. Hoy se encuentra plenamente implantado en la red pública. Con este programa se pretende detectar la sordera en los primeros días de vida a través del screeming auditivo realizado con carácter universal a todos los recién nacidos. Este programa se desarrolla en tres etapas: la detección antes de un mes, el diagnóstico a los tres meses y la intervención audioprotésica y logopedica a los seis meses. Este programa, según Jáudenes, facilita que “el desarrollo se iguale respecto al resto de los niños que no tienen estas deficiencias auditivas y que no se produzcan los desvíos que había antes en el desarrollo comunicativo, en el desarrollo del aprendizaje, etc.”.

La detección precoz de la sordera en edades tan tempranas empieza en la familia. Ante la sospecha de que un niño o niña pueda sufrir una discapacidad auditiva, los expertos sostienen que lo primero es acudir a su pediatra para que realice un primer análisis y valore la necesidad de remitir al niño a un otorrino para que se encargue de diagnosticar (o no) la sordera. Una vez establecido el diagnóstico se deberán tomar las medidas oportunas. Díez Abella declara que, en ocasiones, “las familias pasan por médicos, educadores, logopedas… y cada uno les ofrece una información distinta y a veces contradictoria, a lo que hay que añadir que se encuentran con un gran vacío y descoordinación entre los servicios de atención”. Por ello, sostiene que es importante que “las familias reciban una información que sea neutral, concisa y completa, con el fin de que puedan tomar decisiones y formar un criterio a partir del conocimiento necesario”.

Uno de los elementos que ha resultado de gran utilidad para que las personas sordas normalicen su día a día ha sido el desarrollo de las nuevas tecnologías. Según la presidenta de FIAPAS, aunque es verdad que las nuevas tecnologías pueden ayudar a “romper barreras”, no es menos cierto que “la implantación de estos avances tecnológicos no se acompasan con la realidad del día a día, dado que no se encuentran en todos los espacios, ni son accesibles para todas las personas sordas ni para todas las familias, puesto que también hay barreras económicas para poder adquirir este tipo de prótesis”. Jáudenes mantiene que “la cobertura que se hace desde la prestación sanitaria es insuficiente en lo económico, y en el caso concreto de los audífonos es deficiente, puesto que las personas mayores de 16 años no tienen ningún tipo de prestación económica para acceder a estos equipos. En la teoría son los elementos que rompen barreras, pero en la práctica queda todavía mucho por hacer”.

La Federación de Asociaciones de Implantados Cocleares de España (Federación AICE) hizo entrega, el pasado 17 de septiembre, de 260.000 firmas en el Congreso de los Diputados pidiendo implantes cocleares y audífonos más accesibles para todo el mundo con el lema “Queremos oír y nos vais a oír”. Su presidente, Joan Zamora Arnés, comenta que el uso de este tipo de implantes ayuda a que, “al tener audición en todas las frecuencias, el sentido de alerta auditivo se recupera y aumenta su seguridad (sirenas, timbre, bocinas…). Muchas de ellas hablan por teléfono y comprenden los mensajes, pudiendo seguir la conversación, charla o clase, sin otros apoyos, lo que favorece su formación y les prepara para una vida laboral más inclusiva y cualificada”. Este uso de tecnologías, además, favorecen que, según el presidente de la Federación AICE, las personas con discapacidad auditiva “no tengan que estar pendientes de la lectura labial; su prosodia y expresión son más claras e inteligibles, mejorando la relación con otras personas y aumentando su autoestima”.

Para conseguir que las barreras se rompan, además de la “democratización” del uso de las nuevas tecnologías, los expertos valoran el papel que juega la familia en el desarrollo personal o emocional de las personas sordas. Díez Abella expone que es fundamental, sobre todo, en la infancia y la adolescencia, “una comunicación plena en la familia, completa, y desde los primeros años (e incluso días) de vida (como ocurre con los niños y niñas oyentes)”. Además, prosigue la experta en familias y educación de la Fundación CNSE, “las expectativas y la imagen que tengan de la sordera y de su hijo o hija es otro de los aspectos sobre los que se asienta su desarrollo: es importante proyectar una imagen positiva y basada en sus potencialidades. Ver al hijo o a la hija como lo que es: una persona capaz y autónoma, en proceso de desarrollo, en la que su sordera es una característica más de su ser, pero no la única”.

    Así puedes ayudar a tu hijo a que se adapte a un cambio de vida

    Un nuevo rumbo en la rutina de los niños puede enriquecer su camino con nuevas experiencias, aunque les lleve un tiempo adaptarse a los cambios

    Un padre juega con su hija en plena mudanza.

    Carolina Pineda, De M y P, El País, 25/09/2018

    La infancia, en general, es un buen momento para llevar a cabo un cambio de rumbo que implique trasladarse de ciudad, cambiar de casa o estrenar colegio. Los niños entre tres y 10 años son más adaptables a salir de su zona de confort y cambiar de vida. No obstante, al igual que los adultos tendrán su proceso de adaptación a las nuevas circunstancias, que conllevará un esfuerzo. Desde casa, ciertas pautas pueden facilitar el camino de los pequeños en el tránsito a su nuevo entorno, entre ellas, las que explica la psicóloga Gema José Moreno:

    1. Exponer con claridad y positivad las razones del cambio vital e incluir al niño/a dentro del proceso.Centrarse en las ventajas que obtendrá con el traslado de ciudad, barrio o colegio. Como en el caso de conocer otros amigos, tener una habitación más grande, un jardín donde jugar o conocer lugares nuevos que podrá disfrutar.
    2. Fomentar el diálogo sobre el cambio. La imaginación del niño puede dar mucho de sí. Hablar del tema en casa ayuda a disolver miedos y resolver las dudas que puedan surgir ante el cambio de vida.
    3. Posponer nuevos retos y cambios en la vida del niñopara evitar saturarle. Situaciones como aparcar los pañales o adaptarse a un comedor escolar implican un esfuerzo para los pequeños, que conviene que no coincidan con un cambio de ciudad, colegio o casa.
    4. Implicar al niño en los cambios que se avecinan para así despertar la ilusión ante el nuevo camino a recorrer. Entre otras cosas, se puede consultar con los pequeños cómo les gustaría que fuese su habitación o qué maleta usarán para el guardar sus cosas.
    5. Facilitar la despedida de los amigos del niño/a con un encuentro del grupo en el nuevo hogar, si es posible.
    6. Concertar una cita con el tutor del nuevo colegio para presentarse y que conozcan la situación familiar de cambio.
    7. Procurar una adaptación horaria al centro escolar progresiva. Un horario reducido en el colegio durante los primeros días del curso ofrece a los pequeños un margen para el tránsito hacia el horario completo.

    Cuando surge alguna dificultad para que el niño/a se adapte al cambio de vida

    Acostumbrarse a los cambios conlleva un esfuerzo tanto para niños como para adultos. El entorno escolar suele ser el que provoca más inseguridades y temores en el niño/a y más si se trata de un colegio nuevo. Pueden presentarse incluso síntomas físicos, como “dolor abdominal o de cabeza justo antes de tener que ir al colegio e, incluso, si son más pequeños puede haber rabietas o actuar como si tuviesen menos edad de la real. Todo ello suele ser pasajero y se soluciona con tiempo. No obstante, si se detecta que el miedo aumenta y no se avanza en la adaptación al nuevo entorno, se puede consultar con un especialista en el tema” Comenta la psicóloga, Gema José Moreno.

    ¿Qué podemos hacer si a nuestro hijo no le interesa nada?

    ¿Qué podemos hacer si a nuestro hijo no le interesa nada?

    Sapos y Princesas, El Mundo, 27/09/2018

    No todos los niños tienen los mismos intereses y aspiraciones. En ocasiones, sobre todo cuando llegan la adolescencia, algunos confiesan que no tienen ningún interés. Si pudieran se pasarían el día tirados en el sofá escuchando música o mirando alguna pantalla como el móvil o la tablet.

    Ante esta incomprensible situación los padres nos desesperamos. Nos resulta increíble que nuestro hijo de 13 o 14 años no tenga ningún interés. Además, suele también coincidir con que nuestro hijo no tiene ninguna vocación clara. No quiere ser informático, futbolista, médico, bombero, taxista o panadero. Nada le motiva para estudiar o aprender nuevos conocimientos. Nos damos cuenta de que no se movería del sofá en todo el día si no se lo decimos. Una situación frustrante que tenemos que cambiar cuanto antes.

    Adolescentes sin intereses

    La falta de motivación puede ser la clave de esta ausencia de algún tipo de vocación o aspiración en nuestros adolescentes. Falta de motivación que hay que prevenir porque si se prolonga en el tiempo se puede convertir en fracaso escolar y que puede convertir a nuestros hijos en uno de los famosos “Ninis”, ni estudian ni trabajan.

    El proyecto de investigación Estudiar en la escuela secundaria: construcciones de sentidos y estrategias realizado en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) intentó explicar la razón por la que algunos chicos no estudian. El estudio concluyó que la motivación no es una característica esencial de los sujetos sino una construcción que se desarrolla a lo largo del tiempo. Por este motivo hay que poner el foco no en el estudiante, sino en el conjunto de condiciones escolares de las que éste forma parte y que hacen posible la disposición a estudiar.

    Más que motivar a los alumnos según el estudio hay que crearles condiciones en su entorno para que sean capaces de aprender y para que se sientan capaces de emprender cualquier tarea. Esto supone tiempo y debe ir construyéndose desde pequeños en el centro escolar pero también en la familia.

    Crear la ilusión

    La motivación depende muchas veces de la ilusión por algo. Puede ser un videojuego, los libros de Harry Potter o El Señor de los Anillos, el fútbol, la música o la cocina. Seguro que hemos observado que nuestros hijos tienen algún entretenimiento que les apasiona. Además, nos sorprende que no les cuesta nada aprenderse todos los personajes de los libros de Harry Potter.

    El conocimiento necesita pasión y esa es la mejor fórmula para que nuestro hijo comience a moverse y a motivarse. A nuestro hijo fan de Harry Potter no le importará leerse otro libro de la saga o esperar una cola de 2 horas para ver una nueva película. Incluso apuntará todos los nombres de los personajes en una pequeña libreta.

    No debemos minusvalorar los intereses de nuestros hijos. No digamos que no les interesa nada sino aprovechemos esas pequeñas pasiones para que desarrollar sus habilidades. En los videojuegos, los libros o las películas pueden ejercitar su memoria, aprender vocabulario en otro idioma como el inglés o incluso socializar con otros niños que tengan sus mismas aficiones.

    Ideas para motivar a nuestros hijos

    Los padres no debemos nunca tirar la toalla y menos poner la etiqueta a nuestro hijo de que es un vago o no le interesa nada. Todo lo contrario, debemos ayudarle a buscar su vocación escondida en la etapa de la adolescencia y fomentar sus pasiones. ¿No nos pasábamos nosotros las horas perdidas con las chapas o los cromos? Ahora los adolescentes y los niños tienen otros gustos y no por ello debemos intentar que los abandonen. Os vamos a dar algunos consejos para que logremos que nuestros hijos se levanten del sillón y se apasionen por su futuro.

    1. Observar a nuestros hijos

    Los padres muchas veces no sabemos qué hace nuestro hijo esas dos horas mirando el móvil o la pantalla del ordenador. Una buena idea es observar lo que hacen y preguntarle de forma amable qué hace. Podemos incluso pedirle que nos explique cómo funciona el videojuego o qué es lo que pasa en los libros de Harry Potter. Ese conocimiento quizás nos sirva de punto de inflexión para una nueva actitud.

    2. Vivir experiencias

    Otra buena idea es animar a nuestros hijos a que vivan experiencias más allá del centro escolar y las pantallas. Por ejemplo, ir con ellos de viaje, visitar museos o acudir al cine. Podemos aprovechar su interés por temas que hayan visto en clase o alguna de sus pasiones para empezar esa motivación.

    3. Responder a sus preguntas

    Si nuestro hijo empieza a tener interés por algunos temas también comenzará a hacer preguntas. Tenemos que tomarnos el tiempo suficiente para responderlas. Si no conocemos la respuesta la podemos buscar con él en Internet o preguntarle a alguna persona.

    Unos padres curiosos y apasionados son el mejor ejemplo para motivar a sus hijosLa curiosidad y potenciar sus intereses puede convertirse en la llave para su motivación y la forma de evitar el fracaso escolar en el futuro. Cuanto antes empecemos a conectar con los intereses de nuestros hijos, más pronto lograremos que cambien el chip y emprendan un camino diferente.

     

    La música, nuestra primera interacción con el mundo

    A los tres meses de gestación el oído humano ya está formado. El feto es capaz de oír desde la voz de los padres hasta los ruidos de fondo

    Un bebé disfruta de la música.

    Andrea Proaño, De M&P, El País, 23/09/2018

    Evan Le tiene siete años y cuando se sienta ante un piano sus piernecitas aún no alcanzan el suelo. En el momento en que sus manos se apoyan sobre el teclado y sus acordes inundan el espacio, el público enmudece y los jurados de los concursos musicales le hacen entrega de los más altos galardones. Este pequeño norteamericano, hijo de padres vietnamitas sin vinculación alguna al mundo de la música, interpreta, compone, hace arreglos a piezas de compositores célebres, juega al ajedrez y destaca en las clases de matemáticas. ¿Es un niño prodigio?

    La música se presta especialmente a la aparición de niños prodigio. El ser una disciplina completamente abstracta que es rápidamente asimilada por los flexibles cerebros infantiles permite que las habilidades se manifiesten de manera precoz. Pero, tal vez, la propia capacidad musical que convierte a un niño en prodigio retroalimente esa genialidad permitiéndole destacar en otras ramas del conocimiento.

    A los tres meses de gestación el oído humano ya está formado. Por ello, los sonidos que escuchan los bebés en el vientre materno, desde la voz de los padres hasta los ruidos de fondo, se convierten en sus primeras interacciones con el mundo. La música, especialmente, genera una sensación de estar acompañados, que puede ayudar a calmar a los bebés y, además, libera dopamina, la hormona que producimos cuando sentimos placer. No sorprende, pues, que cuando una criatura está llorando, una técnica empleada a menudo por los cuidadores sea cantarles, ya que la música reduce el estrés y mejora el ánimo.

    El potencial de la música como estímulo de comunicación —incluso antes de que los niños puedan hablar— y de expresión podría ser explorado desde antes del nacimiento y durante la crianza. La música puede estimular el lenguaje infantil, puesto que ayuda al diálogo cuando las destrezas lingüísticas aún no se han desarrollado por completo, a la vez que enriquece y expande el vocabulario. Pero también influye en el lenguaje corporal, manifestándose en gestos espontáneos y auténticos de cada niño y favoreciendo el desarrollo de los músculos al incitarlos al movimiento corporal y a ganar ritmo y equilibrio. Además, la música podría hacer más sociables a los niños, pues tiene un efecto de contagio que podría generar mejores y mayores interacciones tanto entre los niños como con los adultos a su alrededor.

    La musicoterapia, el uso de la música de manera controlada con propósitos clínicos, también se utiliza cada vez más para tratar distintas condiciones médicas desde la infancia, especialmente en niños con discapacidad, dificultades motoras y de lenguaje y en casos de trastornos neurológicos o emocionales. La Fundación El Triángulo, en Ecuador, lleva a cabo desde hace más de 25 años un proyecto que explota a través de las artes escénicas las habilidades de teatro, danza, música y arte en niños con discapacidades físicas e intelectuales. Esta iniciativa, que lucha por la igualdad de oportunidades y la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual, ha encontrado en la música una de sus herramientas más efectivas.

    La relación entre la música y el desarrollo cognitivo se ha comprobado en numerosos estudios: la música incentiva la creatividad y la imaginación infantil y contribuye a la capacidad de escucha, memoria, atención y abstracción, además de ayudar a los niños a resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos. De acuerdo con un conocido diario médico, los niños con acceso a educación musical tienen mejor memoria a corto plazo, más habilidades de planificación e inteligencia verbal, y, a la larga, resultados académicos más destacados.

    La música también podría repercutir positivamente sobre el desarrollo de los niños en condiciones de riesgo y vulnerabilidad. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) evaluó el impacto de un programa musical sobre el desarrollo de los niños en un contexto de pobreza y alta exposición a la violencia en Venezuela. Los resultados sugieren que al término de un año, los niños con oportunidades de acceder al programa musical tuvieron más autocontrol y menos problemas de conducta, efecto que se duplicó entre los del sexo masculino. La principal conclusión tuvo que ver con el efecto de la música en edad temprana: mientras menores fueran los niños, mayor la posibilidad de que la música tuviera un impacto positivo.

    Sin embargo, el potencial de las intervenciones musicales en la primera infancia, sobre todo en las zonas más pobres y vulnerables, no está suficientemente explorado. En muchos de estos lugares, la música puede no ser una opción, ya sea porque los padres no tienen acceso a instrumentos o dispositivos musicales o por carencia de tiempo o de conocimientos sobre sus posibilidades. Pero entender que los beneficios de invertir en los primeros años de la infancia son mucho mayores que en cualquier otra época de la vida debería impulsar la introducción de la música en los programas de desarrollo infantil y de educación temprana de una manera creativa y eficiente en términos económicos. Y como la música es un lenguaje universal que no conoce de edades, su efecto podría hacerse sentir no solo en los niños de cualquier parte del mundo, sino también en sus cuidadores y, a la larga, en la sociedad en general.

    Abuelos que pintan tebeos con sus nietos para alejarlos del teléfono y de la ‘tablet’

    La Universidad de Alicante ofrece un taller de cómic sobre salud para que los mayores con pequeños a su cargo desarrollen una actividad enriquecedora y divertida

    Abuelas y niños durante una clase en la Universidad de Alicante.

    Rafa Burgos, El País, 22/09/2018

    Andrés tiene siete años y tiene claro que va a dibujar alimentos. Ha venido con su abuela Sagrario a un taller de cómic para abuelos y nietos que servirá, también, para crear buenos hábitos alimenticios. Y aunque le están enseñando a crear un humano de dos dimensiones, Andrés venía con la idea de casa. Sus personajes tienen cabeza de fresa alegre o están tristes como un plátano. Sagrario está encantada. “Me gusta experimentar”, dice, “hacer cosas que no pude hacer mientras trabajaba”. Además, trata de cuidarse todo lo posible, y una manera de hacerlo es a través de la nutrición sana. Y más, si es con su nieto, “que tiene un cebo con la televisión, se pasa el día viéndola”. Así que, cuando lo cuida ella, lo saca “al parque, a jugar” o monta puzzles con él. Andrés es un trasto que no para de reír y hablar. Y dibuja bien.

    Andrés y Sagrario son una de las parejas que ha reunido un taller organizado por la Universidad de Alicante (UA) a través de sus aulas de Cómic y Salud. La idea nació de los cursos para mayores del aula de Salud. Sus responsables detectaron que “había personas que no podían acudir porque tenían que hacerse cargo de sus nietos”, cuenta Virginia Carrión, responsable de la iniciativa junto a Adela Alonso. Una actividad a la que se dedica más del 30% de los mayores españoles, que suelen pasar unas seis horas diarias con los pequeños de la familia, según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. De manera que se pusieron a buscar “un espacio que pudieran compartir, alejado de la presencia continua de las pantallas” y que les uniera “en igualdad de condiciones”. Y lo encontraron en un folio de papel. Y un buen surtido de lápices y gomas de borrar.

    La brecha intergeneracional es ahora más profunda que nunca en la historia. La tecnología ha convertido a abuelos y nietos en seres de planetas distintos, en especies diferentes. El predominio analógico o digital los convierte en pingüinos del polo y ñus de la sabana. Y además, la diferencia es casi irreconciliable. “Con este tipo de iniciativas”, asegura Rosa, que ha venido al taller con su nieta Alejandra, de siete años, “se estimula la creatividad y se crean hábitos positivos que ayudan a quitarles otros hábitos negativos”. Estos últimos tienen casi ficha policial: la tablet y el móvil. Los identifica Rosa, pero también el resto de abuelas presentes. Como María Dolores, que dibuja junto a Lucía, de nueve años, e Iris, de siete. “Me manejo bien con las nuevas tecnologías”, subraya, “pero en mi móvil no hay juegos para ellas y la tablet solo se utiliza para consultar cualquier duda”. Sus nietas pasan casi todo el día con ella. Y ha encontrado en la propuesta de la UA “una manera diferente de disfrutarlas”. A Lucía le gusta la idea; a Iris, no tanto. “Yo me paso el día dibujando”, relata la hermana mayor, “y ella da vueltas a la mesa quejándose todo el rato de que se aburre”. Iris asiente. Tiene el día atravesado. La abuela se parte de risa.

    A lo largo de cuatro sesiones, abuelas –no se ha presentado ningún abuelo- y nietos deberán “crear una tira cómica con dos personajes, en la que deberán colaborar y decidir el reparto de tareas”, explica Ulises P. López, dibujante y editor de cómic reclutado para impartir “nociones básicas” de cómo se dibuja en los tebeos. Los guiones serán suyos, los personajes serán los mismos para todos. Pero cada pareja o grupo deberá compartir el diseño. “Es importante que decidan juntos quién se encarga de los personajes y quién de los fondos, quién da color, quién redacta los bocadillos”. Como colofón al taller, “se editará un cómic con los trabajos realizados para concienciar sobre los buenos hábitos alimenticios” y también se montará una exposición de los originales.

    La decisión de que el hilo argumental de las viñetas sea la nutrición no es casual. “La mayoría de los nietos comen con los abuelos”, destaca Adela Alonso, quien además de coordinar el Aula de Salud de la UA, es adjunta de enfermería en el departamento de salud del Hospital de Alicante. Adoración participa en el taller porque quiere “aprender cosas que no se suelen tener en cuenta a la hora de comer”, porque, a su juicio, “ahora mismo, toca luchar para alimentarse bien”. Es decir, para encontrar “alimentos ecológicos, que encima son muy caros”. Junto a ella está Marina, su nieta, la mayor de todos los presentes, con once años. Le encanta “dibujar, hacer deporte y la música”. De hecho, quiere dedicarse al clarinete de manera profesional. Asegura que no le gusta mucho la tecnología. A su abuela, aún menos. “Me paso días sin descolgar el teléfono”, asevera. “Estamos muy contentas de haber venido, si el curso fuera de Informática, no estaríamos aquí”.

    Los asistentes durante el aula de cómic y salud.

    Otra de las intenciones del curso, según Carrión, es “poner en valor el papel educativo de los abuelos y demostrar que tienen un bagaje que compartir”. Como Amparo, que es ceramista y ha venido con Gabriel, de nueve años. Pero cada persona es un mundo. Y cada uno encuentra sus razones. Mari recibe la visita de su nieto Víctor, de siete años, “ocasionalmente”. Así que hace todo lo posible por “hacer cosas juntos” en cuanto surge la oportunidad. María Elisa, acompañada por Daniel y Hugo, de ocho y nueve años, respectivamente, asegura que sus nietos le “enseñan muchas cosas” y le aportan “otra cultura”. Y Maxi es viuda, vive sola y le gustaría que hubiese “más unión, que todos disfrutáramos más de las familias”. Además, quiere que a David, su nieto de siete años, le quede “un buen recuerdo de su abuela”. Parece que lo tendrá fácil. “Me encanta pasar tiempo con ella y me gusta comer con ella”, señala David. Es de los que habla sin que se les pregunte. “El agua hace chof”, grita de repente, cuando el profesor les pregunta por una onomatopeya. Tampoco deja de sonreír. Tampoco es mal dibujante.

    ¿Por qué mi hijo llora cuando nos vamos? Cómo evitar la ansiedad por separación

    ¿Por qué mi hijo llora cuando nos vamos? Cómo evitar la ansiedad por separación

    Sapos y Princesas, El Mundo, 21/09/2018

    Muchos son los miedos evolutivos que podemos encontrarnos en los niños. Esos miedos pasajeros que con el tiempo remitirán, pero que comienzan a ser un problema cuando estos continúan a lo largo del tiempo y cada vez se presentan con mayor intensidad provocando un malestar en el día a día.

    Uno de los principales miedos que podemos encontrarnos es la ansiedad por separación de las figuras de apego. Es una etapa normal de desarrollo que los niños se sientan ansiosos ante situaciones como los primeros días de cole, cuando se quedan al cuidado de un familiar, o cuando se van de viaje o acampada.

    Es importante tener en cuenta que la ‘permanencia del objeto’ en niños comienza a desarrollarse de forma gradual y alcanza su punto álgido entre los 16 y 24 meses aproximadamente. Es decir, hasta entonces no entienden que los objetos o personas existen aunque no puedan verlos. Es en este momento cuando la ansiedad por separación aparece.

    La sobreprotección puede ser una variable de vulnerabilidad a la hora de desarrollar una ansiedad por separación.

    Probablemente cuando vuestro hijo era un bebé se quedaba en la guardería sin llorar de forma desconsolada. Ahora en cambio, el momento de llevarle a la guardería o al cole puede convertirse en una situación de estrés tanto para el niño como para el progenitor. Esto no significa que hayamos retrocedido en la educación o desarrollo de nuestro hijo, sino que el niño ahora entiende que sus padres, cuando se van, no desaparecen, regresarán en algún momento que él desconoce, generándole una gran incertidumbre y angustia.

    Cuando este comportamiento se afianza, nos encontramos con un trastorno de ansiedad por separación. Este miedo deja de ser de tipo evolutivo y entra en juego el vínculo afectivo y por tanto el tipo de apego que los progenitores hayan establecido con el niño.

    ¿Cómo afecta el tipo de apego en la ansiedad de separación?

    La sobreprotección puede ser una variable de vulnerabilidad a la hora de desarrollar una ansiedad por separación. Los padres también crean dependencia sobres sus hijos y son ellos los que lo pasan mal ante la separación y se lo hacen saber al niño. Si ve que sus padres lloran o se ponen tristes cada vez que se separan, lo interpretará como algo negativo, apareciendo cierto malestar.

    El que sus padres se vayan puede ser una amenaza para el niño. Necesita que sus figuras de referencia le salven de aquello que teme.

    Ante la ansiedad por separación, el apego de tipo inseguro juega un gran papel. Son niños que necesitan del contacto y proximidad constante con las figuras de referencia. En este tipo de apegos no hay una base de seguridad para el niño.

    En el caso del apego de tipo evitativo, no hay conexión emocional de los progenitores con el niño ni, por tanto, con sus necesidades. En cambio, en el apego de tipo inseguro ambivalente, las emociones y necesidades del niño se atienden de manera intermitente por lo que el niño no puede predecir las conductas de sus padres, generando cierta inseguridad.

    El que sus padres se vayan puede ser una amenaza para el niño. Necesita que sus figuras de referencia le salven de aquello que teme. Este temor, además, afecta a sus actividades y a su vida diaria, por ejemplo, no queriendo ir a cumpleaños, a casas de sus amigos o a la escuela. Estos síntomas de ansiedad pueden incluso llegar a somatizarse en forma de dolores de cabeza y de tripa.

    Este temor a la separación también puede aparecer por experiencias tempranasvividas por el niño, como una hospitalización propia o de un familiar, la separación de los padres o el fallecimiento de una persona cercana, entre otras.

    Pero es importante tener en cuenta, que si el niño llora cuando sus figuras de referencia se van, no es nada extraño. Al revés, es sano. Además, ante un apego seguro, el niño aprenderá que sus padres siempre vuelven.

    ¿Cómo podemos actuar ante la ansiedad de separación en nuestros hijos?

    • En primer lugar es importante evitar el uso de amenazas del tipo: “Te voy a mandar a un internado como sigas comportándote de este modo” o “Estoy cansado, a este paso hago las maletas y me voy”. Este tipo de frases suelen decirse en discusiones o en ocasiones como una broma. Son amenazas que no se van a cumplir pero que generan inseguridad y desconcierto en el niño. Este temor llevará a querer controlar la situación y pensar que si él está en casa nada de esto pasará.
    • Un poco de preocupación en el niño ante la separación de sus padres es normal. Como adultos es importante que entendamos por qué nuestro hijo se siente así y ser pacientes con ellos. En estos momentos decirles “Deja de llorar, la que estás montando por esta tontería, si solo va a ser un ratito lo que estaremos fuera”, no ayudará al niño. Es importante validar sus emociones y cómo se siente.
    • Anticipar con tiempo si nos vamos de viaje el fin de semana o si el viernes saldremos a cenar con unos amigos y tendrán que quedarse con los abuelos.
    • Despedirnos siempre de ellos cuando vayamos a irnos. Hay familias que en ocasiones se van a escondidas y sin decir nada al niño para que este no patalee. De esta manera, cuando el niño se dé cuenta, tendrá la pataleta que en primer momento evitamos que se diese e incluso podrá tener otra aún mayor. Además, desconfiará de nosotros y la inseguridad que presenta aumentará y corroborará la idea de que sus padres se van a ir y le van a dejar.
    • La separación con las figuras de apego es sana. En niños con angustia de separación se hará de manera progresiva y en un primer momento con la misma persona, después iremos ampliando.
    • Es importante regresar cuando le hemos dicho a nuestro hijo que lo haremos. También es importante explicarle que los imprevistos existen y que a veces podemos retrasarnos porque había un atasco o hemos tenido que salir más tarde del trabajo.
    • Utilizaremos explicaciones entendibles para el niño. Es decir, en lugar de hablarle en términos más abstractos como por ejemplo, “Volveré a las 17:00 horas”, le diremos “Volveré después de que hayas merendado”.
    • Llevar a cabo una rutina, es decir, que las conductas de sus figuras de apego puedan comenzar a ser predecibles para él. Así disminuirá su angustia o ansiedad o aumentará la confianza.
    • Es importante trabajar conjuntamente en las relaciones de apego construidas con los niños. Estas serán la base de un futuro adulto emocionalmente sano.

    Niños que tartamudean: ¿qué es lo típico y qué no lo es?

    La tartamudez es un trastorno de la comunicación (no del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla acompañadas de tensión muscular en cara y cuello

    Una sesión de logopedia infantil.

    Ana Camarero, M&P, El País, 17/09/2018

    A veces, tardaba en finalizar la frase. A lo largo de su explicación, casi siempre, se topaba con una sílaba que repetía varias veces de manera insistente, prolongando su sonido. Esta circunstancia solía ser motivo de burla por parte de algunos de los compañeros de clase, un hecho que afectaba a su estado de ánimo y a su autoestima. Sí, mi amigo tartamudeaba.

    En España existen más de 467.000 personas que tartamudean, según datos ofrecidos por la Fundación Española de la Tartamudez, lo que supone el 2% en adultos y el 5% en niños en el conjunto de la población. Se trata de un trastorno de la comunicación (no del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla acompañadas de tensión muscular en cara y cuello. Los expertos consultados afirman que no se conocen bien los mecanismos por los que se desarrolla la tartamudez, pero en el 20% de los casos se ha encontrado relación con una alteración genética aunque, tal y como dicen, probablemente este porcentaje sea mayor, “cuando seamos capaces de reconocer otros genes asociados a este trastorno”.

    La tartamudez o disfluencia normal en el habla suele ocurrir entre el año y medio y los cinco años de edad y suele ser transitoria y recurrente, incluso puede desaparecer durante semanas; mientras que las disfluencias atípicas son más frecuentes y están más tiempo presentes que ausentes. En las atípicas es característico que el tono de la voz aumente con las repeticiones, y en ocasiones se asocien a un bloqueo, tanto aéreo como de la voz, durante varios segundos. Juan Carlos Portilla, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), apunta que diferenciar las disfluencias normales y las atípicas “no siempre es sencillo, y a veces precisa de personal especializado”, aunque señala que “existen algunas características del habla que nos permiten diferenciar o establecer una situación de mayor riesgo para la tartamudez. En las disfluencias normales, los niños repiten las sílabas o las palabras una o dos veces, mientras que en las atípicas, el número de repeticiones es mayor (normalmente más de tres). Además, es evidente la tensión en la musculatura facial, especialmente alrededor de la boca”.

    En las disfluencias normales, los niños repiten las sílabas o las palabras una o dos veces, mientras que en las atípicas, el número de repeticiones es mayor (normalmente más de tres).

    En un estudio, publicado en 2010 en el New England Journal of Medicine,desarrollado por investigadores del Instituto Norteamericano de Sordera y otros Trastornos de la Comunicación (NIDCD, por sus siglas en inglés) con voluntarios de Pakistán, EEUU e Inglaterra, se identificaron tres genes como origen de la tartamudez. Juan Carlos Portilla revela que “actualmente, son cuatro los genes en los que se han encontrado asociación a la tartamudez; los genes GNPTG, GNPTAB, NAGPA y, más recientemente, el AP4E1”. El vocal de la Sociedad Española de Neurología comenta que “estudios realizados en población de personas afectadas por tartamudez encuentran que estas alteraciones genéticas explicarían como máximo el 20% de los casos”. “Las personas que presentan mutación en estos genes no presentan otros trastornos neurológicos asociados, por lo que se teoriza que el resultado de la mutación en alguno de estos genes provocaría una afectación a un grupo muy especializado de neuronas. Reconocer este grupo de neuronas permitiría avanzar en el conocimiento de la neuropatología de este trastorno, permitiendo la investigación en futuras terapias”, prosigue.

    Juan Carlos Portilla afirma que el actual trabajo que se lleva a cabo en modelos animales (con ratones) en los que se replican las alteraciones genéticas que en humanos se asocian a la tartamudez, “tiene el potencial de encontrar nuevas mutaciones en otros genes, que puedan estar asociados a la tartamudez y que hasta ahora no se han descrito. Esto condicionará un mayor conocimiento de la neuropatología y fisiopatología de la tartamudez”.

    Los expertos también inciden en el papel que el entorno familiar tiene para ayudar al niño que tartamudea a que se desarrolle sin estrés

    ¿Qué protocolo deben poner en práctica los padres para que se valore si su hijo tartamudea? El Consejo General del Colegio de Logopedas establece que es necesario acudir a un logopeda con formación específica en tartamudez para que valore en su conjunto las circunstancias que rodean al niño, su familia, el inicio de las disfluencias, etc., así como realizar un pequeño seguimiento y valoración de su habla.

    Desde el Consejo General de Colegio de Logopedas se hace un llamamiento sobre el desconocimiento que existe actualmente por parte de los profesionales de la sanidad, concretamente, de los pediatras, sobre este tema. “El pediatra es el primer profesional al que recurren los padres y, en muchas ocasiones, los padres se encuentran con respuestas del tipo: ya se le pasará o es muy pequeño, y no los derivan al logopeda, que son los profesionales que entienden la importancia de “no esperar”, sobre todo en el caso de los niños pequeños entre 2 y 6 años”. Además, desde el Consejo se manifiesta que “el 80% de los niños con tartamudez no pudo acceder al logopeda por la Seguridad Social, porque el pediatra no consideró prioritario derivarlos, dando por hecho que lo superarían con la edad”. Asimismo, el Consejo hace especial hincapié en que, “aunque la tartamudez afecta al habla, tiene otras consecuencias para la persona, pues tiene implicaciones en sus pensamientos y emociones: miedo, vergüenza, culpabilidad, etc. Por eso, la atención temprana también será fundamental para prevenir y mejorar estos aspectos”.

    Una vez que se ha confirmado la tartamudez del niño, Juan Carlos Portilla declara que la terapia se basa fundamentalmente en el trabajo que realizan los terapeutas especializados en el lenguaje y el habla. “Los objetivos del tratamiento, que deberán ser individualizados, son los mismos para los niños que para los adultos, aunque para los primeros el tratamiento también debe incluir la prevención del desarrollo de una tartamudez que pueda llegar a ser un problema en la edad adulta, por lo que será mejor cuanto antes se detecte y actúe sobre el problema”, reitera Portilla.

    Asimismo, los expertos también inciden en el papel que el entorno familiar tiene para ayudar al niño que tartamudea a que se desarrolle sin estrés, proporcionándole un ambiente tranquilo que permita al niño hablar. Es necesario, en su opinión, escuchar atentamente lo que dice el niño, esperando que termine completamente las frases, evitando interrupciones constantes; hablar con él de manera relajada, sin intentar completar las palabras que al niño le cuesta pronunciar.

    Una buena gestión de la tartamudez con la ayuda de un logopeda puede conseguir, según el Consejo General de Colegios de Logopedas, que el impacto de dichas disfluencias sea el menor posible en el flujo del habla y que el impacto en su comunicación, autoestima y en su vida diaria se reduzca, de manera que sea tratada con normalidad y aceptación.

     

    Niños complacientes: no es oro todo lo que reluce

    Un entorno demasiado exigente, la baja autoestima y el miedo al rechazo social, causas para que un niño sobrepase los límites sanos de la complacencia

    Una niña ayuda a su padre con la colada.

    Carolina Pinedo, De M & P. El País, 15/09/2018

    La idea del hijo perfecto resulta una utopía que puede crear más de una frustración. Ese anhelo puede ser el caldo de cultivo para crear un niño demasiado complaciente o “centrado en las demandas externas y desconectado de sus propios deseos y necesidades, porque está volcado en cumplir lo que se espera de él y tiene dificultades para decir no”, explica Tristana Suárez, psicóloga clínica e infantil y terapeuta Gestalt.

    Un niño complaciente puede dar la primera impresión de ser tratable y educado, pero tras el telón, la realidad es distinta porque “antepone a los demás a sí mismo y por lo tanto reprime gran parte de sus emociones, sobre todo las negativas o que provocan rechazo social, como la rabia, la angustia o la tristeza” aclara Tristana Suárez.

    Otros rasgos que definen el perfil de un niño complaciente son que “suelen ser tímidos, y prefieren rehuir los conflictos a afrontarlos con valentía. Por otro lado, hay que tener en cuenta que muchos de estos niños mantienen su actitud de excesiva complacencia debido a la inyección de apoyo de esa actitud que les aportamos los adultos al decirles que son muy buenos y obedientes”, comenta Iván Carabaño, médico adjunto del servicio de pediatría en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

    Pero, ¿cuál es la diferencia entre una complacencia infantil sana y otra que esconde cuestiones psicológicas que crean en el niño frustración e infelicidad? “Los niños amables alternan el comportamiento complaciente con la expresión de sus gustos y preferencias. Se diferencia de una actitud pasiva, con la que dejan que los demás elijan y opinen por ellos”, aclara Carabaño.

    Caldo de cultivo para los niños complacientes

    El ambiente en el que se desenvuelve un niño condiciona el hecho de que se convierta en una persona demasiado complaciente, como en el caso de “los entornos muy exigentes o las familias en las que los adultos están sobrepasados por sus circunstancias vitales y no gestionan de manera equilibrada sus responsabilidades. También es frecuente que, ante el sufrimiento de los padres, los niños complacientes adopten una conducta protectora hacia ellos, como si se dijeran, yo no voy a darte más problemas de los que ya tienes” explica la psicóloga Tristana Suárez.

    Otros factores que influyen para que un niño sea demasiado complaciente son:

    La baja autoestima. El niño/a intenta agradar y recibir elogios con su conducta para compensar sus sentimientos de resultar inadecuado.

    La intolerancia a la frustración y las críticas. Por ello no soportan los fallos que pongan en entredicho su baja autoestima frente a terceros.

    El exceso de exigencia por temor a decepcionar a unos padres que depositan demasiadas expectativas en sus hijos.

    El miedo al rechazo social también favorece la aparición de comportamientos demasiado complacientes en los hijos, como en el caso de niños que han sufrido acoso o exclusión, son muy tímidos, temen los conflictos y se adaptan al medio social hasta convertirse en invisibles, a costa de hacer todo lo que se les pide para ser aceptados.

    Los proyectos frustrados de los padres suelen estar detrás de un niño que trata de complacer, a costa de negarse a sí mismo. Como en el caso de aprender a tocar un instrumento que no le motiva o cursar estudios inacabados de los progenitores.

    Padres que cargan a sus hijos con sus inseguridades para compensar sus propios sentimientos de inferioridad. Educan a sus hijos para alimentar su orgullo y así anulan la personalidad real de los niños.

    Una vez que se detecta que el niño es demasiado complaciente porque detrás hay cuestiones psicológicas por resolver, ¿qué pueden hacer los padres para ayudar a su hijo a superar la situación? El pediatra Iván Carabaño aconseja:

    • Animar a los hijos a que expresen sin miedo sus preferencias y que las defiendan con respeto y sentido común.
    • Evitar tachar de desobedientes a los hijos por expresar una opinión diferente de la de los padres.
    • Motivar a los niños para que sean comunicativos con su mundo interior.Evitar el mutismo y el autoritarismo excesivo.
    • Plantear la vida en familia como una democracia, donde los hijos tengan derecho a expresarse.